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GRAMÁTICA

DE LA

LENGUA CASTELLANA

SEGÚN AHORA SE HABLA.

(Algunos) piensan que hablar romance es nablar como se habla en el vulgo, y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio de particular juicio, ansí en lo que se dice como en la manera como se dice.

León, Nombres de Cristo, lib. III.

/tru Typ. PiLLST 615 wné, ^ roe d«9 Grioij

S.Gr

GRAMÁTICA

LENGUA CASTELLANA

SEGÚN AHORA SE HABLA

ORDENADA POR

DON VICENTE SALVA ~^

Obra propuest'a varias vezes para la enseñanza por la Dirección general de instrucción pública de Madrid, asignada como libro de testo en el Tiltimo plan de estudios y adoptada en los colegios y universidades de España.

NOVENA EDICIÓN

CON TODAS LAS MEJORAS DE LAS ANTORIORES

parís

LIBRERÍA DE GARNIER HERMANOS

SUCESORES DE D. V. SALTA CALLE DES S AINTS-PÉRES, N" 6

Serán reputados como contrahechos los ejemplares que no tengan varias contraseñas particulares, ni lleven la siguiente firma del autor, único propietario de esta obra.

Entre los libros con que la prensa enriquece diariamen- te a la república de las letras , se cuenta un crecido núme- ro de Gramáticas de los principales idiomas europeos para el uso de las personas que los hablan ; aunque pocas á jui- cio de los inteligentes están desempeñadas bajo un plan sen- cillo y metódico. No puede gloriarse España de semejante abundancia, pues si bien compite con las naciones mas ci- vilizadas en buenos historiadores y poetas , siendo superior a cada una de ellas en escritores ascéticos, y mas rica que todas juntas en escelentes (*) comedias; apenas puede pre- sentar unos cuantos filólogos que se hayan dedicado á se- ñalar el rumbo que conviene seguir, para evitar el desali- ño é incorrección del habla común , los errores de una gran parte de los libros que andan impresos , y los casuales des- cuidos aun de los pocos que merecen ser propuestos por modelos de lenguaje y de estilo.

El primero, que yo sepa . haber publicado una Gramá- tica sobre la lengua castellana bajo el título y forma de tal , fué el distinguido restaurador de las buenas letras, An- tonio de Lebrija. Yo quine echar la primera piedra , dice dedicando la obra á la reina Dona Isabel , é hacer en nues- tra lengua lo que Zeno doto en la griega é Grates en la latina , los cuales , aunque fueron vencidos de los qui después dellos escribieron , á lo menos fué aquella su

* Puede verse mi opinión sobre nuestro teatro antiguo en la nota A al

fin (le psiñ vfíiúnien.

a

VI

gloria^ é será nuestra que fuimos los primeros invento- res de obra tan necesaria. Nadie puede en efecto disputar- le este timbre, ni el de haber aplicado con acierto á la len- gua española el método que pocos aíios antes Labia adopta- do en sus Introducciones para la enseñanza de la latina. Pero la lengua castellana no habia llegado entonces á tal grado de perfección , que debiera temerse mas bien su de- cadencia que esperarse su mejora , como aseguraba Lebri- ja ; y cuando así no fuese , y tuviéramos que estudiar el castellano de aquel siglo , nunca deberíamos hacerlo por unos elementos de 61 hojas en cuarto, diez y nueve de las cuales se emplean íntegras en tratar de la invención de las letras, de su oficio, orden y modo de pronunciarlas, y de las figuras de dicción. La misma división de las partes de la oración en diez , no obstante que incluye a la interjec- ción en el adverbio , hace confuso lo que pudiera mirarse como útil en la tentativa de este célebre gramático.

Siguióle Francisco de Támara, de quien se imprimió en Arabcres el año de 1550 una Suma y erudición de gra- mática en verso castellano. No de ella otra cosa sino lo que dice Don Juan de Iriarte en el prólogo de su Gramá- tica latina, á saber, que consta de 55 hojas en octavo, que comprenden 1 68 estancias de verso de arte mayor , unas con^puestas de ocho versos y otras de diez , fuera de tres décimas , formadas de dos quintillas cada una en me- tro de ocho sílabas ; y que en ellas se trata de todas las par- les de la gramática y sus atributos , y aun del Arte métri- ca. Fácil es conocer que hubiera servido de poco para mi propósito poderla consultar, en razón del tiempo en que salió á luz, de lo mui compendiada que debe de ser, y por la circunstancia de estar en verso , la cual si puede contri- buir para que se fijen mejor en la memoria los preceptos , embaraza siempre para darlos con estension y claridad.

Tampoco he visto la que el año de 1558 publicó el li-

vil

cenciado Villalon en Ambéres con el título de Alie breve y compendiosa para saber hablar y escribir en la lengua castellana congrua y decentemente. Mayans (pág. \Q\ del Specitnen bibliothecce hispano-majansianai) conside- ra este libro digno de algún aprecio, y lo reputa por el pri- mero que se escribió de gramática castellana ; porque los preceptos de la de Lebrija, dice él, son casi todos comu- nes á nuestra lengua y á la latina, y no peculiares de aquella, como deberia ser.

Se han ocultado también á mis diligencias las Observa- ciones sobre la lengua castellana de Juan de Miranda , impresas en Venecia el ano de 1567, que menciona Meólas Antonio, y la Gramática castellana del maestro Pedro Si- món Abril. No es menester que sea la mejor obra de este apreciahic humanista , para que lleve grandes ventajas á la Nueva y sutil invención del licenciado Pedro de Guevara, no obstante que nos asegura este en la misma portada, que con eWafacilísimamente y en mui breve tiempo se apren- derá todo el artificio y estilo de las Gramáticas , que has- ta agora se han compuesto y se compusieren de aquí ade- lante.

No queda el lector mui instruido con las brevísimas Ins- tituciones de la gramática española , que el maestro Bar- tolomé Jiménez Patón publicó en -1614 , é incorporó des- pués el año de -1621 en su Mercurius trimegistus , pues nada hai realmente en ellas , que variados los ejemplos no viniera bien á otras lenguas. Toda la Sintaxis está reducida á cuatro reglas generales sobre la concordancia.

Ni fué mucho mas estenso Gonzalo Correas, cuyo Tri- lingüe, impreso el año de 1627, comprende en un volu- men en octavo la gramática de las lenguas castellana , lati- na y griega. En este, aunque no tanto como en ISiOrtogra' fía, se manifestó Correas amigo de novedades , útiles algu- nas, inoportunas las mas, y caprichosas otras. Cuento ent

VIH

las primeras haber reducido a tres las partes de la oración.

Palón y Corroas florecieron en una era tan brillante pa- ra nuestra lengua, que no es de estrañar creyesen superfluo comprender en reglas lo que todos practicaban con tanto acierto, y se contenlaseu con una especie de nomenclatura de las varias clases de nombres, verbos y las demás partes del discurso. No previeron que sus contemporáneos iusplra- rian tal respeto y tal veneración, por decirlo así, a los ve- nideros, que apenas se atreverían á abandonar sus huellas, en cuanto se lo permitiese el uso común ; y que las oleras de algunos harían estudiar en todas las edades la lengua es- pañola de aquella época, al modo que aprendemos la grie- ga, para entender en sus originales á Homero, Píndaro, Eurípides, Dcmóslenes y Tucídides; y la latina, para poicr leerá Virgilio, Horacio, Cicerón, Tito Livlo y Tácito. ¡ Ra- ra prerogaliva de los autores eminentes, que logran inmor- talizar con sus obras la lengua en que han escrito !

Faltábales ademas á Patón y á Correas el uno y delicado gusto que se ha introducido en la gramática, no menos qne en los domas ramos de las letras humanas, desde que el mayor esmero con que se cultivan la ideología y la metafí- sica, ha facilitado el análisis de los principios gramátieos. Mas en honor de la verdad, y para gloria de aquel siglo y de nuestra nación, debe decirse, que quizá no descollarían tanto los nombres de Locke, Brosses, Condillac, Dumar- sais, Beauzée, Horne Tooke, Destutt-Tracy y Degerando, si no les hubiesen servido de antorcha las profundas investi- gaciones de los solitarios de Puerto-Real ; ni estos hubieran dado á luz su Lógica, su Gramática general y los ISue- j vos métodos, griego, latino y castellano, á no haber bebido \ los fundamentos de sn doctrina en la inmortal Minerva del Brócense. Celébrense en hora buena los notables ade- i lautos de los ideólogos modernos, pero tributemos el justo loor á nuestro compatriota Francisco Sánchez; y si los es-

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tranjeros , poco imparciales , se obcecasen en alabar solo á sus escritores, digámosles con Iriarte:

Presumís en vano De esas composiciones peregrinas : ¡ Gracias al que nos trajo las gallinas !

El Espejo general de la gramática en diálogos para saber la natural y perfecta pronunciación de la lengua castellana, de Ambrosio de Salazar, impreso en Rúan la vez primera el ano de H 6 1 4 , y después en \ 622 y \ 672 , eslá puesto en diálogos para enseñar prácticamente por ellos, mas bien que por reglas, á bablar el español. Como destinado á los franceses, lleva la correspondiente traduc- ción en otra coluna , para facilitarles la inteligencia del tes- to. Con igual objeto y bajo el mismo plan están escritos los Secretos de la gramática española , ó abreviación de ella, que publicó también en Rúan el año de 1640, en los que nada se halla que deba llamar la atención de las perso- nas estudiosas de nuestra lengua.

No debemos estrañar que en la mitad última del siglo XVII y en la primera del siguiente se imprimiesen pocas Gramáticas españolas , de modo que apenas merezca men- cionarse otra que la publicada en verso por Marcos Már- quez el año de ^7^6. Es fortuna que no las escribiesen au- tores que hubieran apoyado los preceptos con ejemplos vi- ciosos y de mal gusto. Pero desterrado este con los esfuer- zos que empezaban á hacer algunos literatos reunidos á la sombra de la Academia española , ó sostenidos por su res- petable autoridad, pronto se advirtió la falta que habia de una Gramática de nuestra lengua. La que publicó en ^745, y reimprimió después con varias enmiendas y adiciones en ^769 Don Benito Martínez Gómez Gayoso, es realmente la primera digna de tal nombre. Su autor da ya muestras de conocer, que no basta esplicar aisladamente todas las par- tes de que se compone una lengua, si no se señalan sus mo-

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dismos mas usuales : aunque ni en lo uno ni en lo otro guardó el método mas acertado , ni dio á estos el lugar que reclaman de justicia.

Mn el mismo aíio I7G9 salió á luz el Arte del romance caslellano por el P. Benito de san Pedro; y si bien el libro primero de las Épocas de nuestro romance no pertenece rigurosamente á una Gramática, ni los otros están desem- peñados cual era de desear, no es tan inferior á la de Ga- yoso, como se pretende en el volumen intitulado, Conver- saciones criticas recogidas por el Lie. don Antonio Go- bétjos, anagrama imperfecto de D. Benito Gayoso.

La de la real Academia española, publicada Ja primera vez en el año de Á'IÁ , atendió con bastante particularidad á los idiotismos, esplicados raui de propósito en la lista de las preposiciones que rigen ciertos nombres y verbos, y por incidencia en otros varios lugares. Esta parte de aquella Gramática, la esplicacion de algunos tiempos y de la ar- monía que guarda el verbo determinante con el determina- do, y varias otras observaciones, no menos juiciosas que delicadas, manifleslan que se conDó desde luego su redac- ción á sugetos hábiles , y que también lo han sido los que han cuidado sucesivamente de todas las edicioiwís hasta la cuarta. Mas los sabios que han pertenecido en los sesenta años últimos á aquel cuerpo, distraídos por tareas mas gra- tas y de mayor gloria, ó fallos de constancia para reducir á reglas jos principios de lenguaje que tan bien han sabido observar en la práctica , no han llenado basta hoi los mu- chos vacíos de su Gramática , ni han encerrado en la Sin- taxis todo lo que á ella pertenece , y se halla ahora esparcid do por el libro desde la página duodécima. La misma Aca- demia ha manifestado, con los deseos de mejorarla, la im- posibilidad en que se ha visto de hacerlo, dejando en la edición que reprodujo hacia el -1821 , la fecha de -1796 que llevaba la cuarta.

XI

Poco antes de publicarse esta, y después de haber recti- Ocado su trabajo la Academia en la segunda y tercera edi- ción, sacó á luz en H79Í don Juan Antonio González de Valdes una Gramática de la lengua latina y castellana en tres cuadernos abultados en octavo marquilla. Á pesar de lo que el autor dice en el prólogo , y de que en varios pa- sajes manifiesta no carecer de cierta instrucción y de la lec- tura de nuestros clásicos, juzgo mui difícil que nadie apren- da el latin por su libro , y mucho menos el castellano , de que solo se encuentra una que otra especie acá y allá , sin orden, sin discernimiento y sin gusto. Tal vez corregida al- gunos de estos defectos en la segunda edición que dio en 4 798, la cual he visto citada con el título de Gramática greco-latina y castellana.

No recordaré los varios epítomes de la gramática caste- llana que se han impreso después del -1800, porque todo su mérito consiste en haber compendiado, mas ó menos bien. la de la Academia. Sin embargo no debe pasarse en silencio á D. Juan Manuel Calleja , ya que procuró en sus Elemen- tos de gramática castellana , publicados en Bilbao el año de -184 8, aplicar á nuestra lengua los principios de Destutt- Tracy y de Sicard , abandonando la rutina de los que le ha- bían precedido. Arreglado igualmente al sistema ideológi- co, aunque con conocimientos mui superficiales de él . aca- ba de publicar el Br, D. A. M. de Noboa en el año próximo pasado una Nueva gramática de la lengua castellana se- gún los principios de la filosofía gramatical. Tendré mas de una vez ocasión de hablar en este prólogo acerca de sus equivocaciones , bastándome ahora observar que por haber- se querido singularizar sobrado , tanto Calleja como Noboa, los jóvenes, particularmente los que hayan estudiado ya por otra Gramática , hallarán alguna oscuridad en las de estos autores , los cuales no han tenido la cautela de introducir poco á poco novedades , que serán un escollo para los lee-

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tores, hasta que nos liallcmos lan familiarizados con el nue- vo lenguaje raelafísico , como lo cslaraos con la nomencla- tura , divisiones y subdivisiones de los gramáticos antiguos. Se notará acaso que yo he pecado por el estremo contrario, cuidando demasiado de emplear un lenguaje nmi conocido, y que recurro para ello á largos rodeos y á frecuentes repe- ticiones, de modo que son mu¡ contadas las vezes que he empleado las frases de comiüemento directo é indirecto , y aun esto después de esplicada su significación. Espondré aquí algunas.de las consideraciones que motivan mi timi- dez, que no pocos caliGcarán de nimia.

INada parece á algunos mas sencillo, que hacer de un golpe todas las mejoras imaginables en la gramática, y es- cribirla de una manera enteramente ÍJlosóQca. Así debiera ser sin dispula , si mientras el sabio examina en pocas ho- ras los diversos sistemas de una ciencia, y aun crea nuevas hipótesis, no costase muchos años á la mayor parte de los hombres el adelantar un solo paso. El análisis del lenguaje, de que tantas ventajas reporta la metafísica, puede mui bien ser perjudicial, aplicado á los elementos para ensenar la gramática de una lengua. ¿Qué inconveniente presenta á primera vista , que sentado el principio de un significado único para cada voz , miremos á la dicción que solo como un relativo, aun cuando parece hacer las vezes de conjun- ción? Las frases. Manda que no salgas; Ordenó que ata- casen, son en realidad el compendio de estas otras. No salgas, es la cosa que manda; Ataquen, es la cosa que ordenó. Si un principiante infiriese de estos ejemplos, co- mo püdia mui bien suceder, que le era permitido decir. Ordenó que ataquen, al modo que se dice, Manda que no salgas, habría perdido mucho en creer que puede em- plear un tiempo que el uso repugna, al paso que ningún mal resulta de que denomine al que, ya relativo, ya con- junción, según los diversos oficios que desempeña. Ko pue-

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de ponerse en duda la utilidad de hacer conocer insensible- mente los fundamentos y el origen de ciertas locuciones ; pero sea esto valiéndonos de términos que no embrollen ni oscurezcan las materias que nos proponemos aclarar. Los que pretenden que los jóvenes pueden recibir toda doctrina, de cualquier modo y en cualquiera dosis que se les sumi- nistre , se olvidan de las muchas vigilias que les ha costado desenmarañar y poner en claro la de los autores que han leido. Y ciertamente los hombres, que siendo maestros en la facultad y estando acostumbrados á desentrañar sus prin- cipios, empican largos ratos de meditación para penetrar los sistemas de los otros, no debieran figurarse que el suyo, por nuevo que sea, logrará la prerogativa de ser compren- dido con facilidad por cualquiera principiante. Cuando Fran- cisco Sánchez, al notar de bárbaras las locuciones, Dico quod, credo quod, sciendum est guod, observó que el guod, reputado conjunción en varios pasajes de los clásicos latinos, era la terminación neutra del qui guce quod, y que faltaba algo por la elipsis; anunció una idea que todos pudieron entender. Mas si hubiese añadido, que zii tam- poco era conjunción, que se escribía nti antiguamente, y que no era otra cosa que el Sti terminación neutra del rela- tivo griego, según lo esplica Horne Tooke; pocos le hubie- ran comprendido , ni seria dado adivinar las ventajas que puede sacar de tal esplicacion el que empieza á aprender la lengua latina.

Con igual paridad, después de saber el que se propone estudiar el español , que las partículas indeclinables han si- do primitivamente otros tantos nombres con signiflcacion determinada ; después de haber investigado que los adjeti- vos no son nombres sino verbos, ó por el contrario, que el verbo es un verdadero nombre, de cuya composición con otros han resultado las terminaciones de la conjugación; después de hallarse , en una palabra, rodeado de confusión

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por chocar estas nuevas nociones con las que ha oido desde su infancia y no le será fácil olvidar; ¿habrá adelantado mucho para conocer el uso de los tiempos, ni el empleo oportuno de todas las parles del discurso , esto es, para ha- blar bien y propiamente la lengua castellana? ¿Le facilitará al menos el camino para conseguirlo, poseer los conoci- mientos de todos los ideólogos que han existido, y aun mayores, si se quiere? ¿'So habrá algunos de los que mira- mos como modelos de lenguaje, que jamas hayan saludado la moderna metafísica? ¿Se conocía, cuaudo brillaron los célebres escritores, sin cuyo estudio siempre quedarla man- co é imperfecto el que se hiciera de nuestra lengua? No vacilaré en aCrmar que la lectura de una página de Iríarte, Clavijo, Moratin ó Jovellános, ó la de un solo capítulo de este ensayo mío, cuyas imperfecciones reconozco, servirán infinitamente mas para saber en qué consiste la buena locu- ción castellana, que la sublime doctrina contenida en los muchos volúmenes de ideología y de gramática general, que de un siglo acá se han publicado.

Tratemos siempre las artes y las ciencias de un modo que las haga útiles al linaje humano, no tomando la puntería sobrado alta , porque como dice el cómico latino,

id arhitror Apprimé in vilá esse ulile, ut ne quid iihnis.

No olvidemos que hai unos límites prefijados á nuestro en- tendimiento, como los tiene la lijereza de los ciervos y la fuerza de los leones. Quizá por este motivo la tal cual per- fección de las cosas humanas precede tan de cerca á su de- cadencia. El estado de barbarie en que yacen Grecia y Áfri- ca, depósitos un tiempo del saber, y el atraso en que Her- nán Cortés encontró á los mejicanos, olvidados enteramente de las artes que habian cultivado sus mayores, prueban que tal es por desgracia la alternativa en que están constituidas

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todas las cosas de este globo. Puede ser que el admirable descubrimiento de la imprenta lo estorbe; pero sin ella ¿qué obstáculo se le ofrece al hombre pensador, para que los cultos europeos reemplazen dentro de mil arios á los be- duinos y á los boten totes? Sin salir de la materia que me ocupa en este libro, ni de nuestra casa, ¿no anunciaba el siglo |de los Avilas, de los Mendozas, los Granadas y los Cervantes, que pronto los seguirían Góngora, Quevedo, Paravicino , Graciau , Polo de Medina y la demás comparsa de culteranos? Apenas hablan renacido las buenas letras á mitad del siglo último, y llegó la lengua á su madurez en los escritos de un Jovellános, un Iriarte y un Muñoz, ¿no vimos ya aparecer á Cienfuégos, que tantos imitadores ha tenido, y que aun encuentra quien le escuse y le elogie? ¿ Qué prueba todo esto sino lo limitado de nuestra inteli- gencia , la detención con que debemos desarraigar las preo- cupaciones, y la diferencia que ha de hacerse en todos los ramos entre el hombre que posee profundamente una facul- tad, y el común de los que la profesan? En todas hai ver- dades abstrusas, una recóndita íilosofía y un santuario, por valerme de este símil, de arcanos, reservado al sabio que las profundiza, é impenetrable á la generalidad de los alumnos que las cultivan ; y esta parte elevada y misteriosa de la gramática , poco útil y acaso perjudicial á los que de- sean aprender un idioma, se halla precisamente en las pro- fundas investigaciones sobre el lenguaje. Llegan estas á for- mar un género de escolasticismo, como los cálculos, mui sublimes é inaplicables á ningún cómputo ni demostración usual , lo son en las ciencias matemáticas.

Para que se vea de un modo mas palpable el inconve- niente que tiene la aplicación indiscreta de los principios ideológicos, y el hacer mas caso de ellos que de la lectura de los autores clásicos para estudiar la lengua en que hau escrito , no será fuera del caso observar que N(ft>oa , el cual

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00 ha dejado de dedicarse con alguna detención á la es- pañola, falla á sus cánones en la práctica, propone locucio- nes viciosas, y comete desaciertos increibles, por quererlo deducir todo por la analogía. Leemos en la pág. 21 : El azúcar es dulce, tanto como lo sea (en vez de lo es ó p^ie- da serlo ) la miel: pág. V,^ , te se (se te) espera : pág. , puedes ver el caballo, y si te gusta, le compras. en lugar de, Puedes ver el caballo, y si te gusta, le comprarás: pág. 9^ , Se ve como (que) todos los tiem- pos compuestos son pretéritos : pág. 1 56 , Yo voi á ir, vas á ir, yo iba á ir (vulgaridades que deben censurarse en una gramática) : pág. ^88, fe se (se te) quita: pág. 20í, Al correo se (falta le) está esperando: pág. 254, Pre- gunta que qué (este que qiie es un desaliño que no debe proponerse, aunque se halle en nuestros buenos escritores): pág. 265, me se (se me) manda, fe se (se te) manda: pág. 292, A no (falta un ser) que produzcan, y pág. 5Í^, gran ( grande ) ostáculo. En mi gramática he desaprobado, de paso y á vezes citando los mismos ejemplos de Noboa, algunas doctrinas suyas, v. g. en la pág. -151 lo de poderse usar el le por el la, según él lo admite en la pág. 49; en la -1 62 lo que sienta en las 78 y 82 sobre el participio pa- sivo; en la nota E su clasificación de los verbos pronomina- les desde la página 65 Imsta la 7-1 ; en las ^ 82 y -1 85 lo de la terminación ra de la 88 ; en la 209 la esplicacion que da en las págs. -119 y -198 sobre el supuesto que puede su- plirse á ciertos verbos impersonales; en la ^65 lo que res- pecto de la fuerza del gerundio dice en la ^2Í ; en la 207 repruebo que se diga haber que partir, habiendo que par- tir, que pone Noboa en la 127, y en la 248 su error de las págs. i 29 y 225 sobre la frase deber de. En la 221 mani- fiesto que es indispensable el no en el ejemplo en que lo supone redundante Noboa al de la pág. 207; en la 525 disiento de él respecto del hasta para de la pág. 229,

XVII

y de la doctrina del aparte que empieza sin embargo en la 251 ; en la -103 y 104 califico de contrarias á la buena sin- taxis las concordancias que él aprueba en las págs. 240 y 245 ; en la 149 rebato los dos apartes primeros de la 265, y por fln en la 3G2 doi á entender que nadie pronuncia lioi esaclo, como lo escribe constantemente Noboa, y lo mismo debe aOrraarse de astracto y siisistir que se bailan en las págs. 167 y 197, por un deseo de suavizar la pronuncia- ción, que va muí poco acorde con el obscuro que vemos en la pág. 21 1 . Conviene ademas notar que no son idénticas las locuciones, Empeñarse en ir, ó, eíi que vaya ; Contentar- se con verle, ó, con que se vea, que parece se dan por ta- les en la pág. 238, y que no se asignará fácilmente el verbo de donde se ba sacado el participio activo caliente de la pág. 77, ni se producirá autoridad alguna ád partiente áe. la 98. Pero donde resaltan singularmente los estravíos en que puede caer un ideologista, es en las conjugaciones de los verbos anómalos andar, traer y conducir. En cuanto al primero, nos asegura Noboa en la pág. 144, que «no d¡- « suena tampoco el pretérito ande , andaste, ni sus deriva- H dos andará, ándase, andaré etc. » Algunos siglos atrás tendríamos que volver, para que no disonasen el tal preté- rito ni los otros tiempos que de él se forman. Del segundo dice el mismo pág. 4 48, que « no repugna decir traí, irais- « íe, etc., igualmente que en los derivados traijera, traye- « se, trayere, y lo misino sus compuestos, v. g. atrai, « atraiste; atrayera, atraycse etc. » Yo trai eso de la plaza, no lo ba oido de fijo Noboa sino á algún gallego cuando vuelve de ella con la compra. Cien vezes me he res- tregado los ojos, por si me presentaban en la pág. -157 lo que no bai en ella; pero siempre leo « No repugna (antes « suena mejor) conducí, conduciste, y sus derivados con- t duciera, conduciese etc. Igualmente sus semejantes in- « dncí. induc'iste, induciera, induciese, induciere etc. »

b

XVIII

Para casos tales es mui cómodo el sistema de no querer comprobar las reglas con ejemplos entresacados de los auto- res clásicos (pág. Vil del prólogo), porque trabajo le man- daba yo á Noboa de que citase alguno de un escritor me- diano, en que se bailen lan garrafales desatinos.

aquí patente la necesidad de que los autores de gra- máticas se persuadan , al escribirlas , de que no van á for- mar Y plantear una lengua á su sabor, sino á esplicar de qué manera la bablan y escriben los que respetamos como sus modelos. No es lo mismo trazar una gramática general , que escribir la de una lengua particular. El ideólogo toma una especie de este idioma y otra de aquel , y analizando el rumbo y progresos del discurso humano, describe las len- guas como cree que se han formado , ó que debieron for- marse. Pero al escritor de la gramática de una lengua no le es permitido alterarla en lo mas mínimo : su encargo se li- mita á presentar bajo un sistema ordenado todas sus faccio- nes , esto es , su índole y giro ; y la Gramática que reúna mas idiotismos y ea mejor orden, debe ser la preferida. Al retratista nunca se le pide una belleza ideal , sino que co- pie escrupulosamente su modelo. Cuantas mas facciones suyas traslade al lienzo, cuanto mejor retenga su colorido, y cuanto la espresion de los ojos y de todo el semblante, la actitud del cuerpo y el vestido mismo se acerquen mas á la verdad , tanto mas perfecto será el retrato.

Los modismos constituyen un carácter tan esencial de las lenguas como las mismas palabras. Porque no solo el que dice , La empresa no tuvo suceso (buen éxito); Vd. es de' maulado honesto (atento), empleando estas dos vozes en un sentido que nosotros no conocemos , habla mal el espa- ñol ; sino que haria lo propio el que dijese , No soi que nn torpe; Todo anticuario que era; donde las palabras son castellanas, aunque ordenadas según el giro francés; ó bien $6 apartase del régimen que ciertos verbos piden; falta que

XIX

cometen los que anuncian con mucha seriedad , que pue- den pasarse de una cosa , ó que van á ocuparse de tal ne- gocio. Por esto, tanto el que escribe en una lengua, corao su gramática, no pueden desviarse del uso, el cual no es siempre Glosóíico, sino que tiene mucho de caprichoso. Cuando vemos que es corriente insepulto , y que no lo es sepulto , y menos el verbo insepuUar; que son castizos in- consútil, inmaculado ., insólito, inulto , invicto, posesio- narse, y que no lo son consútil, maculado^ sólito, ulto, victo, posesionar; que decimos batalla figurada, y no ■fingida, p)i^dra arenisca y no arenosa; que está dicho con propiedad, Para mi es todo uno, Me es indiferente, mientras no lo estarla, Me es todo uno, Para mi es indi- ferente; que se habla con ó por la nariz, y solo por boca de ganso; que heredar á uno quiere decir, ya ser su he- redero, ya darle heredades; y Gnalmente que informar significa dar forma , al paso que es informe lo que carece de ella; ¿podremos poner en duda el grande influjo que tie- ne en escribir bien la observancia de la propiedad con que se emplean y colocan todas las partes , aun las mas peque- ñas, del discurso?

Este uso no está sujeto á leyes es hijo del habla del vul- go, fórmale también el roze que nos proporcionan con otros países el comercio , los nuevos descubrimientos y las mis- mas guerras. Contribuyen á él igualmente, así el gusto que domina entre los literatos, como las ciencias que suele cul- tivar con especialidad cada una de las naciones. Por eso no debe estrañarse que esté espuesto á continuas vicisitudes , si bien apoyadas siempre en un fondo nacional. Este tipo forma la basa de la lengua, como la forman en nuestro tra- je la capa y la mantilla. Dense á la primera todas las varia- ciones imaginables en las vueltas, esclavina y cuello; por la capa y por el modo de embozarnos, somos distinguidos entre lodos los pueblos de Europa, así como la elegante

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mantilla, cualesquiera que sean su tela y hechura, impri- me á nuestras mujeres la gracia que coa mas singularidad las caracteriza.

Cuando estas novedades varían notablemente la lengua, cosa que apenas puede dejar de suceder á la vuelta de cien anos, según observo al íin de este libro en la nota B, se re- quiere una nueva gramática que las esplique. Esta refle- xión, que me parece de una exactitud incontestable, evi- dencia la falta en que han incurrido los gramáticos, cuyos preceptos pueden aplicarse igualmente al modo de hablar de D. Alonso el Sabio, que al de Granada, al de Solo Marne y al de González Carvajal , no obstante que cada una de las épocas en que han ílorecido estos cuatro escritores, tiene una fisonomía peculiar que la diversifica de las otras. Por uo haber atendido á esta distinción, nos mueve á risa Gar- óes con su empeño de resucitar, en el tratado del Funda- mento del vigor xj elegancia de la lengua castellana, el giro rancio de fines del siglo XVI.

Esla falta no es peculiar de los que han querido sujetar los caprichos de una lengua hablada á las reglas sistemáticas de la ideología, sino que han incurrido también en ella cuantos han escrito entre nosotros algún ensayo sobre los sinónimos , y todos los estranjeros que yo he leído acerca Je esta materia. No parece sino que se les ha autorizado para que corten y trinchen á su antojo , según el magisterio con que señalan los límites de cada voz, sin ocurrirles nun- ca si esos límites son los mismos que han guardado los cor- rectos hablistas de su nación. Por esta causa no he podido aprovechar ningún artículo, ni aun de García de la Huerla, que es el mas atinado, en el Diccionario de sinónimos castellanos que estói formando años hace, y que desearla terminar en breve, porque este debe preceder, en mi sen- tir, al Diccionario general de la lengua.

El otro defecto que se echa de ver en todas las Gramáli-

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cas puramente castellanas, es lo poco que se detienen sus autores en desentrañar las frases usuales , de que debieran hacer una exacta anatomía, para señalar á cada una de sus partes el sitio que reclaman el uso y el oído delicado de los que hablaa bien la lengua. Habituados á ella Jos que las compilan , y con la ¡dea de que escriben para sus compa- triotas, pasan por alto muchas de las circunstancias que constituyen el estado presente del idioma. Tampoco hubie- ra yo reparado en algunas, si mi larga residencia en diver- sos países eslranjeros, la lectura de los libros que se han escrito para enseñar la lengua castellana á los franceses, ita- lianos é ingleses, y las preguntas de las personas que la es- tudiaban, no me hubiesen hecho advertir ciertos pormeno- res, que se escapan fácilmente al que está rodeado desde su infancia délos que conversan siempre en español.

Si mis lectores convienen conmigo en la verdad de las observaciones que preceden , no estrañarán que con la afi- ción de toda mi vida á las buenas letras, y con el estudio de las lenguas principales entre las muertas y las vivas, se rae escitase, durante mi prolongada permanencia (desde -1824 á Í830) en Inglaterra, el Jeseo de llenar de algún modo el vacío de una Gramática de la actual lengua castellana. El amor á las cosas patrias se aviva ademas mucho con la distancia, y llega casi á delirio la predilección al propio idio- ma, cuando se ve el hombre rodeado de los que no lo ha- blan. Obligado á conversar diariamente con los buenos es- critores, que se leen entonces con mayor ahinco, estudia con mas detención su lengua, y adopta para hermosearla algu- nas metáforas, imágenes y pensamientos de los autores es- traños. Scame lícito observar con este motivo, que los es- pañoles que residieron en cortes estranjeras, y los que mili- taron mucho tiempo en Italia y Flándes, no son los que han contribuido menos á enriquecer nuestro idioma. Lebri- ja, Turres .\aharro, IJrrícs, Garibai, Hurtado de Mendoza,

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Ávila y Zúiiiga, Garcilaso, Laguna, Juan Valdes, Antonio Pérez, Alemán, Coloma, Yelázquez de Velasco, Guillen de Castro, Cervantes, Suárez de Figueroa, los dos Argenso- las, Virúes, Lope de Yega , Mira de Amescua, Mesa, Rei de Artieda, Moneada, Meló, Calderón de la Barca, y muchos otros que pudieran citarse de los antiguos; y Luzan, Ca- dalso, Azara, García de la Huerta, López de la Huerta y don Leandro Moratiu en los últimos tiempos, pueden ser apoyo de esta observación.

Habiéndome decidido á manifestar por medio de este corto trabajo, que no me son indiferentes mi lengua ni mi patria , formé el primer bosquejo sin ausilio de libros. La práctica de enseiiar y mis estudios me hablan proporciona- do, no solo una copia regular de noticias, sino aquella es- pecie de tacto , que se siente mas bien que se esplica en los conocimientos humanos; y así no era una temeridad em- prender esta jornada sin lazarillo que me guiase. Ya que no debiera prometerme llevar al cabo de esta manera la obra según la había concebido , tenia la ventaja de no es- ponerme á copiar á ninguno de los que rae habían precedi- do , ni en el plan general , ni cu los pormenores. No se ha- llará en efecto en mi libro un capítulo, ni una serie siquiera de nombres ó de verbos , en que yo concuerde exactamente con los otros gramáticos. No quiero decir con esto que mi doctrina sea original , pues no puedo menos de coincidir en muchos puntos con lo que ellos establecen, y es indispen- sable que camine acorde con lo que asienta la Academia en su última Ortografía, habiéndome propuesto esplicar su sistema, por ser el seguido generalmente en las mejores ediciones. Creo no obstante haber simplificado mucho sus reglas, y que en las de la acentuación he espuesto metódi- camente los principios, que es probable tuvo á la vista-aquel cuerpo al tratar de esta materia.

Me parece por ahora oeligroso introducir mas novedades

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ea nuestra ortografía, y ojalá que cada treinta afios se den tantos pasos para simpliOcarla, como se han dado fructuo- samente desde el ^808. No se necesita gran saber para for- mar en un cuarto de hora un sistema mas sencillo y racio- nal que el trazado por Noboa en el apéndice de su- Gramá- tica Jilosófica. El trabajo en tales negocios no está en seña- lar lo mejor, sino lo que es hacedero; y á millares, y aun millones , de personas acostuml)radas á una práctica no se las separa de ella de un golpe y con una orden autoritativa, sino con maíía y dejando trascurrir dos ó tres siglos. El mis- mo Noboa se hallarla embarazadísimo para escribir según su visionario sistema, y sin embargo tiene por mui factible, que se formen maestros de repente y que los habitantes de ambos mundos que hablan el español , escriban de un modo mui diverso del que observan en todos los libros que andan impresos. Me atreveré á asegurar á Noboa que seria inútil su empeíio y el de cualquiera que lo intentase ; y como es- peculador que estói acostumbrado á consultar el gusto y preocupaciones de los lectores , le aconsejaré no imprima libro alguno con muchas y simultáneas novedades ortográ- ficas, si quiere que lo compren y lo lean.

He vivido seis años en la capital de Inglaterra, y desde el -1850 trasladé mi establecimiento á la de Francia, es de- cir, que he residido bastante tiempo en estas dos grandes ciudades, que son miradas como el prototipo de los adelan- tamientos diarios , para estudiar cuáles pueden hacerse en un año , y cuáles no son obra sino del lento curso del tiem- po ; y mis observaciones me suministran los siguientes he- chos. En Inglaterra hai la costumbre de llevar los cubos de agua, leche etc. con un yugo de madera que descansa de plano sobre la espalda y los dos hombros del conductor; y sin embargo de que en Paris habrá medio millón de perso- nas que conocen este método tan cómodo , esa máquina sen- cillísima no ha pasado aun á la parte de acá del Canal de la

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Manclia , y los aguadores de Paris llevan los dos culios con un palo delgado, que descansando solo sobre uno de los hombros, debe lasliraarlo. Por el contrario todavía no se han introducido en Inglaterra ni los palos [crochets) para cargar peso sobre las espaldas, ni los cuévanos [Itoties] de que se valen con tanta ventaja los franceses para llevar una cantidad increíble de volatería, verdmas etc., y es proba- ble que pase algún siglo antes que allí se generalizen. En esa misma Inglaterra, donde son tan rápidos los progresos de la industria y del saber, y donde hasta los zapatos se ha- cen de un golpe por medio de máquina , los albañiles suben al hombro y por escaleras de mano el yeso , el ladrillo y to- dos los materiales que se necesitan para la construcción de las casas , y el dia que se tratase de poner una garrucha para simplificar este trabajo, acaso habría un alboroto. Esos son los hombres : el que los define de otro modo, está materialmente en este mundo; pero vive en los espacios imaginarios. La esperiencia pues debe hacernos cautos para dar de tiempo en tiempo un pasito hacia la simplificación de nuestra ortografía , y algunos he dado yo sucesivamente desde que compuse este libro. Hablemos ya del método que seguí para su primera formación, y del modo con que lo he ido completando y corrigiendo.

En los tres anos que dejé reposar mi bosquejo antes de publicarlo, y en los quince que después han trascurrido, he intercalado en sus lugares cuantas observaciones me han parecido adecuadas de las que se hallan en las demás Gra- máticas y en los escritos de Aldrefe, Mayans, Burriel , Ló- pez de la Huerta, Carees, los dos Iriartes , Jovellános, Cap- many, Marina, Vargas Ponce, Clemencin, Sicilia, Gómez Hermosilla, Martínez de la Rosa, y en fin de los pocos que directa ó indirectamente han tratado de la propiedad ó sin- taxis castellana. No obstante el cuidado que he puesto en reunir los materiales diseminados en estos autores , todavía

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me lisonjeo de que h mayor parte de lo que contiene el pre- sente volumen, es fruto de mi larga meditation sobre nues- tros buenos escritores.

Deseando seguir el camino común y trillado , mientras no se saquen grandes ventajas de su abandono, he dividido mi obra en los cuatro tratados , que comprenden de ordi-^' nario las Graaiá ticas. En el intitulado Analogía espougo' ante todas cosas las reglas para leer y pronunciar correcta- mente, y en seguida trato de las parles de la oración, limi- tándome á poner ¡a declinación del nombro, sus géneros, las modiücaciones que sufre para pasar á comparativo, su- perlativo, aumentativo ó diminutivo, ó en razón de ser de- rivado ó compuesto ; á la conjugación de los verbos , así re- gulares como irregulares, y á dar una idea mui en globo de las partículas indeclinables. Esplicar el uso que ha de hacerse de estas mismas parles , cómo lian de colocarse en el discurso , y las mutaciones que sufren según que van an- tepuestas ó pospuestas, es oQcio propio y csclusivo de la Sintaxis; como también el señalar las delicadas y casi ini» perceptibles diferencias que bai en los diversos modos de decir. Para esto me he dilatado en el uso general de las pre- posiciones, y en la lista de las que rigen particularmente algunos nombres, verbos y adverbios. Noto varios usos que parecerán menos necesarios á los castellanos ; pero que pue- den ser provechosos a los demás españoles , para evitar los provincialismos en que mas de ordinario incurren. En ia Sintaxis he tratado también de los caracteres principales del lenguaje castellano de nuestros dias, haciéndolo resaltar con la contraposición del que se usaba en el siglo XVI y con ei de otras naciones , porque con arreglo á las ideas que llevo es- puestas en el presente prólogo, debo mirar como incompleta aquella parte de la gramática, si le falla este capítulo. Si- guen en la parte tercera las reglas de la Ortogiajía, y en la cuarta y última las de nuestra Prosodia, con algunas

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nociones acerca del metro y de las composiciones en verso.

He procurado no embarazar al principiante, sobre todo en la Analogía, con un gran número de reglas, y monos con largas escepciones ; por lo que las he colocado frecuen- temente en notas al pié , á fin de que pueda leerlas una ó dos vezes, sin abrumar la memoria con una árida é inco- nexa lista de nombres, tan costosa de aprender como fácil de olvidar. Otras notas que le son de menos importancia , aunque la tienen para esclarecer los fundamentos de mi sis- tema , se han reservado para el fin del libro.

Apoyado en los mismos principios de sencillez, y con el objeto de que no aprendan los jóvenes sino lo que les sea indispensable ó sobre manera útil, he omitido por entero la doctrina que sobre las figuras de dicción se nos enseña con tanto aparato en las escuelas, contentándome con esplicar algunas, ó la cosa misma, por incidencia. Poco importa que uno ignore qué es hipérbaton ^ pleonasmo etc., (palabras cuyo signiUcado solo se retiene con facilidad, sabiendo la len- gua de que se han tomado), si al cabo conoce, cómo y por qué se emplea la trasposición ó la redundancia de las vozes.

Los principios que me han guiado en la formación de es- tos elementos, justifican suficientemente su título de Gra- mática de la lengua castellana según ahora se habla j y -el que haya citado casi siempre, para comprobación de sus reglas, ejemplos de los autores que han florecido des- pees de mediado el siglo último. Y no ha sido para lo menos trabajoso haber buscado y escogido los pasajes á que me refiero , cuando para valerme de nuestros clásicos anti- guos , me bastaba acudir á los muchos apuntes que tengo reunidos sobre lo mas notable de su dicción. Puedo asegu- rar sin escrúpulo , que he leido veinte volúmenes de los an- tiguos por cada uno de nuestros modernos : ni debe pare- cer estrafio que dos siglos de saber, de glorias , de conquis- tas y del descubrimiento de un nuevo mundo, produjera

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muchos mas escritos originales, que la reciente época de la restauración de las letras, en cuyo principio los esfuerzos de nuestros literatos tuvieron que dirigirse por bastante tiempo á purgar el idioma y el estilo del follaje ridículo, con que el mal gusto los babia sobrecargado por espacio de una centuria. Desde mui niño rae familiarizó mi padre con las obras del Mtro. Ávila, santa Teresa de Jesús, Granada, Ribadeneira y Niereraberg. Esta feliz casualidad me aficio- nó tanto á su lenguaje, que antes de cumplir los diez y seis años, había ya devorado por elección los escritos de Gue- vara, Sigüenza, san Juan de la Cruz, Estella, Venégas, Márquez, Malón de Chaide, Ycpes y otros príncipes del ro- mance castellano. Empezaba á conocer entonces, y lo des- cubrí mejor posteriormente, que solo embebiéndome en su estilo, lograría arraigarme en los principios que constituyen nuestra buena locución, y precaverme del contagio, que sin este antídoto debia pegárseme de otros libros, que mis es- tudiáis me forzaban á leer, ya en sus originales , ya en pési- mas y afrancesadas traducciones. Me entregué pues á la lectura de los autores que forman el principal depósito del habla castellana, sin que me retrajesen de mi empeño ni ¡o voluminoso de algunos, ni lo abstracto de su ascetismo, ni la nimia profusión con que suelen engalanar una misma idea. Tales milagros obra en nosotros la afición ; porque no es menester mucha para estudiar la lengua castellana en el ameno pensil de su Parnaso, en su rico cuanto variado tea- tro , ó en los escritos de un Mendoza , un Mariana , un León, un Alemán, un Cervantes ó un Meló. De mi decir que cuando en el discurso de mi vida he querido distraerme de ocupaciones mas serias, no dar entrada al tedio, ó disipar alguna pena de las que tantas vezes acibaran nuestra mise- rable existencia ; no he hecho, ni hago hoi dia otra cosa, que echar mano de alguno de nuestros poetas , de cual- quiera de nuestras ingeniosas comedias, ó de uno de núes-

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tros novelistas ó hisloriadoics. Su lectura lo hermosea lodo como por encanto á mi vista , y el majestuoso lenguaje y fluida versiflcacion de aquellos escritores me hacen olvidar la insulsa regularidad, el monótono clausular y á filosofis- mo de muchos de mis contemporáneos.

Nadie crea que incluyo en este número á los autores que cito en mi Gramática , aun cuando sea con el Un de notar- les algún defecto, pues cabalmente muchos de ellos perte- necen á lo mas florido de nuestra moderna literatura. Sin embargo, para que esto no induzca á los jóvenes en algún error acerca de los autores que deben escoger para pauta del buen lenguaje, me veo precisado á advertir, que se le han deslizado al dulce Meléndcz algunos galicismos , mez- clados con ranchas de las palabras anticuadas que se usan actualmente en Castilla la vieja ; que no tengo por riguro- samente puros á Arriaza, Burgos y Quintana, cuyo estilo hallo algo mas castigado en los tomos segundo y tercero de Jas Vidas de españoles célebres; que Vargas Ponce y Mor de Fuentes carecen de fluidez , particularmente el segundo . que es de una dureza insoportable; y que Cienfuégos ha es- crito en una lengua que le pertenece esclusivamente , pero que no es la castellana de ninguna época. Le ha cabido con lodo la suerte de tener muchos prosélitos, como los tuvo el gongorismo en su tiempo, porque es carrera mas ancha y desembarazada la de desatinar cada cual á su antojo, que la de escribir con pureza y corrección. Para hacer olividar, si es posible, sus obras poéticas, que convendría no hu- biesen visto la luz pública, me he desviado, respecto de este solo escritor, de la fria templanza con que debe ha- blarse al notar los defectos ajenos. Es sugelo con quien no tuve trato ni desavenencia de ninguna especie , y á quien miro con cierta predilección por su gloriosa muerte , y por sus conocimientos en las humanidades , de que dan buen testimonio algunas producciones suyas en prosa. No son

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por tanto la preocupación , la rivalidad ni el resentimiento los que lian guiado mi pluma , al hablar de un modo poco favorable de su lenguaje. Por haber visto lo mucho que alaba Quintana el metilo de Cienfuégos en la Introducción á la poesía castellana del siglo XVIII , volví á leer dete- nidamente sus composiciones , y al paso que le hallé muchas vezes buen versificador, me ratifiqué en tenerle por mal poeta y peor hablista. Seria una desgracia que el juicio , que tal vez la amistad arrancó á Quintana, deslumhrase á algún joven , y que tuviéramos por su culpa un solo cien- fueguista.

Aun de nuestros mas distinguidos escritores , de los an- tiguos igualmente que de los modernos . cito pasajes que desapruebo ; y cuando después de sentar la regla, noto que tal autor se ha separado de ella, indico su autoridad para el que prefiera seguirla , aunque esté poco conforme á mi ver con lo que se halla mas admitido. En lo cual es mi plan mui diverso del de Carees, á quien basta descubrir una locución en cualquiera sescentista , para caliíicaria de do- nosa y elegante. Mas si tachamos sin reparo el estilo de los hombres formados en tiempos de exactitud y refinamiento , y que han publicado con el mayor esmero sus obras, ¿ha- brá razón para venerar como otros tantos dogmas del len- guaje todo lo que nos ha trasmitido la prensa hasta media- dos del siglo XVII, cuando era casi desconocida la correc- ción tipográfica ; cuando pasaban los originales por el vicia- do conducto de copistas poco inteligentes, y cuando el des- aliño y la falta de lima formaban el carácter de la literatura de aquel siglo? No hallamos inconveniente en tildar como descuidos algunas locuciones de un Jovellános , un Iriarte y un Moratin ; y ¿no ha de sernos permitido suponerlos en Hurtado de Mendoza , en Coloma ó en Moneada ? Decimos que se ha pegado á nuestros coetáneos esta ó la otra espre-

sion de su roze con los italianos ó franceses , y olvidamo-

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que nuestros clásicos mas sobresalientes demoraron mucho tiempo en los países eslranjeros, y que pudieron por lo mis- mo contagiarse de sus modismos. Por mui respetables que sean las obras de nuestros mayores, no solo no debemos ponernos por su autoridad eo guerra abierta con el uso , reteniendo las palabras y giros suyos que mira este como anticuados, sino que tenemos un derecho incontestable á calificar algunos de contrarios á las reglas gramaticales de aquella época, y á reputar oíros por verdaderos galicismos ó italianismos.

Los que hallen larga mi Graraálica comparándola con la de la Academia , tal vez no habrán tenido presente que fal- ta en esta por entero todo lo que concierne á !a Ortografía, á la Prosodia y á la Poética; y que si al volumen de la Gra- mática de la Academia se agregase el de su Ortografía, la diferencia de tamaños seria menos notable. Fuera de que una Gramática nunca puede resultar breve, por mucho cui- dado que se ponga en simplificar as reglas, y por mas que se desee compendiar los preceptos, cuyo número es y no puede dejar de ser considerable. La Gramática de una len- gua, si bien es el primer libro que toma en las manos el que se propone estudiarla, llega á hacerse un inseparable com- pañero del que nunca pierde de vista el perfeccionarse en ella. No porque enseñe á escribir bien , sino porque señala cuáles son las locuciones que han de evitarse por viciosas. Cierto es que puede uno dejar de incurrir en ellas, y escri- bir al mismo tiempo sin soltura ni nervio, faltar la propor- ción y número á sus períodos , y carecer en una palabra de buen estilo, Alayans no puede ser propuesto como modelo en esta parte, aunque no se le hayan imputado muchos yer- ros gramaticales : el que lea las obras del correctísimo Don Tomas de Iriarte, no hallará acaso en su lenjuage otro mé- rito que el estar libre de defectos; y Capmany, nimio quizá en la pureza de la lengua , es duro v bronco en su estilo.

XXXI

Pocos disputarán entre tanto á Jovellános la palma de ser el primer escritor español entre los modernos, no obstante que dormita una que otra vez admitiendo frases y vozes nuevas, se complace sobrado en las anticuadas , y se resiente tam- bién de provincialismos. Los que deseen de consiguiente es- cribir con pureza y elegancia , han de juntar á un gran cau- dal de los conocimientos relativos al asunto que manejen, la lectura asidua de nuestros clásicos. Estúdielos noche y dia el que aspire á íigurar entre los escritores recomenda- bles por su buen lenguaje, y nadie presuma conseguirlo por el mero hecho de haber nacido ó vivido largo tiempo en las provincias en que se habla el castellano. Al leer cualquier página de Jovellános, Don Tomas de Iriarte, D. Leandro Moratin, Rojas Clemente, Marina, González Carvajal ó de los hermanos D. Joaquín y D. Jaime Yillanueva, al instan- te se advierte que han derivado su castiza dicción del rau- dal de nuestros mejores libros, que procuraron reducir al cauce de la gramática , para que no se desviase del recto curso que debe seguir.

El primer borrador de este ensayo , que emprendí como cosa de entretenimiento, quedó concluido á mediados de -i 827 ; y lo hubiera guardado inédito los nueve años por lo menos que aconseja el preceptista mas juicioso de la anti- güedad, si no hubiese tenido que sacarlo á luz en ^ 85í , mas bien para poner cotos al estado casi de delirio en que me habla constituido el empeño de perfeccionarlo , que por estar satisfecho de mi trabajo. No pudiendo descansar ni dormir por el cúmulo de especies que me ocurrían á cada paso, resolví darlo ala prensa sin corregirlo ni limarlo mas, para recobrar la tranquilidad que habia perdido, y some- terlo al examen de los peritos, aguardando de ellos y del tiempo las muchas enmiendas que podia recibir.

Ya se deja entender que no omitiría ofrecerlo antes á la censura de los pocos españoles residentes á la sazón en Lón-

XXXII

dres, que eran en sentir juezes idóneos en la materia,

y con cuya complacencia pedia yo contar para cometerles un encargo tan fastidioso. Fué el primero ral paisano don Joa- quín Lorenzo Villanueva, uno de los sugetos que mas se han distinguido en nuestros dias por haber escrito correcta y fluidamente el castellano. Me dispensaron después el favor de inspeccionar y corregir mi manuscrito don Pablo Men- díbil, don Antonio Alcalá Galiano y mi amigo don Mateo Seoane.

Con el favorable voto de estas cuatro personas, cuyos nombres son bien conocidos dentro y fuera de la Península, me atreví á publicar este libro entre los primeros que salie- ron de la lil)rería que á fines de 1 850 establecí en París. Tanto por ser la impresión estranjera , como por la clase del Gobierno que existia entonces en España , circularon por ella pocos ejemplares; y así puede afirmarse que la consu- mieron por entero las nuevas repúblicas hispano-america- nas en el <'spacio de tres años escasos, acogiéndola con un entusiasmo que sobrepujó mucho mi esperanza.

Al verificar la reimpresión en ^ 854 , aproveché los apun- tes que mis propias observaciones me sugerían diariamen- te, y los que pude sacar de los Rudimentos , compuestos por Puig, y publicados de orden del Sr. Climent en Barce- lona el año de -1770 ; de los tratados gramaticales de Jovellá- nos, que están mui lejos de corresponder debidamente á la ilustración y delicado tacto de su autor; de la Gramática elemental de D. Jacobo Saqueniza, nombre con que disfra- zó el suyo D. Joaquín Cabezas; de los tomos publicados has- ta entonces del Comentario al Don Quijote por Cleraeu- cin , y de la Nomenclatura geográfica de España por Ca- ballero. Don José Garriga que se sirvió comunicarme algu- nos reparos sobre la primera edición , D. José Gómez Her- mosilla que tuvo la bondad de revisarla detenidamente y de responder á varias dudas que le propuse, y Don Agustín

XXXII r

Aícart con quien corregí las praelias de la segunda, contri- huyeron no poco á mejorarla. En ella abrazó respecto de los modos y tiempos del verbo una senda mucho mas ideoló- gica y sencilla que en la primera.

Con el continuo empeño que tenia de ir completando mi trabajo, salió mui aumentado en la tercera edición, que cui- dé desde Madrid en -1 837 , consultando varias dificultades con el mencionado Gómez Hermosilla. Sin embargo por la circunstancia de no hacerse á mi vista, y por hallarme des- empeñando el encargo con que por segunda vez me hablan honrado mis conciudadanos, no pude emplear todo el es- mero que acostumbro en las impresiones que se ejecutan bajo mi inspección.

En los considerables aumentos que recibió la cuarta edi- ción, ya manifesté con cuánta especialidad habia estudiado los Diccionarios que existen de la lengua castellana, para ir preparando mis adiciones al de la Academia, á las que ha llegado por fin su turno en la reimpresión que estói hacien- do del que en el año próximo pasado ha dado á luz aquel cuerpo. Rectifiqué muchas reglas á consecuencia de las ob- servaciones que se sirvió comunicarme Don Juan Nicasio Gallego ; pero no adherí entonces á algunas, ni me he deci- dido posteriormente á adoptarlas, porque si bien abrazo con preferencia la opinión de los demás , cuando estói un poco vacilante en la mía, juzgo de mi deber mantenerla, siempre que no me suscitan una duda fundada los argumen- tos contrarios. Algo ha de concederse al criterio de quien como yo está dedicado muchos años hace á desenmarañar las cuestiones de la gramática castellana.

Tanto ahora como las otras vezes que he reimpreso la mia, siempre que he variado de dictamen, ó creido conve- niente templar mi crítica, he dejado subsistir el lugar del au- tor que citaba, para que se note mejor mi retractación ó du- da. No les quedará ninguna á los que lean esta obra, ó mo

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mi conveucimiciUo, y no de cüusideracion alguna á perso*- ñas , ni á sus empleos. En la república de las letras no se conocen mas jerarquías ni distinciones que las del saber : las de altos puestos y bonoríficos títulos no tienen ademas otro valor para que el poder servir de estímulo y recom- pensa del mérito, y en cualquier caso me barian aumentar, mas bien que disminuir, lo fuerte de la censura, para que á nadie le quedara escrúpulo sobre si temo ó lisonjeo al poder. El trascurso de quince anos me ba dado lugar para examinar mucbas cosas á mejor lu3, y para oir ó leer las reflexiones de personas instruidas en la materia. Esta ha sido la única causa de las notables novedades que he in- troducido sucesivamente en mi Gramática.

Señalé a su tiempo las bechas en la quinta edición, de la que se agotaron en menos de cuatro aiios sus seis mil y qui- nientos ejemplares, por haber competido en apadrinarla los peninsulares y nuestros antiguos hermanos de ultramar. La sociedad de amigos del país de Valencia, no contenta con nombrarme, sin haberlo yo solicitado, su socio de mé- rito, ofreció anualmente premios á los jóvenes mas ade- lantados en la gramática con arreglo á los principios de la mia ; el Gobierno de Caracas mandó que sirviese de testo en todas las escuelas de aquella república, y por mi Compendio se estudia en las del Perú y Chile. D. Antonio Benedeti pu- blicó en la Nueva Granada una Gramática española arre- glada por el sistema productivo, y previno en el prólogo que el titulo de El nuevo Salva que le habia dado, era una declaración auténtica de que estaba fundada principal- mente en los principios y observaciones de la mia. Y lo que principalmente aprecio, por ser prueba escepcional á favor de mi trabajo, es que la Dirección general de estudios de Madrid lo haya propuesto^varias vezes parala enseñanza pública, y que en el último plan de estudios esté asignado como libro de testo , no habiendo mediado nunca gestión

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mía, directa indirecta, para conseguir una distinción tan iionrosa. De ningún modo puedo corresponder á ella mejor que redoblando mi zelo por limar y perfeccionar una obra, cuya venta pudiera mirarse como asegurada, aun cuando no se retocase.

El haberse consumido en menos de dos años los cuatro mil ejemplares de la sesta edición, se debe probablemente á la futilidad con que se impugnó mi doctrina y á la gro- sería con que se habló de en los Principios de la len- gua castellana, impresos en Madrid en -1841 á costa de la viuda de calleja, ó hijos. Esta ridicula diatriba, escrita por quien no ha oído tal vez hablar de la propiedad de nuestro idioma, sino los pocos meses que por caridad le acogí en mi establecimiento el ano de -1830, destinándole al trabajo material de cotejar las pruebas de imprenta ; no habrá de- jado de servir, para los poooí;que le hayan recorrido, como de anuncio y recomendación de mi libro ; y si debiera agra- decerse á los hombres el bien que resulta de sus hechos contra su intención, no omitirla yo el manifestarme reco- nocido á su autor y á la oscura criatura que le ha pagado.

En los prólogos de las dos ediciones de -1844 y 46 seiiaié los principales retojues que hice en cada una , ya corri- giendo varias equivocaciones, ya rehaciendo páginas en- teras; pero habiendo mediado tan poco tiempo desde la última, no debe cstraíiarse que me limite ahora simple- mente á reproducirla, sobre todo cuando no me da lugar para reverla la instancia con que se pide de todas partes para la enseñanza en las universidades, colegios y escuelas particulares.

Ni en las dos ediciones anteriores ni en la presente he querido descender á analizar los Principios poco men- cionados, haciendo ver lo destornillado del plan de la obra, los galicismos y demás faltas de lenguaje en que hierve, y lo infundado de sus ataques contra la mia. ISi se acordarla

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semejante polémica con mi propósito de no responder á las críticas qne se me dirijan, bien que aprovechando las ad- vertencias útiles que cualquiera me liaga, ni seria cordura entablarla con quien carece de los conocimientos necesarios para entenderla. Con lodo, cuando me ha venido á la mano, como en las págs. ^33 y Í48, he puesto en claro algunos de sus muchos desaciertos. Siento con toda el alma haber te- nido la mala suerte de no lograr adversarios , que con sus impugnaciones derramasen nueva luz sobre los puntos en que he padecido equivocación, y sobre otros que no rae he atrevido á tocar, temeroso de establecer reglas erróneas. Mi intento se encamina á mejorar, en cuanto de penda, un libro, que ha recibido cierta importancia de la estra- ordinaria benevolencia que el público le ha dispensado. Si debe mirarse como delirio en las empresas humanas pen- sar que se ha llegado a la perfección , no lo es aspirar á conseguirla, adelantando algún paso en la senda que con- duce hacia tan feliz término.

Deseo por lo mismo que los sugetos versados en las hu- manidades, y particularmente en nuestra literatura, me ilustren con sus observaciones, bien confldencialmente, bien por medio de la prensa. Dije en el primer prólogo y lo repito en este por conclusión, que de cualquier modo que se me hagan, ya sea con ánimo hostil, ya con el noble anhelo de investigar la verdad, pueden vivir seguros mis censores de que no las desestimaré, cuando llegue el caso de aprove- charlas. Tengo empeño en acertar, no "en altercar ni soste- ner con terquedad lo que una vez haya errado. Siempre me han parecido inútilmente empleados el tiempo y calor que se gastan en las mas de las controversias literarias, y una prenda funestísima la disposición natural que algunos tie- nen para sostenerlas y aun buscarlas. Por tal medio pocos se dan por convencidos, y por el contrario casi todos se obstinan en no ceder el terreno que se les disputa. Lo peor

XXXVII

es que si alguna especie útil se halla mezclada entre las muchas personalidades, injurias y denuestos con que sue- len favorecerse los contrincantes, debe darse por perdida , pues todavía no he visto escrito alguno de esta catadura que haya sobrevivido un año á su publicación.

fo de enero de 4849.

TABLA.

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De la gramálica y su división 1

ANALOGÍA.

Capít. i. De las letras y su pronunciación. Del silabeo y la lee

tura 5

Cap. II. De las parles de la oración en general, y del nombre a particular. De sus números y géneros. De los ad

jetivos lo

Cap. III. De los comparalivos y superlativos. De los aumentati- vos y diruinutivos. De los derivados. De los com- puestos 27

Cap. IV. Del artículo y del pronombre 47

Cap. V. Del verbo. De sus modos y tiempos 49

Cap. VI. De las conjugaciones de los verbos regulares 57

Cap. VII. De las conjugaciones de los verbos irregulares 62

Cap. VIII. Verbos que tienen una conjugación peculiar 69

Cap. IX. Irregularidades de los verbos , tanto impersonales como

defectivos, y de algunos participios pasivos 84

Cap. X. De las partículas indeclinables, es decir, del adverbio, de la preposición, de la conjunción y de la interjec- ción 94

SINTAXIS

Cap. í. Del régimen y la concordancia 400

Cap. II Del nombre en general 409

Del número 412

Del género 443

Del nombre considerado como sustantivo y adjetivo 445

De los numerales 426

De los comparativos y superlativos, y de las locuciones

de comparación 429

Cap. III. De los artículos. Del indefmido 454

Del artículo definido 435

Cap. IV. Del pronombre 445

Cap. V Del verbo ^456

De las vozes íbid.

De los modos. Del infinitivo 459

Del indicativo 467

Del subjuntivo 468

Del imperativo 469

De los tiempos de indicativo. Del presente , y del pre- térito Y futuro absolutos 470

Del pretérito cocxislente 472

Del futuro condicional 475

Del futuro de subjuntivo 475

Del futuro condicional de subjuntivo 479

TABLA. XXXIX

Del indefinido absoluto 189

Del indefinido coadicional 185

Del futuro do imperativo 184

De los tiempos compuestos 1 85

De los verbos determinante y determinado 189

De los verbos ser y estar 200

De los verbos haber y tener 205

De los verbos impersonales , de los neutros y los recí- procos 207

De las frases para negar , preguntar y esclamar 212

Cap. VI. Del adverbio y las frases adverbiales 221

Cap. VII. De la preposición 236

De la preposición á íbid.

De la preposición acerca de 240

De la preposición ante íbid.

De la preposición bajo íbid.

De la preposición con 241

De la preposición contra 242

De la preposición de íbid.

De la preposición desde 2'i9

De la preposición en 250

De la preposición cHíre 252

De la preposición hacia 255

De la preposición hasta íbid.

De la preposición para 2o4

De la preposición por 2c6

De la preposición según 2€0

De la preposición sin 261

De la preposición so íbid.

De la preposición sobre íbid.

De la preposición tras 2C2

Lista de los nombres, verbos y adverbios , en que puede ocurrir alguna duda respecto de la preposición que pi- den 264

Sintaxis de las preposiciones 322

Cap. VIII. De las conjunciones é interjecciones 328

Cap. IX. Del lenguaje castellano actual 334

Gap. X. De los arcaísmos en los nombres y en la conjugación de

los verbos 349

ORTOGRAFÍA 354

Letras del alfabeto que pueden ofrecer alguna dificultad 353

De la partición de las sílabas y la separación de las palabras 365

De la puntuación - 3(^8

De la acentuación -. ... 377

Reformas que convendría adoptar 385

Listas de las abreviaturas mas usuales en las imprcsioneo modernas y

en lo manuscrito 586

De la cantidad y el acento 390

Del consonante , del asonante y del verso libre 595

De las distintas pspecies de verso 398

De las composiciones poéticas cortas de mayor uso , 406

De las licencias poéticas 416

NOTAS.

A Mi opinión sobre nuestro teatro antiguo 4SS

XL TABLA.

B Sobre mi deflnicion de la gratnálica castellana 437

C El fuluro condicional en ria pertenece al indicativo, y no al sub- juntivo 438

D El imperativo no tiene mas personas que las segundas del singu- lar j el plural 459

E Inutilidad de dividir los verbos pronominales en varias clases,

como lo haco Noboa , y sus equivocaciones sobre este punto. . . íbid. ~9 Sobre las oraciones de impersonal del verbo haber 440

ti Inexactitud del pronombre de la tercera persona se-_ del adJeliTO

S!< y del relativo qííe '. 448

U En qué se fundan los que dicen que la y las son los dativos del

pronombre ella 444

I Razones por que pretenden unos que le debe ser el acusativo de

él, otros que lo, y yo, que ha de seguirse un término medio.. 445

J Los verbos hacer y parecer deben ir al plural en ciertas locucio- nes en que algunos los usan en el singular 447

K En España nunca se ha mirado como un distintivo de la nobleza

de los apellidos el que los preceda la preposición de 448

L No es peculiar de los ingleses, sino que sucede también en nues- tra lengua, que muchos verbos varían de signiOcado en virtud de la preposición que se les junta 440

H Sobre los diversos sistemas de acentuar las palabras que termi- nan por dos vocales íbid.

?( Fundamentos que hai para unir la >• que se halla entre dos voca- les, á la vocal que la precede 450

O Autores que he consultado sobre la cantidad y el acento de las sí- ^

labas íbid.

P No debe admitirse cesura alguna en nuestro endecasílabo, y ob- servaciones sobre su acentuación 45Í

Q Por qué los poetas andaluzes confunden la c con la s mas que los

valencianos 4S6

ÍNDICB

alfabético de las cosas mal notables de esta Gramática .., ,... ifft

»i%

DE

LA GRAMÁTICA

SU DIVISIÓN.

La gramática de la actual lengua castellana no íis otra cosa que el conjunto ordenado de las reglas da len- guaje que vemos observadas en los escritos ó conversa- ción de las personas doctas que hablan el castellano ó español (1), pues de ambos modos se designa nuestro idio- ma. Llámase castellano, como que es el de ambas Casti- llas ; y español, por ser el que se habla en la mayor parte de las provincias de la Península; el usado, aun en aque- llas donde no es la lengua comuu, para perorar en e! pul- pito, abogar en los tribunales, enseñar en las escuelas, y para casi todo lo que se escribe é imprime ; y porque se es- tienden en el las escrituras y privilegios, desde que así lo dispuso en ^2^ el rei D. Alonso el Sabio (2).

Siendo el obje'to de la gramática el lenguaje, deberemos considerar ante todo las propiedades y accidentes, y la íilia- cion ó variaciones de sus partes separadas; y después el modo de ordenar dichas partes, para formar con ellas las proposiciones , incisos ó colones ; con estos los períodos ó cláusulas , y finalmente el discurso o habla, de que nos valemos para comunicarnos con nuestros semejantes. Lla- man unos Analogía y otros Etimología á lo primero; pero

(\) Véase la nota B de las que van al fin de esta Gramática. (2) Mariana Bist. de Expaña, lib. XIV, cap. 7, y Méndez de Silva, Ca- talogo real ij genealógico de España, fol. 101.

4

2 DIVISIÓN DE LA GRAMÁTICA.

todos dan á lo último el nombre de Sintaxis, voz grieg» que significa coordinación ó arreglo.

Ambas partes bastarían para que los hombres fueran cor- rectos en hablar y escri!)ir su lengua, si no se nec*esitara ademas lijar por medio de ciertos signos la estructura, di- visión y aun entonación de los períodos. Habiéndose intro- ducido en consecuencia el refinamiento de escribir las vozes con las letras y acentos correspondientes, y las cláusulas con cierta puntuación juiciosa ; es ya indispensable que se comprenda en toda Gramática la Orlografía.

La poesía constituye también al presente uno de los ra- mos mas agradables del saber humano ; y como puede y suele ejercitarla el que , estando dotado de buena disposi- ción natural , ha adquirido las nociones que enseíía la gra- mática, no debe parecer estraño que forme parte de esta !a Prosodia , la cual esplica la música de las palabras, esto es, la divisiou de las sílabas en largas y breves, ó mas bien en agudas y graves , si nos referimos á las lenguas vivas; la naturaleza del meíro ó rima, y las combinaciones mas usuales que suelen darle los poetas.

Resulta dividida naturalmente la gramática en Analo- gía, Si7itáxis, Ortografía y Prosodia, que son las cuatrc partes que me propongo examinar respecto de la K^naus castellana.

víffiS"/'

PARTE PMIHEIRA

analogía.

CAPITULO L

BE LAS LETRAS Y PRONUNCIACIÓN. DEL SILABEO T LA LECTURA.

Al tratar por separado de las partes de la oración , se ofrecen en primer lugar las letras , que son los elementos de que se componen las vozes, ó lo que es lo mismo el

^abecedario ó alfabeto español.

Consta de 27 signos (aunque no sean tantos sus sonidos), cuyas figuras y nombres van puestos á continuación.

Figuras mayúsculas y mi- Figuras mayúsculas y Nombre de las letras, núsculas de la letra de minúsculas de la le- tra de mano, cursiva,- hastardilla ó itálica.

A. Be. Ce. Che. De. E. Efe. Ge. Ache. I vocal. Jota. Ele. LL 11 LL II Elle.

imprenta , romana.

redo

A

a

B

b

C

c

CH

ck

D

d

E

e

F

f

G H

g h

I

i

J L

j

1

A

a

B

b

C

c

CH

ch

D

d

E

e

F

f

G

9

H

h

I

i

J

J

L

1

OBSERVACIONES SOBRE LAS LETRAS. M m M m Eme.

N

n

N

71

Ene.

Ñ

ñ

/V

ñ

Eüe.

0

0

0

0

0.

1'

P

P

P

Pe.

Q

q

Q

<1

Cu.

II

r

¡i

r

Erre.

s

s

s

s

Ese.

T

t

T

t

Te.

U

u

U

u

U vocal.

V

V

V

V

U consonante

X

X

X

X

Equis.

Y

y

y

y

I griega.

Z

z

z

z

Zeta ó zeda.

He puesto el abecedario según se usa en la actualidad , y no cual debiera ser considerado filosóficamente, para que correspondiese un solo signo á cada uno de los sonidos de la lengua española. En tal caso deberían desterrarse la h que nunca suena; la c y la g, que podian suplirse con la ^, y la íc, que es un verdadero nexo de la c y la í, ó de la g suave [gué] y la s. La g, antepuesta á las vocales, de- bería berirlas siempre suavemente, bastando escribir ga , ge, gi , go, gu^ para que pronunciásemos ga., gue^ gui, í[0, gu; y la ch, l¿, ñj rr convendría espresarlas por un igno sencillo, y na con dos letras, ó con una y la tilde, puesto que cada cual es una verdadera letra.

De las 27 de nuestro actual alfabeto hai cinco vocales, es decir, que forman voz ó sílaba cada una por sola y sin la ayuda de otra letra; las cuales son la a, la e, la í, la o y la u : las demás se denominan consonantes , por- que no pueden pronunciarse sino acompañadas de al- guna vocal.

Como esta Gramática se destina esclusivamenle para las personas que bablan el castellano en arabos mundos, no hai necesidad de entrar en el mecanismo de la pronunciación de las letras, esplicando cómo se emite el aliento, se colocan los labios y se mueve la lengua para articularlas, porque es imposible que lo ignore ninguno que haya mamado nuestra lengua con la leche. Semejantes reglas de Ortología pue- den servir únicamente á los estranjeros que se dediquen 3

OBSERVACIONES SuBRE LAS LETRAS. 5

estudiar el español, bastando para los demás las siguientes advertencias.

Primera. Conocido una vez el sonido de cualquier letra, debe siempre dársele el mismo , esceptuándose de esta re- gla la c y la $r , que se pronuncian delante de la e y la i de diverso modo que cuando preceden á las oirás vocales, pues en diclias combinaciones la c se pronuncia como la 5, y la 5' como la j ; la rZ, la cual en ¿n de dicción apenas suena, leyéndose virtud casi como si estuviera escrito vir tú, y por eso la omitían de todo punto los antiguos en la segunda persona del plural del imperativo de muchos ver- bos, escribiendo como pronunciaban mircí, abrí, tañé etc.; la y, que si va sola haciendo el oücio de conjunción, se pronuncia i; y la w, que nunca se oye después de la gr y de la q, si la letra que sigue á la w es la e ó la ¿, pues si es alguna de las otras vocales , ó hai puntos diacríticos so- bre la u que precede á la e ó á la ¿, también se pronun- cia : guerra, guiar; agua, aguoso, agüero, argüir; que, quise; quando, quociente; eloqüente, propinqiii- dad; bien que ahora se escribe cuando, cuocie?ite, elo cuente, propincuidad , con lo que no hai lugar á equivo- cación.

Segunda. Aunque la 6 y la v son confundidas por la ge- neralidad de los castellanos, los cuales prommcian barón como varoJí, y balido como valido, convendría distinguir- las, para evitar que sean unísonas vozes de signilicado tan diverso como las cuatro citadas y otras muchas. Seria bue- no por tanto acostumbrarse a emitir en todas las escritas con V el verdadero sonido de esta letra , la cual se pronun- . cia por medio de una suave compresión del labio inferior contra los dientes de abajo, mientras los de arriba lo toc;m lijeramente , y el labio superior deja espedita la salida de la voz. La b no requiere ninguna de estas posturas de la boca, pues basta para pronunciarla, juntar los labios y sol- tar el aliento al despegarlos.

Tercera. La r se pronuncia fuerte, es decir, como si es- tuviera doble, cuando se halla, ó sola {¡ora nombrarla (r, erre)', ó al principio de dicción, razón, liorna; ó después de la 5, la ¿ ó la w, Israel, alrota, Enrique; ó cuando comienza la^$egunda de las dos palabras de que consta al- guna compuesta, como en des-rabvfür, mani-roto , ob-

6 REGLAS PARA LA LECTURA.

rephcio , pre-rogativa , pro-rata , sub-rog ación. En de- rogar y erogar es sin embargo suave (ere).

De las varias clases en que suelen suMividirse las letras del alfabeto, ninguna hai que merezca ponerse en noticia de los jóvenes que empiezan á estudiar la gramática, sino la de las líquidas; nombre dado á la ¿, n y r, porque tie- nen una pronunciación ílúida, bien después de las vocales, como en alcohol, encartar, confín, bien precedidas de una consonante con la cual principian sílaba (lo que no puede tener lugar respecto de la n), como en blando, bronco ^ Clóris, criba, dragón, flor, fraude, gloria, grave, plie- gue, prado, trigo.

Tampoco parece necesario dar á conocer la letra agoti- cada ó semigóíica., ni la gótica, no obstante lo mucho que la usan en las portadas y títulos los impresores , dando en esto una pruel)a de que los hombres se cansan d-" las mejo- res cosas, si se acostumbran á ellas por largo tiempo. Así debe de ser, cuando el mal gusto de los primeros impreso- res, que abandonaron el sencillo, nítido y hermoso carácter romano por el gótico, logra tantos secuazes, á pesar de lo adelantados que creemos estar en las bellas artes.

Mas útil será sin duda mencionar el uso que tiene el aí- fabeto mayúsculo, como numeración romana, ya que hace de ordinario este oficio en los libros impresos.

La I vale

^.

La c vale

HOO

La V

5.

La D ó ID

500

Lax

-10.

La M ó CI3

-1000

La L

50.

Los únicos números que pueden repetirse, son I, X, C y M : así es que II equivale á 2, XX á 20 , CC á 200 y MM á 2000 ; mas nunca se hallan repetidos el V, el L ni el D. Cuando en una serie de números romanos precede el menor al mayor, se ha de rebajar aquel de este : IV es 4, IIX 8, XC90, CM 900, etc.

Sobre el silabeo.

La misma voz sílaba ó reunión parece denotar que to- das constan de muchas letras ; y así es en general , miran-

REGLAS PARA LA LECTURA. 7

dosc como una escepion las sílabas llamadas simples ó for-. madas de una vocal sola. Todas las demás son compuestas de una vocal y de una ó mas consonantes, ó de dos ó tres vocales, que pueden también ir acompañadas de alguna ó algunas consonantes. Si liai en una sílaba dos vocales, de- cimos que forman diptongo ó sonido de dos vocales, y si tres, triptongo ó sonido de tres vocales.

En nuestro modo de pronunciar suena ccmo diptongo to- da reunión de dos vocales diversas, menos cuando pre- cede la a á la e ó á la o, ó bien la o á la a, porque enlón- ces formamos siempre sílaba con cada una de ellas. Resul- tan pues diez y siele diptongos, que son ai ó a;/ (esta y es una verdadera i vocal ; pero por un abuso ortográfico la escriben algunos en los diptongos al íin de dicción), ait, ea, ei ó ey, eo, eu, ia, ie, io, iu, oe, oi ú oy , oii, ua, lie, ui, ó iiy y uo. Los triptongos son cuatro, iai, iei, uai ó íiay, uei ó uey. Cuando alguna de las vocales lleva los puntos diacríticos, v. g. suave, viuda, forma sílaba por sí, y queda disucllo el diptongo ó triptongo. Lo mismo su- cede casi siempre que una de ellas está acentuada, como, creí, manía; menos en la segunda persona del plural del presento y futuro de indicativo y del futuro del sulijuntivo, en que se escribe andáis, oiréis , salgáis, toméis, siendo siempre monosílabas, ó de una sola sílaba, las terminacio- nes ais y eis. Al tratar de la acentuación en la Ortogra- fía, se pondrán otros casos menos frecuentes, en que tam- poco se disuelve el diptongo, por mas que lleve acento al- guna de sus vocales, como sucede en Cáucamo y período.

Por cuanto de la exacta división de las sílabas pende en gran parte la recta pronunciación, conviene saber, que si Lai una consonante entre dos vocales, se une, para formar sílaba, con la vocal que la sigue; si bai dos ó una con- sonante duplicada, va de ordinario la una con la vocal anle- rior y la otra con la siguiente; si tres, las dos se juntan con la vocal primera, y la otra con la segunda; y si cuatro, dos acompañan á la una vocal y las dos restantes á la otra. Ejemplos: a-se-gu-rar, doc-to, am-pa-rOj cons-ían-ie, obs-tar, cons-truir.

A la Ortografía pertenece especialmente la doctrina de los acentos; pero no pueden dejar de anticiparse aquí cuatro regias como indispensables para la lectura. Si no son tao

8 UEÜLAS PARA LA LECTURA.

conslaiitemente observadas como convendría, consiste en que no todos los autores siguen una misma ortografía , ni todas las ediciones son puntualmente exactas en pintar los accnlos,

-I a Se supone (¡ue el acento está en la penúltima, si la voz acaba por vocal simple ó por un diptongo cuya última vocal no sea la i; si es un nombre del plural, ó si es la per- sona de algún verbo terminada con n ó s; y en la última, siempre que la voz acaba por consonante ó por un dipton- go que lleva al fin la i. Así es que en alma, montes, da- mos, dieron, agua, serie, se sobrentiende el acento en la penúltima, y en adalid, ajuar, cairel, halcón, portugués, guirigai, Mulei, se pronuncia acentuada la última, por el mero hecho de no llevar acento estas dicciones.

23 Se espresa el acento, siempre que no se pronuncia la palabra con arreglo al canon que precede , y cuando el acento se halla en la antepenúltima, v. g. allá, árbol, es- tán, vendrás, efíjnero. l'sceptúanse de esta regla las dic- ciones aunque, porque y sino, las cuales, no obstante que son agudas en la última, dejan de acentuarse, por ser tan pocas, como frecuente su repetición en lo escrito.

53 También ha de pintarse, cuando las vocales que pu- dieran formar los diptongos ia, ie, io, ua, ue, no al íin de la palabra, no lo forman, sino que están disueltas, como en baldío, encía, continúo. Se omite sin embargo en las terceras personas del singular y plural del coexistente y con- dicional de indicativo de la segunda y tercera conjuga- ción {corría, correría, sentiayí, sentirian] , por ocurrir mui á menudo y suponerse siempre en la i de dichas per- sonas.

43 Cuando el acento está en la cuarta ó quinta sílaba antes del fin, se pronuncia otro en la última ó penúltima : doctamente, magníficamente, imputándosele , tráigase^ melé se pronuncian doctamente, magníficamente, impu- tándosele, tráigasemelé. Descomponemos propiamente es-^ tas vozes para pronunciarlas, haciéndolas entrar así en las reglas generales, lo mismo que si estuviera escrito, docta mente, magnífica mente, imputándose le, tráigase me- lé; con lo que no es necesario acelerar la voz ni suprimir vocal alguna , como en otras lenguas sucede.

Resulta de lo diclio, que la ortografía espaiiola , sin em-

REGLAS PARA LA LECTURA. 9

tarazar sobrado con acentos la escritura , espresa los nece- arios para que cualquiera, bien penetrado de lo que eo as precedentes reglas se establece , pueda leer sin diflcul- tad. Si en el siguiente pasaje de Cadalso en sus Cartas manuecas bubiéramos de señalar todos los acentos que la pronunciación pide, escribiríamos : Adoro esencia mi Criador: traten otros sus atributos. magnificen- cia, sú justicia , bondad llenan mi alma reveren- cia para adorarle, mi pluma orgullo pcira quererle penetrar. Quítense de este breve trozo los 52 acentos que lleva, y teniendo presentes los principios arriba sentados, se verá, que de todas las dicciones, las unas son monosílabas, como la , de 1 mi , sus , su , no , las cuales no pueden de- jar de pronunciarse acentuadas en la única vocal que tie- nen ; otras concluyen por vocal ó diptongo que no tiene la í al fin, y por lo mismo llevan el acento en la penúltima : tales son adoro, esencia, magnificencia, Justicia, alma, reverencia, para, adorarle, pluma, orgullo, quererle: Criador, bondad y penetrar acaban en consonante, por cuya razón se las acentúa en la última; y las demás, (jue son traten, otros, atributos, llenan, pertenecen á la clase de nombres plurales ó personas de verbos, es decir, que entran en la regla mas general de todas, que es la de su- poner el acento en la penúltima, si no lo bai espreso. Veamos ahora otro pasaje del mismo autor que dice : Por cada uno que se emplee en un arte mecánica, habixi un sinnúmero que están prontos etc., donde se hace preciso señalar el acento en las vozes mecánica, habrá, sinnú- mero y están, porque recae sobre una sílaba distinta de las que designa la regla general. De este modo la ortografía castellana representa casi siempre la verdadera pronuncia- ción, á pesar de ser pocos los acentos que espresa ; y no fue- ra malo que en todas las lenguas se adoptase el mismo sis- tema.

Las reglas que he dado aquí relativas á la división de las sílabas y á la acentuación , están sujetas á varias escepcio- nes que señalaré en la Ortografía, pareciéndome que basta inculcar estas nociones generales á los principiantes, sin abrumar su memoria con los casos raros y singulares. Asi- mismo debo observar, que los cánones de la acentuación van acordes con los que espongo en la Ortografía, los cuí»-

-rO PARTES DE LA ORACIÓN.

les se diferencian algo de los observados aun en las mejores ediciones.

Resta solo advertir, eu razón de que la ortografía actual es algo diversa de la que pocos años hace estaba en uso, que en casi todos los libros impresos antes de ^808, y en muchos de los que se han publicado después, la x tiene delante de las vocales la misma pronunciación fuerte que la y, á no ser que lleven aquellas una capucha ó acento circunflejo. De modo que antes se escribía dixo, luxo, xarabe, en lugar de dijo, lujo, jarabe; y para decir exi- gir, era necesario acentuar circunflejamente la i de este modo, exigir; distinción que seria superflua ahora, por tener siempre la x el doble sonido de a ó gs. La u tampoco era líquida en todas ocasiones después de la ^. como lo es al presente, sino solo cuando seguia á la u una i ó la e, de manera que las vozes cuanto, cuota, según ahora se escriben , se pronunciaban antes del mismo mo- do, no obstante que estaban escritas quanto , quota.

Con estas observaciones será fácil al discípulo compren- der el sistema ordinario y usual de la lectura de los libros castellanos : al maestro toca irle haciendo observar las po- cas escepciones que ocurran, á fin de que no contraiga ninguna pronunciación viciosa.

CAPITULO II.

DB LAS PVRTES DK I.A ORACIÓN EN GENERAL, T DEL NOMBRE EN PAR- TICULAR. — DE SCS HCMEPOS T GÉNEROS. DE LOS ADJETIVOS.

Puede simpliQcarse el número de las partes de la ora- ción, reduciéndolas á tres, á saber, nombre, verbo ^par- tículas; aunque de ordinario se cuentan nueve, por aña- dirse el articulo^ pronombre y participio, cuyos acciden- tes son los mismos del nombre ; y por especiücarse las par- tículas indeclinables, que son preposición , adverbio, in- terjección y conjunción.

Reputan por nombres los gramáticos las palabras que significan un ser ó una calidad, y que son susceptibles de números, casos y géneros. Si el nombre denota un en-

NÚMEROS DE LOS NOMBRES.

te é una calidad en abstracto, es susfcmtivo, porque nc necesita de que lo acompañe otro nombre espreso ni táci- .0, y puede subsistir solo en la oración, como lobo, valen- tía. Pero si caliíica á algún otro nombre, esplícito ó so- brentendido, se llama adjetivo, como carnicero, valiente, en animal carnicero y én soldado valiente.

Como al tratar de los números y géneros del nombre, ocurrirá hablar de algunas de las clases en que se divide, anticiparé aquí sus deíiniciones. Es nombre propio el que espresa la idea de un individuo determinado de cualquier especie, v. g. Mariquita, Mongibelo, Sevilla, Tajo. Apelativo el que abraza á todos los de la misma clase ó es- pecie, V. g. mvjer, monte, ciudad, rio. Colectivo d que signiüca la colección ó el conjunto de muchos indivi- duos semejantes que forman un cuerpo ó grupo , como multitud , pueblo , rebaño. Verbal el que derivándose de un verbo, espresa su acción como que se da ó se red- be, el efecto de ella, ó la aptitud ó imposibilidad de pro- ducirla : definidor, definición, definible son verbales del verbo definir. Simple el que consta de una sola palabra, como muñidor , posibilidad, ra:zon, sillita , sombrere- ro.— Compuesto el que se forma de dos ó mas dicciones, V. g. carricoche, pasilargo, desti'ipaterrónes, infiel, cor- revedile. — Aumentativo el que añadiendo ciertas termi- naciones al nombre simple de que se deriva, aumenta, ge- neralmente hablando, su signiíicado, como caballón res- pecto de caballo, y perrazo respecto Aa perro. El dimi- nutivo lo disminuye de ordinario, con la ayuda también de algunas tPrminaciones , según se nota en caballuelo, per- rito.

De los números.

Número es en el nombre la circunstaiicia de signifi- car las cosas ó sus calidades refiriéndole á un solo obje- to ( en cuyo caso se llama singular ] , ó bien diciendo re- lación á muchos, y entonces lo denominamos p¿?,íra/. Por carecer la lengua castellana, como casi todas las mo- dernas , de los casos , desinencias ó terminaciones que te - nian las antiguas, está reducida á dos la declinado <■' ■m§> BOPibreSj la una para «1 singular, y la otra para ¡i

12 NÚMEROS DE LOS NOMBRES.

plural. Únicamente los pronombres tienen verdaderos ca- sos, segua luego veremos. En el discurso de esta Gramá- tica llamaré casi siempre recto al caso que suele denominar- se nominalivo , objetivo al conocido con el nombre de acusativo, y oblicuos á los demás.

Fórmase el plural añadiendo una 5 al singular , cuando este termina por una vocal no aguda; ó bien toma la sílaba es, si acaba el singular por consonante, ó por las vocales a, i agudas, ó por algún diptongo (¡ue lleve también el acento agudo. Así decimos el libro, los libros; discreto, discretos; discreta, discretas; la mujer, las mujeres; cruel, crueles; el bajá, los bajaes; el tahalí, los taha- líes; el ai, los ayes; el buei, los bueyes; el convoi , los convoyes. Los pocos nombres que tenemos terminados por las vocales e, o y u con acento agudo, añaden solamente la s, como corsé, tupé; fricando, rondó; ambigú y tisú, que dicen en el plural corsés, tupés; fricandós, rondas; ambigús y tisús.

Esceptúanse de esta regla general mamá, papá, sofá y estai , cuyos plurales son mamas, pa^;fi5, sojas y estáis. Maravedí tiene dos plurales , maravedises y maravedís. Por igual analogía formó Cervantes los plurales cianiís y zoltanís de cianií y zolianí, monedas de los argelinos, y nosotros decimos bisturís y zaquizamis de bisturí y za- quizamí. La palabra lord^ tomada del ingles, dice lores y no lordes, y de val sale ral/es y no vales. Los plurales de flamen, virago y testudo son flámines, virágines y testúdines (Saavedra Fajardo dice las testudos), siguiendo la declinación latina, con la que se conforman igualmente los nombres acabados en x, si suena esta letra como doble, pues reciben en su lugar una c en el plural, como ónix , sardÓ7iix que bacen ónices, sardónices. Deberla seña- larse aquí como una escepcion , ortográfica cuando menos , que carcajes, relojes, cruces, voces etc. sean los plurales de carcax, relox, cruz, voz, si escribiendo carcaj, re- loj, cruzes y vozes, no se desvaneciera toda especie de anomalía ó irregularidad.

Los nombres que concluyen por s y llevan el acento en la penúltima ó en la antepenúltima, tienen el plural como el singular : el estasis, los estasis ; el tnártes, los martes. Lo mismo debe decirse de los apellidos acabados en z,

NU.IJEF.CS DE LOS !\OAinUES lo

cuyo acento no va en la última : Gutiérrez, Los Gniiérrez , Sánchez, los Sánchez; pero si es cualquier otro nombre, entra en la regla general : el alférez , los alférezes ; Guz- man , los Guzmanes. También los nombres compuestos, cuyo segundo simple está en plural, terminan en este nú- mero de la misma manera (¡ue en el singular, como el ó los besamanos , el ó los sacabotas, %in ó unos azotaca- lles, un ó unos lameplatos. Debe pues mirarse como con- trario á la buena gramática el plural guardupieses que muchos usan, y prefiero por igual analogía decir traspiés y no traspieses, por mas que se bulle así en Qnevedo, Cer- vantes y otros.

Hai compuestos que forman su plural con los plurales de ambos simples, según se advierte en casamata, gentil- hombre, mediacaña, ricohome ó ricohombre , que dicen casasmatas, gentileshombres , mediascañas , ricoshomes y ricoshombres ; y algunos solo ponen en plural el primera de los componentes, como hijodalgo, cualquiera, quien- quiera , cuyos plurales son hijosdalgo , cualesquiera , quienesquiera. Pero lo general es dejar invariable el pri- mero y tomar el plural del segundo de los dos nombres que entran en composición, según se ve en aguachirles, bar- bacanas, falsabragas, padrenuestros , vanaglorias ; y de seguro así se verifica en todos aquellos, -en que recibe la mas mínima variación cualquiera de los componentes, v, g. calofríos, cuellilargos , dentivanos, gallipavos , leopar- dos, pelicortos, rectángulos ; ó si alguno de ellos es un verbo, como misacantanos , papahígos , pararaijos.

Carecen generalmente de número plural los nombres pro- pios de personas, Antonio, Irene; de las partes del mun- do, Europa, Asia, de reinos, España, Inglaterra; de provincias, Aragón. Estremadura; de ciudades, Cádiz, Sevilla; de mares, Mediterráneo, Océayio ; de rios. Man- zanares, Pisuerga ; de virtudes mentales y corporales, ca- ridad, robustez; los de significación abstracta, codicia, destemplanza-, pereza, pobreza, si bien esperanza se halla en el plural en las frases , Alimentarse de esperan- zas; Dar esperanzas ; Ver frustradas sus esperanzas, y otras; algunos de los colectivos, infantería., plebe; los de ciertos frutos, como arroz, canela, miel, trigo, vino, aunque estos no dejan de usarse una que otra vez en el nu

2

14 NÚMEROS DE LOS NOMBRES.

mero plural, como cuando decimos, Echar por esos trigos de Dios; Se ven unas cebadas tnui lozanas este año; Los azúcares escasean; Las mieles están caras, y Mari- tornes dice en el Don Quijote : Que iodo eso es cosa de mieles; los de profesiones, ebanistería , jurisprudencia ; de metales, oro, plata; y algunos otros, como/a7«a, ham- bre, poderío, sangre, sed, etc. Sin fallar á este principio gramatical ni á la medida del verso, hubiera podido decii D. Leandro i\Ioratiu en el romance Mas vale callar ,

l No será de tanto monstruo La cólera provocar?

pues cólera, como nombre de significación abstracta, no me parece bien pluralizado , y también me disuenan alti- vezes y caridades, aunque se encuentran en autores de nota. Tampoco tienen plural los adjetivos ni los infinitivos de los verbos, cuando unos y otros se toman en un sentido sustantivo, v. g. Lo conveniente , lo provechoso , el pa- sear.

Hai por el contrario otros que solo tienen este número, ' que son los notados al pié (*), y algunos, cuyo significado es enteramente diverso en cada niimero, como algodones y cendales, que denotan los que se ecban en el tintero ; es- posas y grillos j especies de prisión; panes, sinónimo de

{*) Los nombres usados solo en el plural son : Absolvederas, adentros, a- divas, adrales, afueras, aguaderas, aguajas, ajuagas, albricias, albures, alcamonías, alicates, alrededores, aihbiges I a,nl.), andaderas, andas, andiü arios , andurriales , anexidades , angarillas , antiparras, añicos , aproches, arraigadas, arras, arrastraderos, asentaderas, atriceses, bár- tulos, bicos, bizazas, bragas, cachas, cachetas, caderillas, calzoncillo.^ cargadas, carnestolendas, carlibanas, cepilladuras, comicios, comple- tas, comptos (antic. ), contraaprorhes , coníraarmiños, contraataques , cónyuges, corbus, corvejos, cosquillas, creces, cháncharras máncharras, chafes, dares ij tomares , despabiladeras , despachaderas , despinzas o despinzes, dimes tj diretes, dimisorias, dolamas ó dolames, efemérides, enaguas, enseres, entendederas, entrepanes, entrepiernas, escurriduras ó escurrimbres , ctpensas , esplicaderas , esponsales , exequias, fasces, fásoles , fauces , follados ( ant. ) , fórfolas , gachas, gañiles , grafioles, granzones , grasones , greguiscos, (¡ropos, guadafiones , herpes, idus , ínfulas, lares, largas, lavazas, livianos, llares, maitines, manes, mea- dos, mementos, modales, nonas, nuégados, nupcias, palomaduras. Pan- dectas, pañetes, parias, parrillas, pediluvios, penates, pertrechos, pin- zas , poleadas, posaderas ¡preces , predicaderas, puches, quipos, ras- quetas, rosones, semejas, setenas, sobreeruzes, súuiulas, támaras, tar- reñas, termas, testimoniales, tinieblas, irébebes, utensilios, velambres [múcuado por velaciones), vísperas , víveres, zaragüelles, zarandajas. y algún otro de poco uso.

DE LOS GE.NEROS.

mieses; partes, que lo es de prendas ; selos , que signi- fica la pasión de la desconíianza amorosa etc. etc. Ya se entiende que carecen de singular lodos los nombres , cuyo signiOcado no les permite mas que tener plural, como los numerales cardinales después de íino, v. g. dos, tres, cuatro etc., y los adjetivos ambos y sendos. Por esta regla debe decirse veintiún reales , y no veintiún real.

Conviene advertir que los nombres que designan cosas únicas en su especie, y parece por lo mismo que no pueden tener sino singular, se emplean también en plural, cuando ó se alude a dos regiones que tienen una denominación co- mún, como l<is Américas, las hispanas, las dos Sicilias. el emperador de las Rusias, las Andalucías, las dos Castillas etc. ; ó el discurso nos fuerza a usar de la voz en el plural. Sirvan de ejemplos : Nadie dice que haya mu- chas lunas ; Todos saben que la población de Madrid equivale á la de tres Zaragozas ; Durante el reinado de los Felipes.

ftiuclios nombres, verdaderos plurales, son considerados como del número singular, porque designan un pueblo solo. Por esto decimos, Cieíipozuélos es de la provincia de Ma- drid, Las-Arcos períenece á la de Navarra, y Dos-Bar- rios está en la Mancha.

De los géneros.

El sexo del animal representado por el nombro, consti- tuye su género masculino ó femenino (*) , según que es

(*) No hahlo aqui sino de dos géneros, porque ni reconoce otros la na- turaleza, ni tendría que tratar mas que de ellos la gramática catellana, á no exisrir el articulo el, la, lo, el pronombre el, ella, eilo, y los adjetivos alguno, aUjiinn, algo; aquel, aquella, aquello; aquese^quesa, nqueso; aqueste, aquesta, aquesto ; este , esta, esto; tiingmin, ninguna, nada, ios cuales están dotados de una tercera terminación del género neutro, ó que no es ni masculino 7ii femenino. El neutro mas bien que género, es ausencia ó falta de género. Pueden mirarse también como del género neu- tro los adjetivos sustantivados, v. g. Lo débil del muro; lo mas recio del combate;

jAí cuánto {^qne cantidad) de dolores^ Cuánto de inal al pecadoi- insano Le espera I

Carvajal, Salmo 3 I .

Y a estos adjetivos no puede agregarse ningún nombre sustantivo , por ¡o aaisnio que llevan embebida su ¡dea. Son igualmente ncnivos cual, otro.

16 Dli LOS GÉNEROS.

macho ó hembra , ó seguu que se le considera gramaticaW mente por de este ó del olro seso. Perro es del masculino. y por tanto le unimos el artículo masculino el y la termi- nación masculina del adjetivo lijero. Luego si hablando de un navio, digo el navio lijero, por mas que navio no ten- ga en realidad sexo alguno, conozco que so le atribuye el género masculino gramático, por cuanto le cuadran bien el artículo y las mismas terminaciones de los adjetivos que á los animales de diclio género. De donde se infiere , que á no haber artículos y adjetivos con diversas terminaciones, seria fatiga inútil conocer el género de 'los nombres, que ahora nos es indispensable averiguar, tanto por su signifi- cado, como por su terminación.

En razón de la significación

Son masculinos, V Los nombres propios y apelativos de los varones (v. g. Antonio, hombre); los que denotan sus ocupaciones, profesiones, destinos ú oficios (alcoranista^ anacoreta, atleta, cónsul, ebanista, maestrescuela, pa- pa, poeta, polichinela, profeta, sastre, trásfuga); ó sus grados de parentesco [padre, suegro); los nombres que significan la nación, casta, orden religiosa ó secta á que pertenece el individuo del sexo masculino de que se trata, como carmelita, cisíercie7ise, escriba, iconoclasta, is- maelita, jesuita, paria; y los que designan animales ma- chos, V. g. león, mono, menos haca ó jaca, caballo pe- queño, que es femenino por su terminación.

Son también masculinos los nombres de rios ( Gua- diana, Turia), siendo femeninos tansolo Esgueva y Huer- va, que muchos hacen ya masculinos. Pertenecen igual- mente al género masculino los nombres que significan los meses del ano (enero, abril, setiembre); los de montes y volcanes {Cáucaso, Etna), y los de vientos (levante, po-

que, tal y todo en ciertos casos, y en general todos los adjetivos que acom- pañan á oíros nombres neutros", como, Esto es cieno; aquello es malo , según lo esplica Clemencin en las páginas 16 y 47 del tomo 3o y en la 266 del de su Comentario al Don Quijote. Siendo solo de notar que el géne- ro neutro nunca se aplica en castellano á palabras que representan indivi- duos 6 cosas materiales, sino ideas morales ó abstractas; y que es prirati- TO del número singular, pues jamas hallamos en el plural ninguno de los usos 6 terminacioucs peculiares que le acabamos de señalar.

DE LOS GÉNEROS. 17

niente. sur), con la sola escepcion de brisa y tramontona, qiíe son femeninos.

Los propios y apelativos de las mujeres [Beatriz, mujer), los que signilican sus dignidades, ocupaciones y oücios [emperatriz, cocinera), y sus grados de parentesco (nuera, sobrina), son femeninos, como también los nom- bres de las hembras de los animales [leona, mona).

Se esceptúan de estas reglas los nombres epicenos, es decir, los Cjue comprenden ambos sexos bajo una misma terminact/on , porque esta es la que respecto de ellos da á conocer su género, según lo haré ver después. Así milano, ^acre son masculinos, y paloma, rata femeninos, bien se hable del macho ó de la hembra de estos animales. Ilai con todo algunos que bajo una sola terminación son comunes , esto es, masculinos ó femeninos, según que se refieren á un individuo de aqíiel ó de este sexo, v. g. ánade, llama (un animal); y lo propio sucede con los que no de- signan una clase ó especie, sino alguna circunstancia ó ca- lidad aplicable á las personas de ambos sexos . tales son camarista, comparte, compatriota, compinche, cóm- plice, consorte, cultiparlista, dentista, homicida, he- reje, indígena, intérprete, mártir, sirviente, testigo, virgen. Ciertos nombres plurales masculinos signilican complexamente á los hombres y las mujeres, como los con- des, los duques, los hermanos, los padres, los reyes, les tios etc., con que solemos denotar al conde y á la condesa, al du ¡ue y a la duquesa, á los hijos é hijas de unos mis- mos padres, al padre y á la madre, al rei y á la reina, y á los tios de ambos sexos. Pero eslo no tiene lugar en los nombres apelativos de deslinos ó empleos, como los alca! des, los jiiezes, los regidores, porque con ellos solo si:; nificamos á los sugetos que desempeñan estos oficios; y nunca á sus mujeres, que son la alcaldesa, la mujer del juez y la regidora respectivamente.

Los nombres propios de reinos, provincias, ciuda- des, villas etc., son femeninos, siempre que acaban en a; pero los que tienen otra termiuacion son generalmente mas- culinos: Salamanca quedó desierta; Toledo está sitiado; Madrid estaba alborotado ; Carabanchel es diverlido. Si alguna Tez se hallan usados como femeninos los nombres

de ciudades, viMas etc,. que no terminan en a, es por so-

18 DE LOS GÉNEROS.

itrcii tenderse los nombres región, provincia, ciudad efe, romo sucede cuando se dice, Toledo fué combatida , Ma- drid abandonada , que es lo mismo que si dijéramos, La ciudad de Toledo fué combatida, la villa de Madrid fué abandonada. .

En los nombres de ciencias, artes y profesiones se sigue la misma regla, de ser masculinos los acaíiados en o, y femeninos los demás : por eso pertenecen a la pri- mera clase derecho, dibujo, grabado, y á la segunda car- pintería , jurisprudencia, equitación.

Los nombres de las figuras de gramática, retórica y poética son todos femeninos, v. g. la silepsis, la sinécdo- que; menos los acabados en o ó en on de origen griego, como el pleonasmo, el polisíndeton. Si se encuentra al- guno de los en oji usado como femenino, ó es latino, v. g. ¿a csclamacion, la interrogación . ó se sobrentiende Ja vú'áhvdi figura. Análisis é hipérbole son ambiguos ó dudosos, es decir, que se pueden usar en ambos géne- ros. Lo mismo puede entenderse de énfasis y epifonema , que hacen masculinos algunos respetables escritore;. En Viera [Noticias de las islas de Canaria) bailo ademas á , hipótesis masculino en la pág. 53 del tomo I, y femenino dos páginas mas adelante; y catástrofe es también mascu- lino en la pág. 77 del tomo IL A pesar de ser recomen- dable la autoridad de Viera, no rae atreverla á usar nin- guna de estas dos vozcs sino como femeninas. Climax es en mi sentir del género masculino.

Los nombres de las letras del alfabeto son feraeni- rios, por entenderse la palabra letra: la a, la b etc, ; mientras los de las notas músicas son masculinos, por re- ferirse á la voz signo ó tono: el do, el re etc.

Hemos visto en las reglas 5% ^•', 5^ y 6=» de las prece- dentes, que muchas vezes no basta conocer Ja significación de las palabras, para determinar su género, sino que es necesario recurrir á la terminación , la cual señala el gé- nero del gran número de las que no están comprendidas en las clasiílcaciones que anteceden. Pasemos pues á hablar de la influencia que tiene la ternñnacion en el género de los nombres.

DE LOS GÉNEROS. 19

En razón de la terminación. Regla única. Son femeninos los acabados en a (*j y en

(*) Se escepU'ian adema , agá , albacea , bajá , camarada [ en las acep- ciones en que ahora se emplea), dia, oxea (aní. ), guardacosla, guarda- vela, maná, mandria , papá, sofá, tapaboca, tenia, viva; y unas pocas ?Ozes mas, que si bien son calellanas, no lienen un uso mui frecuente. Me- léndez iiacc también masculino á alcorza en la oda De la nieve , que es la XLVIl del lomo primero de la última edición :

Y alcorza delicado parecen en el brillo;

pero esto pudiera ser yerro da imprenta. Son igualmente masculinas casi todas las tomadas directamente del griego, que son muchas, como argo- nauta, clima, déspota, dilema, dogma, idioma, monarca, sofisma, etc.

Albalá (según Clcmencin, pág. 210 del tomo 5" de su Comentario, es mucho tiempo hace usado como masculino por nuestros escritores), ana- tema, centinela, cisma, crisma ( este es mas de ordinario masculino), em- blema , epigrama , espia (la persona que está en acecho por encargo de otro), guia (el que enseña el camino) , hermafrodiía, Itíbrida, lengua (el intérprete), maula ícl que es artilicioso ó petardista), nema, neuma y rea- ma tienen ambos generes. En igual categoría coloca la Academia á diade- ma en todas las ediciones de su Diccionario; pero al presente lo hacemos siempre femenino. Águila por un pez de este nombre es masculino, y en todos sus demás significados femenino. —ylro?n« es masculino como nom- Lre genérico de las gomas, yerbas etc., que despiden un olor fragranté, aunque algunos lo hacen femenino. Es indisputablemente de este género, cuando designa la flor del aromo. Atalaya , por el hombre que está ala- layando, es masculino; y femenino en las demás acepciones. Aunque centinela no tiene mas género que el femenino en el Diccionario de la Academia, lo creo masculino, si designa al soldado que está de centinela.

Cólera, por la enfermedad que nos ha venido del Asia, se usa como masculino, por sobrentenderse morio, y aun á vezes se diceeZ cólera-mor- bo. — Cometa, cuando significa un cuerpo celeste, es masculino ; y cuando la armazón de cañas y papel, ó un juego de naipes, femenino. Consueta es masculino donde equivale á apuntador de la comedia ; y femenino, donde es el añalejo, ó bien en plural, ciertas conmemoraciones del oficio divino.

Contra, en el sentido de lo contrario á lo que alguno dice ó hace , es masculino, v. g. Defender el pro y el contra; y femenino, 6 á lo menos ambiguo, cuando en el lenguaje familiar equivale á contradicción, obstá- culo ó dificultad, V. g. La contra que eso tiene, pues liai quien dice , El con- tra que eso tiene. Como tecla del órgano es femenino. Corbata, por el adorno que se pone al rededor del cuello, sigue el género de su termina- ción ; y es masculino por el ministro de capa y espada, y por el que no si- gue la carrera eclesiástica ni la de toga. Cí/ra es masculino equivaliendo á párroco ó sacerdote. Chirimía es femenino, cuando sig-nifica un instru- mento músico; y masculino, cuando se refiere al que lo toca. Fantas- ma es maculinoen todas sus acepciones, menos la de espantajo. Fara- malla por enredo es femenino, y por el enredadores mascuiino. Ga- llina por corbarde me parece común, y no femenino, como lo pone la Aca- demia. — Guarda es común, si denota la persona que está encargada de la conservación 6 cuidado de alguna cosa; y femenino en todas las demás acepciones. Guardia es masculino, si denota al soldado de las compa- ñías de guardias de S. M. ; y femenino , cuando espresa el cuerpo de gente armada que defiende algún puesto ó persona, ó la misma custodia ó guardia

20 DE LOS GÉNEROS.

í/■(^). Los que tenninan de cualquier otro modo, son de genero masculino (2). Por esta misma regla son mascu- linos todos los nombres que solo tienen plural , si este no

hecha por esla gente. Justicia es masculino significando el magistrado mayor que habia en Aragón, 6 siendo sinónomo de alguacil mayor ; en cuyo sentido está ya anticuado. Levita, por el diácono 6 el qufi pertenece á la tribu de Leví, es masculino ; pero cuando significa una especie de vestido de los hombres, es femenino. Llama es del género femenino : solo cuando significa el cuadrúpedo de este nombre de la América meridional, entra en la clase de los comunes. Mapa por carta geográfica es mascu- lino; y femenino en el lenguaje familiar, por escelencia 6 ventaja en cual- quier ramo. Algunos anteponen los arliculns masculinos á nada y no- nada , diciendo, Vn nada, un nonada; pero es mas seguro hacerlos feme- ninos. — Sipagoda es masculino, como lo sienta el Diccionario de la Aca- demia , será significando el sacerdote que sirve en la pagoda , ó el idolo de la misma; pero por el templo, no puede dejar de ser femenino. Plane- ta, como cuerpo celeste, es del genero masculino; y del femenino, como una especie de casulla.— Posta es masculino en la acepción del que la cor- re. — Recluta , por el soldado que ha sentado voluntariamente plaza, es masculino ; y femenino , siempre que significa el reemplazo de tropa. Salvaguardia solo es masculino en el sentido del guarda que se pone á al- guna cosa; y en todos los demás lo creo femenino, por mas que la Acade- mia diga otra cosa en su Diccionario. Sota, denotando el subalterno ó segundo de alguno, es masculino ; y como una figura de los naipes, fe- menino. — Tema, como proposición 6 asunto de un discurso, está dolado del género masculino; y del femenino, significando obstinación 6 manía. Trompeta, instrumento de guerra, se distingue de la persona que lo toca, en que el primero es femenino, y el segundo masculino. Yista, solo cuando designa al que tiene el empleo de tal en las aduanas, es masculino, y zaga lo es también únicamente significando el postrero en el juego.

{i) Son masculinos adalid, alamud (ant.), almud, ardid, áspid, ataúd, azud, césped, huésped, laúd, sud y talmud.

(2) Son tantas las terminaciones de los nombres del género masculino, y tan crecido el número de las escepciones que algunas comprenden, qui- es necesario, para la debida claridad, tratar de cada terminación por sepa- rado.

De los nombres acabados en e.

Son femeninos adutaaue ( ant.). aguachirle, alache, alarije , alaude , aljarfe, alsine, anagálide, ave (por pájaro), avenate, azumbre, bar- barie,base, breve (nota de música), cachunde, calvicie, calle, capelardente (ant.), cariátide, carne, catástrofe, certidumbre, cicloide, clámide (ant.), clase, clave (en todas sus significaciones, menos en la de clavicordio), cle- mátide, cohorte, cornpage, congerie, consonante (hablándose de las le- tras que lo son ), corambre, corriente, corte ( en el sentido de residencia del monarca, de comitiva y de obsequio ), costumbre , coze (ant.), crasi- cie (ant.), creciente (no significando uno de los cuartos de luna, ó una de las figuras de los escudos de armas), crenche (ant.), cumbre, chinche, descendiente (ant. por bajada), dulcedumbre, efigie, egílope, elatinc, elip' se, enante, epipáciide, eringe, escorpioide, esferoide, especie, esiacte, estirpe, estrige, eíiópide, falange, falce, fambre ó fame (ant.»), faringe, fase, fe, fiebre, frase, fuente, galactite, ganapierde, gente, grege fant.), grinalde, hambre, hélice, hemorroide, hermionite, herrumbre, hipochtide, Uipocrene, hojaldre, /io.5íe(ant. ), /loit (ant.), hueste, Índole, ingle, in- temperie, isátj'jge, jíride, jugue, labe (poco usado), landre, lápade, la' ringe, laude, leche, legumbre, libredumbre (anl.) , liinpiedumbre [zní.),

DE LOS GÉNEROS. 21

acaba en as : los bofes , las angarillas. Sin embargo son masculinos afueras y cercas, término de los pintores, y fe- meninos anexidades , creces, efemérides , escurrimbres,

liebre , liendre , lite , lumbre , llave , madre , mansedumbre , menguante (menos cuando se habla de los cuartos de la luna), mente, mese (ant.), míenle [ant.], mole, molicie, monóstrofe, muchedumbre, muerte, mugre, nave, nieve, noche, nube, olimpfade (anl.), onique, opopona( e, palu- de (ant.1, pánace, paralaje, paraselene, parle (es masculino, cuando sig- nifica el correo eslraordinario 6 el despacho que lleva ) , palé , pniente , petde, pelitre, pendiente (es masculino, si denota el adorno de las orejas), péplide , perdurable , pesadumbre, peste, pirámide, píxide , planicie , plebe, pléyade, podre, podredumbre , progenie, prole, quejumbre (ant.), quiete, raigambre, salsedumbre, salumbre, salve (una oración á la Virgen santísima), sangre, sanie, secante (en geometría), sede, serie, semibreve, servidumbre, serpiente, sierpe, simiente, sirte, sucedumbre (ant.), suerte, superficie, tangente, tarde, léame, teamide, techumbre, temperie, tilde (por cosa mínima), tingle, torce, torre, trabe, troje, ubre, urdiembre 6 urdimbre, vacante, variante, várice, veste (ant.), vislumbre, vorágine, y unas pocas vozes mas, facultativas todas ó mui poco usadas. Ceraue, do- te, estambre, hipérbole, moje, pringue, puente, tilde (la virgulila sobre las letras), tizne y trípode son ambiguos : vinagre es femenino en el ha- bla familiar déla provincia de Madrid, como azeite en la de Valladolid ; mas los escritores los hacen constan-temente masculinos. Arte en el singular lleva sipn>prc el artículo masculino : el arte, aunque los adjetivos que se le unen, pueden ser masculinos ó femeninos : en plural es femenino, cuan do junto con un adjetivo denota ciertas profesiones ó ramos , como las ar- tes mecánicas , las bellas arles, las artes liberales; pero en los demás casos se usa de ordinario en el género masculino, v. g. Los artes para coger pezes , los artes de la gramática y de la retórica. Por mas que corriente sea del género femenino, se dice dejarse llevar del corriente ó de la corriente; circunstancia de que se aprovechó Meléndez para poderlo usar como masculino en la oda De unas palomas, que es la XIII del tomo primero :

Y a! corriente se entresja que la va en pos llevando.

Cuando digo, En mi anterior del día 22 del corriente, no es ya sustantiva esta i)alabra, sino adjetiva, pues se sobrentiende mes. Estravaganie, por raro ó ridículo, es masculino; y femenino refiriéndose á las (Jonstiiuciones pontificias. Frente es femenino, menos cuando significa la fachada, el objeto delantero ó esterior de una cosa, por ejemplo, el frente de U7i edi- ficio, el frente de un batallón, estar ó ponerse al frente deunnegocin ó de una empresa. Sin embargo, Quintana dice hacia el fin de la Vida del Gran Capitán : El Gobierno á cuya frente estaba el duque de Alba. Lente Qs ambiguo, y no común, según equivocadamente se le designa en la novena edición del Diccionario de la Academia. mimbre por la mim- bw;ra es femenino ; y masculino , si denota las varitas que produce. iíoje es, según el Diccionario, masculino y femenino. Postre es femeni- no en la frase adverbial d la postre.

De los acabados en i.

Son femeninos graciadei, grei, lei, espicanardi, palmacristi , y lodos nombres derivados del griego, que tienen el acento en la pentiltima 6 antepenúltima, como dicsi, diócesi, metrópoli, paráfrasi.

22 DE LOS GÉNEROS,

fasces, fauces, hespérides, hiades, hipocré7iides, llares, preces , testimoniales . trébedes y velambres por velacio- nes. — Modales y puches se usan indistintamente en uno y otro género. Pares es masculino, meaos cuando equi- vale á placenta.

De los acabados en j ,

Los cuales se escribían antes con x, solo hai uno femenino, que es troj.

De los acabados en 1.

Son femeninos algazul, cal, capital (la metrópoli), cárcel, col, cordal, docretalyhiel miel, pajarel, j/asioral, piel, sal, señal j vocal {[í letra). Cariares masculino, cuando significa los de navegación, 6 fisuradamente el medio por donde se sabe, coiisigue 6 indaga alguna cosa, o los conduc- tos por donde circulan la sangre y oíros humores del cuerpo : en las demás acepciones es femenino. Moral es del género masculino designando un árbol de este nombre ; y del femenino, cuando significa la facultad que trata de las buenas costumbres, ó la conducta del que las tiene. Sal es usado como si fuera ambiguo, cuando va acompañado del adjclivo amoniaco y no lleva artículo, v. g. Una buena dosis de sal amoníaco ó amoniaca; pero con el artículo solo tengo por bien dicho, La sal amonlaccu

De los acabados en n.

Son femeninos los verbales en on que se derivan de nombres ó verbos que existen en nuestra lengua, 6 están tomados de nombres latinos en io también del género femenino.,A esta clase pertenecen armazón (como voz de car- pintería, 6 significando la acción y efecto de armar), barbechazón, binazon, cargazón, cavazón, clavazón, oración, palazon,poblac on, propensión, segazón y trabazón, que vienen de armar, barbechar, binar, cargar, ca- var, clavar, orar, palo, poblar, propender, segar j trabar; v complexión, condición, jurisdicción, ocasión, polución , religión y razoñ, que no son otra cosa que el complexio , conditio , jurisdJclio , occasio, pollnlio , re- bgio yraiio con terminaciones castellanas. Hai con todo unos cuantos ver- bales derivados de verbos castellanos, que son del género masculino ; pero nótese que es mui raro el que acaba en ¡o?; (terminación casi exclusiva- mente del género femenino), y que tienen de ordinario una fuerza aumen- tativa, como se advierte en apretón, arañan, empujan, encontrón, estru- jón, forcejón, limpión, resbalan, reventón, salvicon, trasauilon y al- gún c^l^o Hai sdenias estos pocos nombres lermmarios en n ael género fe- menmo: aciOH, arrumazón, cUn 6 cj-jii, dtasen, heren, imagen, ploma- zon, sartén, sazón y sien. A margen lo da por ambiguo Jovellános en los Rudimentos de gramática castellana , y también la Academia en la oc- tava edición de su Diccionario; pero esto necesita aclararse para evitar to- da equivocación. Este nombre es siempre femenino en plural , y no deja de serlo en singular sino cuando significa el margen de un libro ; y aun en- tonces es masculino solamente respecto del artículo definido que lo pre- cede, y no respecto de los adjetivos que se le juntan , pues decimos , Al margen de! volumen, y, El torno está escrito á media margen. Orden^ en la significación de la colocación, clase, serie ó sucesión de las cosas, o del sacramento de este nombre, es masculino; pero si denota el decreto c mandato de una autoridad, el estatuto de algún cuerpo ó el mismo cuer-

f)0 , es femenino. Se dice por tanto. Dio entonces S. Sí. la orden , para que as Ordenes militares se colocasen según el orden acostumbrado, deján- dose preceder de las religiosas, y mucho mas de una orden tan esclarecida como la de santo Domingo. Con todo en la vida de Hernán Pérez del Pul-

DE LOS GÉNEROS. 23

Obssrí'aciones generales.

Todos los compuestos conservan el género de su segundo simple, si este se baila en singular : por cuya razón son fe- meninos-a^/warn/e/, ceropez, contrahaz, portabandera, tragaluz-; y masculinos archilaud, guardacantón, porta- fusil y gloriapatri , pues patri es de este género, por en-

gar, escrita por Martínez de la Rosa , leemos á la pág. 11 : Caminar en bue- na orden; loque de ningún modo debe disimularse. No puedo mirar sino como una inadvertencia, que el académico que puso la ñola de la página XXIX del prólogo al tomo segundo de las obras de Moralin (edición de Madrid de 1850), dijera : Y , solo se reciben de los órdenes religiosos lec- ciones de piedad etc. Lo mismo digo de este otro pasaje de Quintana en la Vida de Fr. Itartolomé de las Cusas: Se hizo religioso de aquel orden en el año de 1522. Acaso lo dirá así el autor de quien estractó esta noticia.

De los acabados en o.

Solo se esceplúan mano, nao y testudo, que son femeninos. Pro tiene ambos géneros en el significado de provecho ó utilidad^ v. g. Buen pro ó buena pro te haga; aunque ahora es mas corriente lo ultimo. En ei sen- tido de la preposición latina pro es siempre masculino, pues solo decimos, Defender el pro y el contra.

De los acabados en r.

Son femeninos bezar, bezoar, flor, labor, mvjcr, segur, zoster, y tres 6 cuairo mas de mui poco uso. Mar es ambiguo, si bien sus compuestos bajamar, pleamar, estrellamar etc., s(fn femeninos; pero unido álos nom- bres adriático, caspia, mediterráneo, negro, océano etc., es precisamente masculino. Cuando se junta con adjetivos de dos terminaciones, valdrá mas hacerlo masculino, como ?)iar borrascoso, alborotado; pero con los de una, disuena menos la mar bonancible, bramante etc. ^lítírfl?-está ca- lificado equivocadamente de común, y no de ambiguo, en el último Dic- cionario de la Academia, la cual prefiere el gínero femenino, cuando de- fine las diversas clases de azúcar. S>in desconocer la autoridad de este cuer- po ni la de los muchos que dicen azúcar blanca, refinada etc., yo h'íigo siempre á azúcar del género masculino , único que le dio la misma AcaiJe- mia en su primer Diccionario, y único que le dan todos en plural, pues na- die dice las azúcares, y pocos la azúcar, sino el azúcar.

De los acabados en s.

Son femeninos aguarrás, colapiscis, lis, litis, macis, mics,onni¡uilc-i. polispastos, res, séxcims, tos, vínns (en todas sus acepciones), y los nom- bres que llevan el acento en la penúltima ó antepenúltima, que son loma- dos casi todos de la lengua griega, v. g. bilis , monopásios , parínesis , tisis. Esceptúanse Apocalipsis, estasis. Génesis, herpes { si no me equi- voco en creer que puede usarse en el singular). Iris, paréntesis y algún otro, que son masculinos, y cutis y análisis, que son ambiguos, líluchos hacen también á énfasis del género masculino

De los acabados en u.

Puede decirse que solo trihn es femenino , aunque Marina, imitando á nuestros antiguos escritores io ha eiPiílcado como masculino. Son tans-

24 DE LOS GÉNEROS.

írar en la regla general de los acal)ados en i. Pero si el se- gundo de los simples está en plural, los compuestos toman el género masculino, según es de ver en cortaplumas, deo- grácias, escarbaoréjas , mondadientes , portacartas , sa- cabotas y tragaleguas; y con mayor fundamento se da es- te género á las vozes que denotan empleos ú ocupaciones peculiares de los hombres, v. g. guardacabras , guarda- jóijas, quitamanchas y sacamuélas , pues en este caso, aun cuando el segundo simple esté en singular, debe ser masculino el compuesto en razón de su significado ( Véase la pág. ^6), como en maestrescuela. Sin embargo guarda- vela y tapaboca son masculinos, y á sacafilásticas lo su- pone femenino la Academia en su Diccionario, tal vez por llevar embebida la idea de aguja. Cuando los nombres son aplicables á imo y otro sexo, se hacen comunes, según su- cede en un ó una azotacalles ., un ó tina desuellacaras. Esceptúase chotacabras , nombre de un pájaro, que es femenino. Contrapeste es masculino, por estar compren- dido en la idea general de remedio. Hallo á descubreta- lles (ant.) en el Diccionario de la Academia como del géne- ro femenino. Guardamano , pasamano y trasmano son masculinos para conformarse con el género común de los acabados en o , y lo mismo sucede con pasacalle que es del género ordinario de los terminados en e, y no del peculiar de calle. Guardaropa es femenino significando la oficina destinada á custodiar la ropa; y masculino, si se aplica al sugeto que cuida de dicha oficina , ó al armario donde se guarda la ropa. Veo que Jovellánós usa varias vezes a tor-

bicn del género femenino mu, equivalente á sueño, y pu á escrcnicnto vozcs peculiares del lenguaje familiar.

De los acabados en x.

Tampoco hai mas que uno femenino, que es sardónix. No tengo incon- veniente en dar el mismo genero á ónix , por mas que la Academia lo hace masculino.

De los acabados en z.

Son femeninos cerviz, cicatriz, codorniz, coz, cruz, choz, faz, fohíz, foz ( anlic), ha: ( la cara ó la tropa ordenada ) , hez, hoz, lombriz, luz, ma- triz, nariz, nuez, paz, perdiz, pez (no signiGcando pescado), pómez, raiz, sobrepelliz, tez, vez, voz, y lodos los que denotan alguna propiedad o calidad, como altivez, doblez, niñez, sencillez, vejez eic.:Y><^TO doblez €n els:iil¡i!o tic. pliegue es masculino. Portapaz es ambiguo.

DE LOS ADJETIVOS. 25

ñapunta como masculino en el Elogio de D. Ventura Ro- dríguez , aunque la Academia le señala el género femeni- no. — Trasluz es por fín masculino separándose del géne- ro de luz.

Los aumentativos y diminutivos guardan el género del nombre de su origen : gozquecillo y leonazo son masculi- nos por serlo gozque y león. Entiéndese que no lo lia de impedir su terminación, pues esta hace que los acabados en e, in "^ on sean masculinos, y los en a femeninos, no obstante el género de los nombres de que se derivan, como lo vemos en pipote, peluquín, callejón y cortezon, que vienen áe pipa, peluca, calle y corteza, y en dcstraleja y moquita que salen de destral y de moco. No obstante lo dicho, cálvela., diminutivo de calvo., es masculino, si no hai yerro de imprenta en la última edición del Diccionario, y debe leerse calvete, según se halla en la primera.

De los adjetivos.

Los adjetivos tienen en general una ó dos terminacio- nes. Si acaban en o, ele ú ote, mudan la vocal última en a para el género femenino: hombre bello, mujer bella; re- gordete, regordeta; altóte, altota. Si terminan por cual- quier otra letra, sea A^ocal ó consonante, no tienen mas de una terminación, como persa, endeble , feroz , ruin, su- til. Se esceptúan algunos adjetivos gentilicios ó naciona- les, esto es, que denotan la nación, provincia ó pueblo de que uno es natural, pues muchos de estos , aunque aca- ban en consonante, forman la terminación femenina aña- diendo la a, V. g. andaluz, andaluza; español, españo- la; genoves, genovesa. Hacen lo propio algunos adjetivos en n, como haragán, haragana; preguntón, pregunto- na; y los acabados en or, v. g. malhechor, malhechora, traidor, traidora; pero inferior, mayor, mejor, menor, peor, superior y ulterior solo tienen una terminación.

En los adjetivos de dos terminaciones sirve la primera para juntarse con las neutras de los artículos ó adjetivos que las tienen : Lo flaco de nuestra carne; esplicado aque- . lio asi; esto sentado.

Son mui pocos los adjetivos de tres terminaciones, pu- diéndose reducir en castellano a los siguientes :

3

26 DE LOS JíUMERALíiS.

Sing. Álmno, algún 6 alguien (para el masculino),

alguna (para el femenino), y algo (para el neutro).

Aquel, aquella, aquello, i

Ese, esa, eso. I Para los tres géneros respccíivanicnte

Este, esia, esto. )

Ninguno, ningún 6 nadie (para el masculino),

ninguna (para rl femenino), y nada (para el neutro).

Plur. Algunos, ahjunas. ,

iZf'ílL'"^''''^''''- ' Pa" el masculino y femenino rcspecti-

ii.l: ifh, i vamente.

Estos, estas. \

Ningunos, ningunas.

Ya diré en la Sintaxis cuándo ha de emplearse cada una de las tres terminaciones masculinas de alguno y ninguno.

Los adjetivos mío mía, tuyo tuya, suyo suya, tienen otra terminación común a ambos géneros en el singular , que es mi, tu, su, y de consiguiente forman dos plurales diversos, el uno míos mias, tuyos tuyas, suyos suyas, y el otro mis, tus, sus, que sirve para el masculino y feme- nino. En la Sintaxis se esplicará el uso de estas dos termi- naciones , y también lo concerniente á los tres únicos adje- tivos que iiai indeclinables, á saber, cada, de7nas y que, cuyas terminaciones subsisten las mismas en el plural y en el singular.

De ios numerales.

Entran en la clase de adjetivos los numerales cardina- les, los ordinales y \os proporcionales.

Los cardinales, que toman su nombre de ser como el fundamento ó quicio ( llamado en latin cardo) de las demás combinaciones numéricas, son: uno ó un, dos, tres, cua- tro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, qicince, diez y seis, diez y siete, diez y ocho, diez y nueve, veinte, veinte y uno, veinte y dos, ó veintiuno, veintidós e'lc, treinta, cuarenta, cincuen- ta, sesenta, setenta, ochenta, noventa, ciento, doscien- tos, trecientos, cuatrocientos, quinientos, seiscientos, setecientos, ochocientos, novecientos, mil. Son todos de una sola terminación , menos uno y los compuestos de cientOf como doscientos , doscientcLS etc.

Los ordinales, ó que sirven para contar por orden, son primero oprimo, segundo, tercero ó tercio, cuarto, quin- to, sesto, sétimo, octavo, nono ó noveno, décimo ó de-

COMPARATIVOS Y SUPERLATIVOS. 2 i

ceno, undécimo ú onceno, duodécimo 6 doceno, deci- motercio ó treceno, decimocuarto ó catorceno, decimo- quinto ó quinceno, décimosesto, décimosétimo , deci- moctavo, decimonono, vigésimo, trigésimo etc., tomán- dolos todos de los latinos respectivos. Estos son adjetivos de dos terminaciones.

Llámanse proporcionales los que significan la propor- ción que una cosa guarda con otra en razón de las vezes que la incluye, como duplo, triplo, triple ó tríplice, cua- druplo, quintuplo etc., tomados también del lalin. Los acabados en o son de dos terminaciones, y de una sola los que concluyen por e.

Los colectivos, que abrazan muchas unidades, como par, decena, docena, catorcena, quincena, millar, milloyi, y los partitivos ó distributivos , que señalan por el con- trario la parte de algún todo, como mitad, tercio, cuarto bien tercia, cuarta), quinto, diezmo, son todos ver- daderos nombres sustantivos.

CAPITULO III.

DE LOS COMPARATIVOS T SUPERLATIVOS. DE LOS AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS. DE LOS DERIVADOS. DE LOS COMPUESTOS.

De los coinparativos y superlativos.

Los adjetivos que espresan sencillamente una calidad sin aumento, diminución ni comparación, son denominados positivos, y de ellos se forman los comparativos, añadién- doles las partículas mas ó menos ^ y los superlativos, con la partícula muí ú otra espresion adverbial equivalente , cuales son sobre manera, en alto grado etc. : lijero, mas lijero, mui ó en gran manera lijero. El superlativo se forma también añadiendo al positivo la terminación isimo, Y quitando la vocal del positivo, cuando acaba por ella : de caro sale carísimo, de civil civilísimo, de cortés cor- tesísimo.

Los adjetivos que acaban en co y go, toman quísimo y Quísimo en razón de la ortografía, para conservar el mis-

28 COMPARATIVOS Y SUPERLATIVOS.

mo sonido que tiene la c y la g en los positivos : riquísi- mo, vaguísimo. Los en io convierten estas dos vocales en isimo, a íin de evitar la repetición de las dos ii : am- plísitno, limpísimo, recísimo; esceptuandose agriísimo (poco usado ), /mííMO y piísimo.

Los adjetivos cuya terminación es ble, la mudan en bi- lisimo para el superlativo; como afable afabilísimo; acaso para retener el mismo superlativo latino, que también con- servan los siguientes : acre dice acérrimo, amigo amicí- simo y también amiguísimo, antiguo antiquísimo, ás- pero aspérrimo y asperísimo, benéfico beneficentísimo , benévolo benevolentísimo , célebre celebérrimo , fiel fide- lísimo, fuerte fortísimo, i7itegro integérrimo, libre libér- rimo, magnífico magnificentísimo , misero misérrimo, munífico munificentísimo , noble nobilísimo, nuevo no- vísi7no, pobre paupérrimo, sagrado sacratísimo, salubre salubérrimo y sabio sapientísimo. Tenemos ademas á ubérrimo, aunque no positivo alguno de donde pueda sa- carse este superlativo latino.

Algunos positivos terminados en tente pierden !a i en el superlativo, porque este no la tiene en la lengua latina : tales son ardiente ardentísimo , ferviente ferventísimo , luciente lucentísimo, valiente valentísimo. La pierden igualmente algunos que no terminan en iente, pero tienen el diptongo ie en la penúltima sílaba, cuales son certísimo, ternísimo de cierto, tierno. Unos pocos, como bonísimo, grosísimo, longísimo ó longuísimo, novísimo, que vie- nen de bueno, grueso, luengo y nuevo, convierten en o el diptongo ue de la penúltima.

Este superlativo en isimo parece de mayor fuerza en cas- tellano que la circunlocución mui con el positivo : ima torre altísima dice algo mas que una torre muí alta.

Tenemos unos cuantos comparativos y superlativos toma- dos del latin , que suplen á vezes á los que da la analogía. Así, en lugar de tnas alto y altísimo, decimos en ciertos casos superior, supremo. Los nombres que tienen esta irre- gularidad, son :

Positivo. Comp. iireg. Comp. reg. Supcrl. irrcg. Sitperi. reg.

Alto Superior (mas alio 1 Supremo (allísimo).

Bajo Infrrior (mas bajo) ínfimo (bajísimo!.

Bueno Jlijor (mas bueno) -- Óptimo (bonísimo).

AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS. 29

Positivo. Comp. irreg. Comp.reg. Superl. irreg. Superl. reg.

Grande Mayor (mas grande) 3Iáximo (grandísimo). Malo -^ Peor (mas malo) Pésimo (malísimo |.

Pequeño Menor (mas pequeño) Mínimo (pequeñísimo).

De los aumentativos r diminutwos.

El aumento ó la diminución que pueden recibir así los objetos significados por los sustantivos, como las calidades enunciadas por los adjetivos , se espresan en castellano por medio de ciertas terminaciones, con las que á vezes damos también á entender el afecto ó desestimación que nos me- recen las cosas. Al decir Joaquinito , Teresita, no atende- mos á su corta ó alta talla, ni a su mucha ó poca edad, puesto que llamamos así á personas grandes y adultas, sino al cariño que les profesamos. Cuando uso los nombres de mozuela y vejancón, me refiero a la conducta estragada de la primera, y á la figura ridicula y rara del segundo, no á sus años ni á su estatura. Propiamente hablando, debieran llamarse estimativos los nombres que manifiestan estima- ción , y despreciativos los que desprecio. Pero como unos y otros toman las mismas terminaciones y se forman del mismo modo que los denominados aumentativos y dim,i- nutivos , los reduciré á estas dos clases con arreglo á su significado general de aumento ó diminución , desenten- diéndome del particular que llevan unas pocas vozes , por denotar compasión, ternura ó cariño, enojo ú odio, bur- la ó vilipendio, ó bien cierta ponderación. Todas estas mo- dificaciones necesitan un circunloquio en otras lenguas , mientras nosotros las espresamos por medio de alguna letra, ó de una ó mas sílabas puestas al fin de la palabra ; lo que da mucho realze, gracia y riqueza á la lengua castellana.

Diremos según esto, que es nombre aumentativo el que, siendo derivado de otro nombre, lleva alguna de las termi- naciones azo, on ú ote [aza, ona y ota para el género fe- menino), añadida ó sustituida á la del primitivo. Se agre- ga, cuando la voz simple acaba por consonante; y reem- plaza á la vocal, cuando el simple termina por ella. De gi- gante sale gigantazo, de carne carnaza, de bellaco be- llacon, de señor señorón, de muchacha muchachonüy de libro libróte, y de grande grandote y grandota. Escep-

3.

30 AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS.

túanse algunos nombres que, para pasar á aumentativos, pierden la i del diptongo ie, si este forma la penúltima sí- laba, como pernaza y vejóte (que ocurre en el cap. 25 de la parte segunda del Quijote) de pierna y viejo; ó bien mudan el diptongo ue en o , como bonazo de biieno , boyazo de buei, longazo de luengo; y corpanchón, po- blachon añaden ademas otra irregularidad, pues se deri- van de cuerpo y pueblo. Bobalicón, bobarron, forta- chón^ frescachón, grandillón, huesarron, mozeton, nu- barrón, pobreton, ventarrón, villanchón, zonzorriotí; hombracho , ricacho, vivaracho, y algunos otros aumen- tativos parecidos á estos, pertenecen los mas al lenguaje familiar.

De los mismos aumentativos pueden formarse otros de mayor fuerza, v. g. de bobon bobonazo, de picaro7i pi- carpnazo.'

Á los nombres derivados de otros los llamamos diminu- tivos, cuando toman las terminaciones ejo , ete, eto, ico, illo, in, ito y uelo f), las que se añaden á los primitivos, si acaban por consonante, ó bien sustituyen á la vocal úl- tima de los mismos. Los nombres femeninos mudan en a la e y o finales de las antedichas terminaciones. De cordel

f*) Son pucos los acabados en acha, como de cueva covacha, de hila hilacha; o en ajo, como cascajo, hatajo, lagunajo, ranacuajo 6 rena- cuajo; ó en alo, como ballenato, cegato, cervato, chibaí o, jabato, le- brato, lobato, mulato (anl. ); 6 en aza, como hornaza, que es un hor- nillo, y piHaza, embarcación (que también se llama pino) pequeña; 6 en azo, como picazo , el pollo de la picaza; 6 en ezno, como gameziio , ju- dezno (hállase en Gonzalo de líerceo), lobezno^ morezno í nombre que en la Crónica del rei D. Pedro de Castilla se da a los niños ae los moros), osezno (el Diccionario de la Academia pone osesno), pavezno (como lla- ma al pollo del pavo el Arcipreste de Iiita en las coplas -274 y 277 ) , per- rezno, rufezno (que Gonzalo de Berceo usa ñor rufiancillo) y viborezno; ó en iche, como boliche; 6 en il, como tamboril; ó en ino, como anadi- no, ansarino , cebollino, cigoilino, colino, corzino, hozino, lechuguino, palomino, porcino, porrino; 6 en isco, v. g. írozisco; ó en izo, como ca- nalizo y callizo, que es provincial; 6 en ucha, como camcha; 6 en ucho, como aguilucho; ó en on, como anadón, ansarón, cajón, callejón, car- retón, cascaron, cerrejón, curvalon, escotillón (escotilla pequeña), lie- brastón 6 liebratón, limpión, perdigón, plantón, plumión i plumón, ra- tón, íorrejon, volantón. Mas reducido es todavía el número de los termi- nados en 0)1 que significan no solo diminución, sino carencia total, cuales son pelón y rabón. Tenemos unos pocos diminutivos en ote , que son án- date, calabrote, camarote, ísloie, palote, perote y pipote, y también í«i ola, ula y ulo, lomados casi todos del latin, como artenola, banderola, torola; anua, cápsula, célula, cutícula, fécula (de fez ó hez), ménsula, molécula, móri'ia (ant. ), partícula, película; corpúsculo, glóbulo, opús- culo, régulo.

AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS. 31

sale cordelejo, de ánade anadeja, de pobre pobrete , de mulo muleto, de aria ariela, de santo santico, áe pi- caro picarillo , de espada espadín, de 7)iozo mozito, de arroyo arroyuelo y de rodaja rodajuela.

Algimos nombres couvierten las terrainacioues ico, illo, ito y uelo, en ecico, ecillo, ecito, ezuelo, y otros omiten la e y añaden solo cico, cilio, cito y zuelo. Establezcamos las reglas mas frecuentes de estas variaciones.

Todos los monosílabos que terminan en consonante, tie- nen su diminutivo en ecico, ecillo, ecito ó ezuelo, como florecilla, luzecita , pezecito , pezezuelo , reyezuelo, que se forman áe flor, luz, pez y rei. ¡No me ocurre mas que un disílabo, esto es, de dos sílabas, que haga lo mismo, y es arbolecico , no mui usado. Son bastantes los acabados en a ú o que las mudan en dichas terminaciones : tales son buenecillo (de poco uso), cofiezuela, huevecillo, mane- cita, obrecilla, pradecillo, iruenecillo y otros.

Los nombres en e y los polisílabos, es decir, los que tie- nen mas de una sílaba, que acaban por las líquidas n ó r, reciben las terminaciones cico, cilio, cito ó zuelo, según se ve en avecilla, cofrecillo, nubecilla, sasírecUlo, sim- plecillo, vientrezuelo; autorzuelo, cantarcico, capitan- cillo, dolorcillo , ladronzuelo, mujercilla, pastor cilio. No recuerdo mas escepciones que Juan , el cual dice Jua- nito, volcanejo que viene de volcan, todos los acabados en in, v. g. jardin., rocin, serafín, cuyos diminutivos son jardinito , rocin ito y sera/mito, siguiendo la regla ge- neral, y señorito que se deriva de seíior. Con todo 7-uin- cico, ruincillo, ruincito vienen de ruin, y de jardín se forman idLmh'ien jar dincico, jardincillo j jardincito.

Varios diminutivos pierden, como en los aumentativos, la i del diptongo ie, si este forma la penúltima sílaba, v. g. ceguecillo, ceguezuelo, denf ecillo, netezuelo, pedre- zuela, serpezuela, serrezuela, ternezuelo, ventrezuelo, si bien son u>sados los diminutivos regulares cieguecillo , cieguezuelo, dientecillo , piedrezuela y sierpezuela, al modo que de bestia sale no solo bestiezuela , sino también bestezuela. irregular. Indio pierde la i de su última sí- laba, cuando pasa á diminutivo, diciendo indezuelo. Otros mudan el diptongo ue en o, v. g. boyezuelo de buei, eohanillo de cuébano, cornezuelo de cuerno, costecilla

32 AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS.

de cuesta, esportilla de espuerta, Jortezuelo áe fuerte, longuezuelo de luengo, osecillo de hueso, porquecilla de puerca y portezuela de puerta; pero también decimos bueyecillo, huesecillo, puerquecilla, puertez-uela. Cor- regüela ó correhuela es diminutivo de correa, como lo es aldehuela de aldea, callejuela de ca/¿e, cañucela de ca- ña,/e/me/a de/ea, lamprehuela de lamprea; Antoñuelo de AntoJiio, demoñuelo de detnonio , judihuelo áe judío, navichuelo de navio, riachuelo de ?70; calezico de cá/í:; y costanilla de cuesta. Piezecico., piezecillo, piezeciio y piezezuelo , son los diminutivos de p/e, bien que el P. Granada (en la primera parte de la Introducción del Sím- bolo de la fe, cap. 20) usó el regular ^/ec ¿//o. Tamar- rizquito y tamarrusquito son diminutivos familiares de tamaño (pequeño).

De los nombres propios sou mui pocos los que, como Francisquito, se conforman con la regla general. Hai algunos en a ó 05 que toman las terminaciones ela ó élas, V. g. Lucihuela, Maricuela y Marihuela, Mencigüela y Matihuélas de Lucía, María, Mencia y Matías. Los en os tienen el diminutivo en ítos, v. g. Garlitos, Marquítos, de Carlos, Marcos. Los demás suelen formarse de un mo- do irregular, v. g. Antoñito de Antonio, Manolo de ü/a- nuel. Marica y Mariquita de María., y Perico de Pedro; y en algunos desaparecen todos los vestigios de su raíz, siendo mui difícil que nadie adivine, por ejemplo, que Pepe es diminutivo de José; Paco, Pacho, Faco y Far- ruco de Francisco , Bélica de Isabel, Catana ó Caíanla de Catalina , Concha de Concepción , Cota y Maruja de María etc. Aunque pudiera disputarse, si estos nombres son diminutivos, ó bien los mismos yo5í"', Francisco, Isa- bel, Catalina, Concepción, María, según prefiere usar- los la conversación familiar y confidencial. Los diminu- tivos femeninos acaban por a en el singular y por as en el plural, aun cuando se deriven de un nombre que termine por otra letra que la a. De Irene formamos Irenita, y de Dolores y Mercedes, Dolorcítas y Mercedítas. Menos si el primitivo femenino es en o ú os, porque entonces con- servan estas terminaciones : Rosar iío y Socorrito vienen de Rosario y Socorro , así como Desamparadlos de De- samparados.

DE LOS DERIVADOS. 33

De los diminutivos pueden sacarse otros mas diminuti- vos, V. g. de Perico, Periquillo, Periquillito , y de chi- quilio ó chiquito, chiquitillo, chiquitito, chiquituelo, chiquitilluelo , chiquillito, chiquirritin , chiquirritiio , chiquirriiillo y chiquirrituelo. Á vezes se forman de los mismos aumentativos, así de arquetan, arquetoncillo , de cortez-on, cortozonciío, de picaron , picaroncillo y pica- ronzuelo.

Es digno de notarse que muchos diminutivos y aumen- tativos, que se formarian en el principio bajo el concepto de tales, Lan servido después para significaciones determi- nadas, según aparece en azucarillo, bovedilla, cegato, espadín, gusanillo, husillo, islilla, ladillo, marmolejo , matón, moquillo, pastilla, peluquín y otros muchos.

Parece superfluo observar, que no son aumentativos ó diminutivos todos los nombres terminados como ellos, pues nadie contará en dichas clases á castillo, empellón, espejo, flechazo, garlito, jigote, no obstante sus terminaciones.

No seria menor equivocación creer, que todos los nom- bres pueden recibir las varias terminaciones que hemos es- pecificado, para aumentar ó disminuir su significación ; lo cual debe hacerse solo en los términos que lo permite la tiranía, por decirlo así, del uso, que consiente que digamos piedrecilla , pedrezuela, y \\o pedraza; leoncíllo, leona- zo, y no leonote; cueipecíllo, corpezuelo , corpazo, cor- panchón, y de ningún modo corpote; y gigantazo, gi- gantón, mejor que gigantote. El mismo uso hace que en algunos nombres prefiramos recurrir á un adjetivo para es- presar la idea de aumento ó diminución , mas bien que va- lemos de las terminaciones antedichas, siendo tan corriente oir, Es una ciudad mui grande ó muí pequeña, como in- sólito llamarla ciudadaza ó ciiidadita, vozes con que ¡\ú- ñez de Taboada ha abultado su Diccionario de la lengua castellana. Sin embargo, mientras los aumentativos y di- minutivos estén formados con la debida analogía, no puede disputarse á un escritor la libertad de emplearlos oportuna- mente, sobre todo en las comedias y cartas familiares.

De los derivados. Los nombres , así los sustantivos como los adjetivos ,

34 DE LOS DERIVADOS.

cuando no traen origen de otros ni de ninguna de las demás partes de la oración castellana, tienen el dictado de primi- tivos, y el de derivativos ó derivados en el caso contrario. Los últimos nacen por lo común de oíros nombres, como de agua, agtiacero y aguada, de árbol, arboleda, de Ga licia, gallego, de mar, marítimo, de solo, soledad y so- litario; y los ha-i derivados de un verbo, los cuales se de- nominan con peculiaridad verbales, como de amar, salen amador, amante, amado, amabilidad, áa proponer, pro- posición, de valer, valimieíito, valido ctc (*),

(*) Son tantas las terminaciones de los derivativos , que es preciso cir- cunscribirnos á las nías usuales y que tienen una significación determina- da y general, aunque no tan esclusivaque comprenda lodos los nombres que tei minan del mismo modo.

Los en acó, acho, alia y uza denotan inferioridad, mala calidad 6 estra- Tagancia de la cosa , v. g. li'jraco , pajarraco ; populacho , terminacho , vinacho , vulgacho; antigualla, gentualla; canalluza, carnuza. La terminación aclio-ds. algunas vczes fuerza aumentativa á las palabras, como lo prueban hombracho , ricacho , vivaracho.

Ada significa unas zes la colección de muchos individuos 6 cosas de una misma csnecic, cotiio armada, cabalgada, cañada, estacada, ma- nada, mesnaaa, torada, vacada; y otras la capazidad 6 la duracioa de las cosas, y. g. calderada, cestada, tonelada; mesada, temporada.

Esta terminación, como también eo , ida, ienio , on y or, sirven para los sustantivos que significan el acto de hacer alguna cosa, 6 dan la idea en abstracto del verbo de que se derivan, ó con el que guardan relación, T. g. algarada, azeitada , bajada , puüalada ; cuchicheo , gimoteo ; par- tida, salida ; aprovechamiento, vianíenanienio; observación, turbación; dolor, hervor.

Los verbales en mentó 6 miento tienen unas vezes fuerza solamente acti- Ta (y estos son los mas), como abarcamiento, acompañamiento , cerca- miento, cerramiento, fingimiento, tocamiento, tratamiento; otros activa y pasiva, cuales son molimienio y prendimiento , que significan el acto de moler y ser molido, el de prender y ser prendido; otros activa y recípro- ca', V. g. abandonamiento , abatimienio , ajamiento, armamento , ca- samiento, perdimiento, salvamento , que son el acto de abandonar 6 abandonarse , de abatir 6 abatirse, etc., etc. ; en algunos la hallamos recí- proca tansolo, como en acaloramiento, hundimiento, rendimiento, tulli- miento, volviniieiiio; en otros neutra, por sercsla la mas ordinaria de los verbos de que se derivan, según se advierte en cesamiento, crecimiento, lucimiento, nacimiento ; siendo poquísimos los que, como vencimiento, la tienen únicamente pasiva, pues denota el acto y efecto de ser uno vencido.

En ado y ato terminan muchos nombres que denotan cm[>leos 6 digni- dades, 6 el distrito y jurisdicción de las mismas, como arzobispado , con- dado, electorado, papado; canonicato, cardenalato, deanato, genera- lato, priorato. Concubinato significa el trato ó cohabitación con una con- cubina. — La terminación ado señala ademas el cuerpo ó congregación de las personasconsiiiuidas en dignidad , V. g. apostolado , senado. En los ad- jetivos (prescindiendo ahora de las significaciones que tienen como parti eipios pasivos) denota la semejanza con alguna cosa, en cuyo caso suele preceder al nombre la partícula a, v. g. acaballado, lo que se parece al caballo, alagartado , lo que tiene los colores de la piel del lagarto.

Significa ajo la ruindad de la cosa, ó el desprecio que huleemos de ella, como bebisirujo , colgajo , comistrajo ( mezcla estravagante de manja-

DE LOS NOMBRES COMPUESTOS. 35

De los compuestos.

Los unos se forman de dos nonilires, v. g. aguachirle , barbilaiyipiíio , gallipavo, nueslrattw , pelicorto, punta- pié; otros de nombre y verbo, v. g. quitasol, perdonavi-' das, sacabotas; otros de nombre y adverbio, v. g. biena- venturado, recienvenido ; otros de nombre y preposición , V. g. anteojo, concuñado ; otros de dos verbos, como ga- napierde ; otros de dos verbos y un pronombre , como

res), escobajo, espantajo , latinajo, terminajo, pintarrajo, trapajo.

Las terminaciones al, ar, ego , eno , esco , ico , il é isco denotan comun- mente en los adjetivos la simple calidad de la cosa : así artificial, carnal, igual es lo que tiene artificio , carne, igualdad ; mortal lo que está sujeto á la muerte; aquilonal 6 aquilonar y familiar ío que pertenece al aqui- lón y á la familia; aldeaniego ^ veraniego lo tocante á la aldea y al vera- no; moreno, obsceno, lo que tiene el color de los moros, v lo que incluye obscenidad ; dueñesco, gigantesco, picaresco, villanesco, ío perteneciente á las dueñas, gigantes, picaros y viUmos; anacorético y profCtico loque es propio de los anacoretas y profetas; cocheril y escvdt-ril lo que perte- nece á los cocheros y escuderos, y arenisco y levantisco lo que está mez- clado con arena y lo que es de levante. Ko se apartan de esta idea las ter- minaciones ego y esco, siempre que se aplican á tos gentilicios, como 7na?j- chcgo, pasiego, riberiego; arabesco, chinesco, turquesco. Crisíianesco es lo que remeda los usos de los cristianos.

En los nombres sustantivos, las mismas terminaciones al y ar, y también eday edo, sirven para los nombres colectivos que comprenden muchas co- sas o individuos de una misma especie, como acebuchal, arenal, rome- ral; colmenar, manzanar, olivar, pajar, palomar, pinar, tejar; alame- da, aliseda, arboleda, fresneda, olmeda, salceda; acebedo, viñedo ó infinitos otros.

Los derivados en an, ana; in, ina; on, ona; or, ora; muchos de los cuales se usan de ordinario como sustantivos, equivalen en cierto modoá los participios activos con que guardan relación. Holgazán, holgazana es el aue 6 la que holgazanea; bailarin, bailarina, el 6 la bailante, esto es, el o la que baila, que es el modo mas corriente de espresar los participios activos en nuestra lengua ; burlón, burlona, el 6 la que se burla por há- bito, pues la terminación on añade alguna fuerza especial á los derivados, como también se observa en muchos de los acabados en or, v. g. en albo- rotador, hablador etc. , si bien abrazador, amenazador, asestador, signi- fican^ simplemente el que abraza, amenaza 6 asesta. .\lgunas de dichas terminaciones sirven ademas para los nombres gentilicios, según es de ver en alemán, catalán y maUorquin.

Los en anda, ando, anza, encía, ez, cza, dad, icia, ia, ud yura, denotan la calidad genérica de las cosas, ó la idea en abstracto del adje- tivo del yerbo, de que trae su origen el nombre, según es de ver por los siguientes ejemplos : abundancia , fragrancia ; cansancio, raiicio (es mui corto el número de los de esta terminación); díJHin, mudanza, templan- za; dolenda, obediencia; lobreguez, rustiquez; presteza, simpleza; bon- dad, maldaa, posibilidad; malicia, pericia; alegría, cortesía; ejcactititd prontitud; picadura, vesiidura.

Es casi peculiar de adjetivos la lerrninacion ano, j denota la pertenen- rocedencia 6 el pueblo de naturaleza, y. g. aldeano, castellano, coi* persiano , romano , sevillano.

36 DE LOS NOMBRES COMPUESTOS.

hazmereir ; otros de verbo, pronombre y adverbio, como hazteallá , y eu la formación de correveidile eutran tres verbos, un afijo y una conjunción; y otros finalmente de

Las terminaciones ante, ario, enle, ero, isla, y también la or, indican generalmente el destino, secta, profesión, oficio ú ocupación. Por ejemplo : comediante, sobresiante ; herbolario, lapidario ; escribienie, iniendeitle ; sombrerero , zapatero ; caliinisia, organista, pleitista ; pintor, torcedor. Alio es igualmente leriiiinacion de algunos adjetivos que denotan aptitud, propensión ó cierta calidad, según lo demuestran faciliiario, perdulario , visionario. En los sustantivos denota la persona á cuyo favor se hace algo, como se ve en arrendatario, beneficiario, censuario, cesionario, concesio- nario, consignatario, legatario, mandatario, remmciatario, usuario, usu- fructuario, aunque alguna vez significa lo opuesto, como en pensionario, que es el que poga la pensión , y no el que la recibe ; ó bien el sitio donde se guardan muchas cosas de la especie que losmismos manifiestan, ó aquello que las contiene. Por esto campanario , herbario , osario , relicario , sa- grario quieren decir el lugar donde están las campanas, las yerbas, los huesos, las reliquias, las cotas sagradas; y a7¡ii/b?!ario, devocionario, ejetn- plario, epistolario, los libros que comprenden las antífonas, las devocio- nes , los ejemplos ó las epístolas respectivamente. De dichas terminacio- nes la ario se halla en algún gentilicio, v. g. baleario, canario, el natural de las Islas baleares y el de Canarias, y en muchos la ero, según lo prue- ban ceclavinero , habanero, taranconero y otros. Son rarísimos los pa Ironímicos de esta terminación, como icario. Ero es también termina- ción de las palabras que significan localidad, como derrumbadero , desem- barcadero, granero, lavadero, matadero, picadero.

La terminación asco (en los masculinos y asea en los femeninos) tiene unas vezes fuerza d immutiva , corno en pincarrasco ( una especie de pino pequeño) y vardasca (vara delgada); aumentativa otras, v. g. peñasco (pe- ña grande), nevasca ó nevasio ( temporal de mucha nieve); y en algunos casos sirve para las vozes colectivas, según se ve en ei mismo nevasca, y ademas en hojarasca, que es un conjunto de hojas.

Con la terminación astro denotamos inferioridad en sumo grado : ca mastro, criticastro, filosofastro, poetastro no son otra cosa que una cama pobre, un pésimo crítico, un filósofo despreciable, y un poeta á quien no miran con ojos halagüeños las nueve Hermanas. También sirve para los grados de parentesco entre las personas que mas de ordinario se odian ' que se estiman , como hermanastra, hermanastro, hijastra, hijastro, ma- drastra, padrastro.

Áza es terminación, como ya hemos dicho, de los nombres aumentativos; pero se halla también en algunos que significan cosas de inferior calidad, según lo demuestran sangraza ó sanguaza, vinaza, las vozes provinciales melaza y oleaza, y aun madraza es la que por sobrado complaciente con sus hijos los mima demasiado, y es de consiguiente mala madre. Una idea algo parecida de inferioridad; iñezclada con asco, nos escitan ag«a5a y babaza.

La azgo {que algunos escriben, según la costumbre antigua, adgo) está destinada á señalar los empleos, encargos, prerogativas, jurisdicción, y á vezes el parentesco de las personas representadas por los sustantivos de que se derivan: v. g. albaceazgo , alguacilazgo, almirantazgo , compadraz- go, mayorazgo, patronazgo, villazgo.

Liaza significa generalmente el golpe dado con arma, instrumento ú Otra cosa : balazo, codazo, pechazo, latigazo, varazo. Esta terminación y la on sirven, según poco se ha esplicado, para los aumentativos, y sin embargo en lechazo, el coderillo tierno, y (echón, el cochinillo que manria, igualmente que en los varios diminutivos espresados en la nota de Va pág. 30, nos sugieren la idea de pequenez.

Es privativa la termiuacion ble de los nombres que denotan la capazidad.

DE LOS NOMBRES COMPUESTOS. 3T

Iiümbre y alguna de estas partículas coynponenies : a, ab, abs^ oA, ante, anti, circum ó circun, cis, cura, co^ com, con, contra^ de, des, di, dis, e, em, en, entre, cqiii, es

po-^¡LiIi(!.ii1 , aptitud ó mérito para algo , cuales son aborrecible, creíble, lie'ab.'e, mudable, tachable. Para igual objeto suele servir la terminación ero, como se advierte en casadero, crecedero, cobradero, cocedero, col- gadero, comedao, contadero , cumplidero , divididero , hacedero, pere- cedero.

Ento Y efío significan en los adjetivos la calidad del sustantivo de su orí- gen, y muchas vezes en un grado especial : así avariento es el que esta iiiui poseído de la avaricia, ceniciento lo que tiene el color de ceniza, pol- voriento lo que se lialla cubierto de polvo, sediento el que tiene mucha sed, agrazólo loque participa de las calidades del agraz, aguileno el que se distingue por su nariz parecida al pico del águila , guijarreño lo que abunda en guijarros, trigueño \o que tiene el color del trigo, pedigüeño , el pesado en pedir, halagüeño, risueño etc., aquel que habiluahnenle ha- laga ó ríe. Sin embargo llamamos calenturiento al que tiene algo de calen- tura, Y sudoriento al que está un poco sudado.— Hai también muchos gen- tilicios en eño, v. g. ulcantareño, alcarreño, estremeño, madrileño, ma- lagueño.

Otros gentilicios acaban en es, v. g. alavés, aragonés, francés , portu- gués; siendo pocos los derivados en es, que, como cortés y montañés, no pertenecen á dicha clase.

Con las terminaciones este y estre se traducen las estis y estris launas, peculiares de los adjetivos que incluyen la idea del sustantivo de que traen su origen , como campestre , celeste , lo que es del campo ó del ciclo , ó pertenece á ellos.

La terminación ei no solo sirve para los sustantivos abstractos, según an- tes indiqué , sino también para los patronímicos. Es sabido que Alvarez , Domínguez , Fernández , López, Ntiñez , l'trez, Rodrigjiiez, Sánchez etc., fueron los nombres dados al principio á los hijosde los Alvaros, Domingos, fernandos, Lopes, Ñuños, Peros ó Pedros, Rodrigos, Sanchos etc.

Ezno lleva consigo la idea de pequenez, como lo prueban los diminuti- vos mencionados en la nota de la pág. 50, y rodezno, cilindro que viene á ser una rueda pequeña. Clemencin cree ( pág. tts del tomo de su Co- mentario)que con alguna semejanza de esta terminación llamamos chozno al hijo del biznieto.

La circunstancia de estar hecha una cosa de otra, ó bien de parecerse ó pertenecer á ella, se expresa en muchos adjetivos con la terminación ino, V. g. acerino, alabastrino, ambarino, cervino, cipresino, corderino, cor- vino, cristalino, ferino. Por dicha razón sirve frecuentemente páralos gentilicios, V. g. alca-lalno, alicantino , bilbaíno.

La misma terminación ino, igualtnente que izco y uzeo , manifiestan la tendencia del cuerpo á ser de este ó del otro color :' aznlino , purpurino blanquecino, blanquizco, negruzco es lo que tira á azul, púrpura, blanco 6 negro respectivamente.

En ismo terminan las vozcs colectivas que espresan la reunión de lodos los que pertenecen á una religión, secta ú opinión, así catolicismo, filoso- fismo, judaismo , protestantismo; las que denotan la propiedad caracte- rística de las personas ó cosas, como fariseísmo , magnetismo , ¡H'danlis~ no; y las que cmpUiamos para señalar en las frases la construcción que es peculiar de cada lengua, v. g. galicismn, grecismo, hi.spanismo. De la primera de estas tres clases tenemos una palabra en isma , á saber, moris- ma, la cual no solo significa la secta de los moros, sino una multitud de ellos.

Ista se aplica casi siempre á las personas que siguen una profesión 6 secta, como aparece en dentista, jurista, naturalista , violinista; ateié' la, tomista; y también á lasque tienen el hábito ó la costumbre de ba-

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38 DE LOS NOMBRES COMPUESTOS.

Ó cr, estra, im, in, irifra, ínter, infro, o, ob, per^ por^ pos, pre, pnter, pro, re, retro, sa ó za, se, semi, sesgui, sin, so, sobre, son, sos, su, sub, siiper, sus, tra, trans c tras, ultra, y vice ó vi, que es su abreviación. De todas

cer ciertas cosas, como lo demuestran bromisla, calculista, pleitista

Ivo denota generalmente en los adjetivos, que se tiene la fuerza ó vir- tud de hacer algo, como confortativo , destructivo, impeditivo, provoca- tivo. En algunos equivale al participio activo, v. g. afiniiaiivo , ahorra- tivo, conipii\ivo , contentivo , devolutivo , discursivo, figurativo, reflexi- vo, vcnfjaiivo, que significan lo que afirma, ahorra, compadece etc. En Otros, y acaso en el mayor número, se reviste del significado del participio pasivo, como abu'íivo , adoptivo, alternativo , consueiivo , convulsivo , derivativo, electivo, furtivo, recitat vo, votivo, los cuales vienen á ser anónimos de abusado ^ adoptado, etc. Abortivo significa lo que hact abortar, y lo abortado o el aborto. Caritativo, facultativo y unos pocos mas denotan lo que es propio de la caridad 6 facultad, ó lo que pertenece aellas; y e/eniíJto lo que hade ejecutarse pronto, como pensativo c' (jue piensa profundamente.

Izo significa en los sustantivos la persona que tiene el encargo ó cuidadc íe alguna cosa, según es de ver en boyterizo, cabrerizo y yegüerizo; y cr lOs adjetivos, la disposición ó tendencia á alguna Culidad física ó moral : bermejizo, cobrizo, enfermizo, llovedizo, movedizo, olvidadizo, rojizo, y también la capazidad ó aptitud para algo, v. g. caedizo, cocedizo, com- pradizo, heladizo, regadizo, serradizo.

Orrio y orro indican diminución ó desprecio, v. g. aldeorrio y aldeor- ro, bodorrio, que es un mal casamiento, ceporro (la cepa vieja)., ven torro , vülnrrin.

Oso manifiesta abundancia en grado aventajado, v. g. cariñoso, pasmo so, pedregoso , plumoso, sustancioso, vanaglorioso. Los verbales en oso denotan casi siempre (¡¡je los sustantivos á que se juntan, tienen disposi- ción para ejercer ó producir la acción del verbo, como ennañoso, espan~ toso, vergonzoso; siendo poquísimos los que equivalen á los participios pasivos, como vituperoso que es lo mismo que vituperado.

Oso, como también ento, izo, usco, modifican el significado del prtmi livo, cuando se habla de colores, v. g. verdoso, amarillento, rojizo, par dusco.

La terminación ote imprime á los pocos derivados que la llevan , la idea de desprecio ó de ser la cosa de mala calidad, cual aparece en aímodro- íe, guisote (guisado groserol, monigote, pegote.

Las terminaciones uco y ucho, que son poco comunes, parecen reser- vadas para las cosas despreciables ó malas, como se advierte en cárnico, casuco, frailuco, hermanuco; animalucho, avechucho , blancucho , qxib es un blanco sucio, calducho, cogucho (el azúcar de inferior calidad J, meladucha (especie de manzana basta) v papelucho.

Bdo denota alguna calidad en alto grado ; por lo que barbudo, colmillu- do, dentudo, tonudo, huesudo, testarudo significan uno que tiene las barbas mui pobladas, grandes colmillos, dientes desproporcionados, cs- traordinarias fuerzas, mucho hueso y suma obstinación ; y así pueden con siderarse como aumentativos ae ios adjetivos con quienes dicen relación, como lo es barbudo respecto de barbado, y caprichudo y forzudo relati- vamente á capnclioso y á fuerte.

Dno es casi peculiar de los adjetivos que denotan lo que es propio de al

fuña clase de animales, ó pertenece á ella, como bntjuno, caballuno, ca runo , carneruno , cervuno , chotuno , hombruno, lebruno, ovejuno, porcuno y vacuno. Esta terminación sirve para denotar vileza y desprecio,

ftor lo qué se llama perruna un pan moreno y grosero que se amasa par 05 perros.

DE LOS NOMBRES COMPUESTOS. 39

daré ejemplos : Atambor, ahsuelto, abstenido, adjunto y anteiglesia, antisocial, circumpolar, circunvalación , cismontano, citramontano, coopositor, composición, con- discípulo, contrabajo , decaimiento, despegador , direc- tor, disgusto, emisión, embolso, encubrimiento, entre- talladura, equidistante, espurgo, estrajvdicial, imposi- ble, inútil, infraescrito, intercesión, introducir, opues- to, obligatorio, perturbación, pormenor, pospuesto, pre- existencia, preternatural, procuración, reenganche, re- trotraer, sahumo, zaherimiento, seducción, semidiós, sesquimodio, sinrazón, socapa, sobresuelo, sonsaca, sos- tenimiento, supresión, subarriendo , superfino, suspen- sión, trasudor, transmutación ó trasmutación, ultra- montano y viccrector.

Como casi todas son verdaderas preposiciones, latinas ó griegas, que nada signiíican por solas en castellano, las denominan comunmente los gramáticos preposiciones inse- parables; mas no siendo tales preposiciones en nuestra len- gua, habiendo algunas, como el sa ó za, son y sos, que tampoco lo son en aquellas, y contándose entre ellas varias de nuestras preposiciones; he preferido comprenderlas to- das bajo la denominación genérica de partículas compo- nentes. Antepuestas á las palabras, sirven para aumeníar, disminuir ó variar el signiúcado del simple, con arreglo á la fuerza ó valor que tienen en la lengua de que las hemos adoptado.

Debo advertir, que no obstante que en este capítulo se trata solo de los nombres compuestos, cito aquí varios ejem- plos de verbos compuestos ó derivados, ya por la diíicultad de encontrar nombres en que se hallen ciertas partículas componentes , va porque la fuerza de estas es la misma , cualquiera que sea la parte de la oración en que se las in- troduzca.

La a, que nada influye en la significación de algunas vo- zes, porque lo mismo es adoctrinar, arremolinado y asal- monado que doctrinar, remolinado, salmonado ; varía conocidamente la de otras abatir, acallar, acoitar, alar- gar, aprobar, apuesto, asolar, atraer, aunque tienen al- guna relación con batir, callar, cortar , largar, probar , puesto, solar y traer, no son ciertamente sus sinónimas. En muchas palabras arguye semejanza ó participación de

50 DU LOS NOMBRES COMPUESTOS.

las calid.ides de la voz primitiva, según se advierte en abru tado, afrancesado, amojamado , ajilomado etc. Precede por lo co:iiuii á los verlios que denotan la acción , ó el uso ó erapleo del noiuiíre de que se derivan, según lo eviden- cian abotonar, abrazar, acuñar, adoctrinar, amortajar, amostazar , apasionarse, apechugar , aprestar , aprove- char, arrodrigonar. Los antiguos la usaban en muchí- simas vozes en que al presente se omite, como en abajar, acalumniar, acatadura, acerca, afijacion, ataladrar etc., y la omitían por el contrario en algunas, en que ahora es indispensable, puesto que decían bastecer, delgaíar, divi- nar, postar, rebañar, rebatar etc.

Ab y abs denotan segregación ó separación : así absueltc es suelto ó libre de algún cargo; abstener, tener el apetilOj deseo etc., separado de alguna cosa.

Ad equivale á nuestra preposición á, de modo que ad- junto no es mas (\\\c junto á aquella cosa, á que el discur- so se refiere. En muclios casos solo sirve para dar mayor fuerza al significado de! simple, como en el anticuado ada- mar, que quiere decir amar con vehemencia, y en adop- tar, que es prohijar, porque optamos ó aceptamos con pre- dilección particular á la persona que prohijamos.

La pre|)osicion latina ante denota, ctimo nuestro adver- bio antes, prioridad de lugar ó tiempo, cual se ve en an- tecúmara. antecoger, antesala. Algunas vezes se inclina mas á la signilicacion del adverl)io delante, ó nuestra pre- posición ante, pues entra en dicciones que signiücan la co- sa que se pone delante de otra, así en antecama, anteojo , antepecho.

A?iti , que es la única preposición griega de que nos va- lemos en composición , retiene por lo común su significado de contra , bien en las vozes puramente griegas , como an- ticritico, antipatía, antipolítico, bien en las híbridas, ó formadas de dos idiomas, como antipontificado, antüio- cial.

Circum, que se escribe circun, cuando no le sigue la b ó la^, signilica al rededor. Por esto circuncidar es cor- tar en derredor ; circundar , dar una vuelta al rededor ; circunvala? , ceñir en derredor una ciudad, una fortale- za etc.; circunvecino es el que está al rededor, como pue- blos circunvecinos ; v circunspecto es el que mira al re-

DE LOS NOMBRES COMPUESTOS. 41

dedor de si, ó examina las cosas con detención y por todos sus lados.

Las pocas vozes en que se hallan las preposiciones lati- nas cis y citra, conservan toda la fuerza de su significado, que es de la parte de acá , como lo observamos en cis- montano, cispadano y citramontano.

Co y com, aunque solo se hallan en composición, no son otra cosa que la preposición con, é implican por esta causa compañía , reunión ó cooperación de varias cosas ó perso- nas. Así conllevar es llevar con otro algún trabajo, pe- na etc. ; componer es poner ó arreglar muchas cosas jun- tas; comprometer, prometer que pasaremos por la deci- sión de un tercero; compartir, partir las cosas en partes proporcionadas; coapóstol, el que es apóstol juntamente con otro; consentir, es sentir con otro, pues esto es nece- sario para que adhiramos á lo que el quiere ó piensa, que es lo qutí signilica consentir; condiscípulo el que es dis- cípulo, al mismo tiempo que otro, del macsíro de ambos ; cohabitar, hacer vida maridable con alguna persona, y correlativo lo que tiene relación con otra cosa. De cuyos ejemplos se infiere, que la partícula con pierde la w, cuan- do el simple principia por vocal ó por h; que la muda en 7n, por una regla de ortografía que se pondrá en su lugar, siempre que la sigue la ¿ ó la p, y en r, cuando el segun- do simple empieza por osla consonante.

Las palabras , en cuya composición entra la preposición contra, denotan, ya lo que está opuesto á otra cosa ó la invalida, v. g. contrabatería, contracédula, contracosta, contraescritura, contrapilastra; ya lo que se deriva \\ ori- gina de algo, ó simplemente dice relación con ello, como su principal, v. g. contracambio, contracanal, contra- maestre, contrabajo; ya la cosa que sirve de precaución ó de resguardo á otra; como contraamura, contrahilera, contraseña; ya finalmente lo que imita á alguna cosa, de donde saca su fuerza el verlio contrahacer.

De, des, di y dis comunican á los con)puestos la signj licacion contraria de sus simples, según se advierte en des-^ concierto, despegar, difícil, disfavor y disparar; vozes que significan lo contrario precisamente que concierto, pe- gar, fácil, favor aparar. Kn algunos vocablos, como en de- generación, aunque no signifique lo contrario del simple,

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42 DE LOS NOMBRES COMPUESTOS.

denota uoa cosa mui diversa ó apartada de este. Des ma- nifiesta á Yczcs que se deja de hacer aquello que el simple significa , sin hacer por eso lo contrario , v. g. desamparar es no amparar á uno á quien antes patrocinábamos, sin pa- sar á la parte de perseguirle. Así desamorado significa sen- cillamente no estar enamorado, y desamar se toma gene- ralmente por no amar en nuestros buenos escritores, aun- que hai pasajes en que parece sinónimo de aborrecer. Tanto des como dis no hacen en algunas ocasiones mas que dar una significación, ya aumentativa, ya distributiva, al simple, V. g. desacollado, despartir, despicarse, dispo- ner; y en otras apenas varían el significado del simple, co- mo desecar, discantar y discurso ( cuando se loma por el curso ó duración del tiempo) , que vienen á ser sinónimos de secar, cantar y curso. Desalarse es correr con mu- cho afán y de consiguiente con muchas alas , mientras pa- rece que debiera significar desprenderse de ellas.

E , es ó ex sirven para espresar la acción de espeler ó arrojar alguna cosa de un lugar. Por lo mismo varían poco la significación di'l simple, si este lleva ya embebida aque- lla idea, como sucede con e^nanar y espeler; pero se ve cla- ro la fuerza que añaden en emisión y esclamar, por ejem- plo, y mas aun en los nombres que denotan que alguna persona ha salido del cargo que ejercía, v. g. en exprior, exprovincial.

Las vozes compuestas de la preposición entre llevan em- bebido su significado de interposición ó colocación entre varios objetos. I'or esto entretejedor es el que mete hilos en la tela para que forme labores, entrecejo el espacio que divide las cejas, y entretiempo las estaciones medias entre invierno y estío. En ciertas dicciones corresponde á los ad- verbios mal, tijera ó escasamente : asi entreabrir es abrir á medias, e7itrecano dqwc no está cano del todo, entreor- dinario lo que es algo mejor que lo ordinario, entretalla- dura media talla, y entreuntar signiüca untar por encima.

Eqiii , voz latina que denota igualdad, significa lo mis- mo en las pocas en que se halla , tomadas todas del latin , como equilátero , equivalencia , equivoco.

Estra es la preposición extra de los latinos , y significa como entre eWos fuera de, según aparece en estrajudicial Y estraordinario.

DE LOS NOMBRES COMPUESTOS. ko

La preposición latina in corresponde exactamente á la castellana en, y se convierten en ¿m y em con arreglo á los principios de nuestra ortografía, cuando va á continuación suya una b ó una p. Tanto la in ó im, como la en ó em, llevan consigo una signiílcacion, ya de empuje, como en engolfar, injlaviar, tJifluir, infundir ; '^di de localidad, como en embeber, encastillar, imponer, insacular; ya de acción, como en encíibrimiento , enlutado. En ciertas vo- zes solo determinan su significado en cuanto es algo diverso del que tiene el simple, como encargar, encerrar, impre- sión, impugnar; y en otras apenas añaden cosa alguna, porque enalbardar , enarbolar, encabestrar, inaugurar, inflexión, informar é intentar se diferencian mui poco de albardar , arbolar, cabestrar, augurar , flexión , formar y tentar. Pero lo mas frecuente es usar de in como una negación que destruye el valor de la voz simple, v. g. im- prudente, indócil, irresoluto. Nótese que la partícula in pierde la n, cuando la palabra empieza por r, duplicán- dose esta letra, para conservar la pronunciación fuerte que tiene al principio de toda dicción, v. g. irregular, irreme- diable.

Infra denota que está la cesa puesta bajo de otra, según se ve en infraescrito, esto es, abajo firmado ; ó que es me- nos principal ó notable que lo designado por el simple. Por este motivo, siendo el dia primero y último de una octava los mas solemnes de ella , se da el nombre de infraoctava á los seis intermedios.

Todos los compuestos de la preposición latina inter par- ticipan de su significado entre, como interlocución, plática entre muchas personas, interponer, poner unas cosas entre otras, intervenir, meterse en un negocio como autoridad ó como mediador.

Lo mismo se verifica en las pocas dicciones que se com- ponen del adverbio latino intro; pero todas son, ó pura- mente latinas , como introducir, introito ; ó bien anticua- das, pues ahora decimos entrometerse á lo que antigua- mente intrometerse.

O n ob ^ per añaden fuerza ó vehemencia al simple : así obligar es ligar, atar ó mover eficazmente á alguno, per- turbar es turbar en gran manera , perilustre, mui esclare- cido, perdurable lo que dura tanto que es eterno; y io

kk DE LOS NOMBRES COMPUESTOS.

mismo se advierte en obsequiar, observar, persistir res- pecto de los simples latinos sequor, servo y sisto , que no tenemos en castellano, pues servar está ya anticuado. El yerbo perjurar se esceptúa de dicha regla, cuando significa jurar en falso, y la confirma, equivaliendo a maldecir ó jurar con calor.

En los pocos vocablos en que entra la preposición ^or, conserva su significado : pordiosero quiere decir el que pi- de por Dios, Y pormenor las circunstancias ó particulari- dades de una cosa.

Pos, que es el post de los latinos ó nuestro después, y pre, que es antes, añaden sus respectivos significados á los simples , según aparece en posponer y preocupar. Sin em- bargo pre sirve á vezcs solo para aumentar la significación de los nombres ó verbos á que se agrega, como en precla- ro, predominar, preeminente, prefulgente, prepotente.

Préter viene de la preposición latina prwter que significa sobre, mas allá ; y así se nota en las poquísimas vozcs que del latin hemos adoptado, en cuya composición entra, co- mo en preterir y preternatural.

La partícula pro modifica de diversos modos la significa- cioa de los simples. Unas vezes Ta contrae á casos particu- lares : así se nota en proclamar, que es clamar, ó gritar, para que lleguen á noticia de todos las órdenes, bandos etc. de la autoridad pública ; y en procrear:, que es producir engendrando : lo mismo debe entenderse de promediar, prometer, promover -^proponer. Otras, denota que la per- sona goza ciertas prerogativas ó parte de la autoridad propia del empleo que designa la voz simple, como procónsul, propretor. En algunas palabras manifiesta antelación, como en progenitor. Pero los nombres que empiezan por pro, son ctísi todos latinos, y solo pueden mirarse como compues- tos con relación á a(]uella lengua; mas no respecto de la nuestra, cuando no existen en ella los simples de que se forman.

iíe manifiesta repetición, como en rearar, reexaminar ; aunque en alguuos casos solo da mas fuerza al simple, co- mo en reagudo, reamar; ó lija su signiücacion de un mo- do particular, v. g. en representar, reposo, resolución. A consecuencia de su oficio mas general forma parte de algu- nos nombres que designan ciertas piezas, oficinas etc. rcpe-

i)E LOS NOMBRES COMPUESTOS. 45

tidas, como se nota en recámara, recocina. Hai vozes en que , lejos de aumentar ó doblar el re la fuerza del simple, la disminuye , como en reblandecer, rebullirse, redolor, rehuir, resentirse, resudar.

Las pocas vozes en cuya composición entra el adverbio latino retro, llevan embebida la idea de volver atrás, con arreglo á lo que signilica aquel. Así lo vemos en retrotraer Y retroventa.

Sa ó za se hallan en mui pocas vozes, y en todas sirven para darles una nueva signiíicacion, sin desviarlas entera- mente de la de sus primitivos. Zabullir es hacer mover ó hervir el agua metiendo algo debajo de ella, zaherir, he- rir á alguno motejándole, sahumar ó zahumar, dar á las cosas un humo purificante ú oloroso.

Se entra únicamente en la composición de algunas pala- bras latinas, significando segregación ó abstracción, según de abs dijimos, v. g. seducción, separar,

Semi es palabra latina equivalente á mitad ó medio, y tal es su fuerza en todas las compuestas, v. g. semicírculo, semidiós, semivivo. Por esta razón denota á vezes inferio- ridad ó imperfección, como en semipoeta, semi7'acional , porque no es ciertamente gran poeta el que lo es á medias, ni tiene buen seso el que no goza de racionalidad completa.

La dicción indeclinable latina sesqui equivale d vez y media, y esta misma fuerza conserva en sesquilátcro , ses- quipedal y sesquitercio, que nos vienen del latin.

Como la preposición sin denota falta ó carencia, comu- nica esta fuerza á sus compuestos sinrazón y sinsabor.

So que significa debajo, imprime generalmente esta idea á los compuestos, v. g. sobarba, socalzar, socapa, soca- va, sollamar, sopalancar ; pero en algunos debilita el sig- nilicado del simple, como en soasar y sofreir, asar y freir lijeramente.

Sobre denota adición, v. g. sobrecarga, sobreceño, so- brecincha, sobrecubierta j sobrevenir ; ó las cosas que re- caen ó están sobre otras, v. g. sobrecama, sobrecarta, so- brellevar, sobremesa, sobrepuerta etc.

Son debilita un tanto la significación del simple ; por lo que sonreírse, sonrosar, sonsacar denotan reirse lijera- mente, dar una media tinta de color de rosa, y sacar poco á poco y ocultamente; y sorregarse (donde la n se ha con-

46 DE LOS NOMBRES COMPUESTOS.

vertido en r por la razón apuntada en la pág. 45 hablando de la in ) sigiiiGca humedecerse lijeramente un campo de resultas de haberse recado el inmediato.

Con el sos y sus damos a entender que la acción del ver- bo es en la parte superior, ó que viene de arriba, como en sostener, que es tener de arriba, y suspender, colgar arri- ba. Son jx) juísimas las palabras en que esta partícula se convierte en sor, como en sorprender, que algunos escrito- res íBTtiguos dicen sosprender, prender ó coger súbitamente, y por lo mismo con ventaja ó superioridad.

Sub por el contrario signiüca debajo, ó segundo en or- den : así subdividir es dividir una parte de lo que ya es- taba dividido , de modo que es una segunda división ; sub- teniente, el segundo del teniente o el que hace sus vezes; subterráneo, lo que está bajo de tierra. -- Esta partícula pierde la b, cuanclo el simple principia por m ó por /),v. g. suministrar, sumisión, suplantar, suponer, supresión. En surrepticio se toma en lugar de la b una r por la razón que se apuntó al hablar de la in. Se convierte en so en los compuestos castellanos que no tienen dependencia del latin, como se ve en socavar, sochantre, conservando en todos la fuerza de sub.

Súper manifiesta siempre superioridad, sobra, ó aumen- to cuando menos ; idea que comunica á las palabras en cu- ya composición la hallamos, cuales son superabundancia, superem ir.en cia, superfino.

Tra, trans ó tras signiíica al través ó de la otra parte: y tal es su fuerza en casi todas las vozes compuestas donde se encuentra, como en tramontar, iranspasar ó traspa- sar, trasluz. En algunos verbos denota la remoción de un lugar á otro, v. g. trasferir, trasponer; en mui pocos, V. g. trasloar, hacer las cosas con encarecimiento ó exagera- ción; ó bien hacerlas lijeramente, como en traspeinar, trasudor; ó por fin hacerlas mal y equivocadamente, según lo vemos en trasoír. Otras vezes es el adverbio tras ó de- tras, como en trascoro, trascuarto, trastienda.

Los pocos nombres en que se halla la preposición latina ultra, retienen su significación de tnas allá ó de la otra parte. Esto se echa de ver en ultramar, ultramontano , ultrapuertos.

Vice es un ablativo latino que significa vez , y cuanao

DEL ARTÍCULO. 47

concurre para la formación de una palabra, es dando la idea de que una cosa sustituye á otra ó hace sus vezes, co- mo en vicealmirante, viceprovincial. En virei y vireina se ha suprimido la sílaba ce.

Seria soljrado largo dar reglas sobre la derivación y com- posición de los nombres, y hacer ver todas las alteraciones que sufren respecto de sus primitivos ; lo cual se aprenderá poco á poco fácilmente con la lectura de los buenos libros.

CAPITULO IV.

DEL artículo y del PRONOMBBE.

El artículo es una palabra corta que, antepuesta al nombre ó á alguna otra parte de la oración que haga sus vezes, señala la especie á que pertenece el objeto, ó bien nos sirve para empezar á determinar el individuo de que hablamos, á mas de designar siempre su número y género. Un, una es el articulo indefinido, de que nos valemos para signiDcar en general alguna especie, v. g. un rio, una fiesta, linos bandoleros , unas vides; y el, la, lo el artí- culo definido, con que principiamos á singularizar un ob- jeto determinado, v. g. El lobo que te ha moidido; lo» fraudes empleados por los vendedores de caballerías.

Declinación del artículo indefinido.

cincriiinr I '^"' P^'"'' ^' masculino. siDoUidr. I ^^^^ pgj.^ g, femenino^

Plural ' ^"''*' P"""^ ^' masculino, y ( Unas, para el femenino.

£i artículo definido se declina así :

ÍEl, para el masculino. La, para el femenino. Lo , para el neutro.

Plural j Los, para el masculino, y I Las, para el femenino.

El pronombre es un signo que indica las personas que

í8 DEL PRONOMBRE.

intervienen en la conversación. Como estas no pueden ser mas de tres, la que habla (yo ó nosotros)., aquella á quien se dirige la palai)ra (tú ó vosotros], y la persona ó cosa de que se trata (c7, ella, ello, y ellos, ellas), por eso en nin guna lengua puede haber mas que tres pronombres propia- mente dichos, que son los llamados persona/íí por los 51ra- máticos. Estos pronombres tienen verdaderos casos, y su declinación es como si^ue :

Sing. Yo, en el recto. 1 Para ambos géneros, segiui el

Me, en el caso objclivo. | sexo de la persona á que se

y vie, en los casos oblicuos. ) refiere.

Plur. ¡V'oí, para todos los casos y los dos géneros; pero mas comun- mente se usa de nosotros, para el masculino, y de Nosotras, para el fe- menino.

Sing. Tú, en el recto. )

Te, en el objetivo. ¡ De los dos géneros como Yo.

Ti y te, en los casos oblicuos. )

Plur. Vos, para lodos los casos y los dos géneros, y Vosotros, para el masculino, y Vosotras, para el femenino.

Os, para todos los casos, menos el recto, y para los dos géneros.

Sing. Él, ella, ello, para el masculino, femenino y neutro respectiva- mente en todos los casos. Le y to, la, lo, en el caso objetivo para dichos tres géneros, y Le,' para todos los géneros en el caso oblicuo, que llaman los gramáticos dativo.

Plur. Ellos, para el género masculino, y

Ellas, para el femenino en todos los casos. - Jes y los, para el masculino , y j en el objclivo. Las, para el femenmo. I •'

Les. para ambos géneros en el dativo.

Este prouombre suele tomar si y se para los casos obli- cuos, y se para el objetivo de ambos números. Se dice por lo mismo, El hombre piensa de si, y, Los hombres pien- san de si; Él prefirió tomarse un veneno, y, Ellos pre- firieron tomarse un veneno; El rico no 'puede acostum- brarse, y, Los ricos no pueden acostumbrarse.

Los pronombres que suelen los gramáticos denominar demostratiros , que son aquel, ese, este, y sus compues- tos aquelotro, aquese, aqueste, esotro y e.'^tofro; los co- nocidos con el nombre de indefinidos ó indeterminados, alguno, ninguno, otro; los posesivos, mió, tuyo, suyo, nuestro, vuestro, y los relativos, cual, cuyo, que, quien.

DEL VEKBO EN GENERAL. Í9

00 son mas que verdaderos adjetivos; y la declinación de los f]ue tienen alguna irregularidad, queda ya aiwtada en la pág. 25.

CAPITULO V.

DEL VERBO. DE SUS MODOS Y TIEMPOS.

El verbo es la parte de la oración que esprosa los movi- mientos ó acciones de los seres, la impresión que estos cau- san en nuestros sentidos, y algunas vezes el estado de los mismos seres, ó la relación abstracta entredós ideas.

Er verijo recibe ciertas terminaciones, que constituyen reunidas su conjugación, en la cual hai que considerar cinco cosas, á saber; las letras radicales, la voz, el mo- do, el iiemjJo, el número y la persona.

Llamamos letras radicales las que subsisten sin sufrir mudanza alguna en todas las variaciones de la conjugación, y son precisamente las que preceden á las terminaciones ar, er ó ir del inlinitivo : serán de consiguiente am las le- tras radicales del verbo amar, conced de conceder, y com- bat de combatir.

Voz activa es la que espresa la acción que recae eu la persona ó cosa, que son el objeto de la acción. En , El al- guacil persigne á los ladrones, aquel es \a persona agen- te de la persecución , cuyos resultados padecen ios ladrones. En la \oz pasiva pasa á ser supuesto ó nominativo el que erdi persona pací-ente ó acusativo en la oración de la foima activa, como sucedería, si dijésemos, Los ladrones son perseguidos por el alguacil. Espresamos también la voz pasiya con las terceras personas y la reduplicación se, co- mo. Propúsose la transacción por los arbitros; Divul- gábanse estos rumores por los mal inte7icionados. Y en este giro se calla por lo común la persona agente, por ser fácil de suplir, espresando solo la paciente, v. g. La casa se quema {por el fuego] ; Se sabían los resultados {por las gentes). Pero cuando la sentencia toma el carácter de im- personal, se coloca el verbo en el singular, y lo que es ob- jeto de su acción, va regido de la preposición á, verbi gra-

5V UüL VERBO EN GENEUAL.

cia : Se atropella á los desvalidos; Se detesta á los mal- vados. Estos ejemplos nos demuestran que carecemos de verdadera voz pasiva, pues tenemos que apelar á uu cir- cunloquio ó rodeo pora suplir la pasiva de las lenguas sa- bias, que está reducida á una sola dicción.

Los modos indican la manera con que al hablar conside- ramos la significación del verbo. Son cuatro, vijiniíivo, indicativo, subjuntivo é imperativo. El infinitivo toma su nombre de que no determina el tiempo, la persona ni el número. Es, digámoslo así, el verbo en abstracto, cuyo significado lijan otras palabras : en , Yo quise amar, se re- fiere á una cosa pasada y á la primera persona del singular : en. no piensas sino en amar, hablamos de una cosa .que está haciendo la segunda persona de dicho número; y en, Aquellos se desdeñarán de amar, significamos lo que aun han de ejecutar personas de la tercera del plural. Lo mismo exactamente puede aplicarse al p^articipio y al ge- rundio, según luego diremos. El primero de estos es un verbal que participa del signilicado del verbo y de la de- clinación del nombre. Ilai uno con significación activa, amante, y otro que la tiene pasiva, amado. El gei'undio es otro verbal, de significación activa ó neutra, que con- serva siempre el régimen del verbo ; lo que rara vez hacen los participios activos. ÍSo se puede decir a?nante á los hombres, sino, de los hombres, como si fuese el verbal amador, al paso que no puede dejar de decirse, amando a los hombres. Las terminaciones del participio ante ente, ado ido, y la del gerundio ando iendo, como que perte- necen al infinitivo, necesitan de un verbo que fije el tiem- po, la persona y el número: Fui, soi y seré amante ó amado, son los tres tiempos de pasado, presente y futuro, como lo son Estuve, estói y estaré amando. El indica- tivo espresa la idea del verbo sin dependencia de otro, aun- que uno de sus tiempos pide la coexistencia de algo, y otro una condición, para completar el sentido de la frase: Yo amo; yo amé; yo amaré; Yo amaba cuando vine; Yo amaria, si enco7itrase una persona digna de mi cariño. Por el contrario el subjímtivo tiene que ir unido á otro verbo, bien esplícito, bien sobrentendido, que lo deter- mina, y con el cual se enlaza por medio de alguna partícula conjuntiva . Espero que Vd. le hable. En , Dios lo haga.

DEL VERBO EN GENERAL. 51

se suple, Ruego á Dios que lo haga, El imperativo sirve de ordinario para mandar, y algunas vezes para acon- sejar, suplicar ó permitir: Estudia la lección; Procurad ser virtuosos; Préstame tu ausilio; Guardadlo para vuestro uso.

Si lo que el verbo significa, sea acción, estado ó existen- cia , coincide con el acto de la palabra , se dice que esta e\\ tiempo presente; si se verificó antes de enunciarlo, que en pretérito, y si ba de suceder ó existir después, que en fu- turo. Hai pues tres tiempos fundamentales, porque todo suceso tiene que considerarse en calidad de actual, de pa- sado ó de venidero. Mas como lo pasado puede enunciarse, bien bajo de un respecto vago , bien con la circunstancia de ser reciente, ó remoto, ó de haberse verificado simultá- neamente con otra cosa; y lo futuro puede" también mi- rarse simplemente como tal, ó indicarse si está mas ó me- nos distante, ó bien si pende el acontecimiento de alguna condición ; y pueden ademas darse terminaciones en el ver- bo que se empleen promiscuamente para lo presente, lo pa- sado y lo futuro; aquí el origen del mayor número de tiempos que nos presentan algunas lenguas, según que va- rían poco ó mucho las terminaciones de su conjugación.

A'o puede tener tiempos el infinitivo propiamente dicho, ni el participio ni el gerundio, que son terminaciones de este modo , según arriba se ha demostrado.

La naturaleza del indicativo permite que sea el modo mas abundante de tiempos. Yo amo en el momento en que lo estói diciendo: aquí tenemos el presente. Amé, tal vez ayer, acaso dos años hace, ó en mi juventud ; y al hablar de esta pasión mia , quizá la considero aislada é indepen- diente de cualquier otro suceso : tal es el carácter del pre- térito absoluto (el perfecto de los gramáticos). Amaba yo M juego hasta que me castigó su inconstancia: mi afi< cion á jugar y mi escarmiento coexistieron en una misma época ya pasada; por esto me parece mas significativo lla- mar pretérito coexistente al imperfecto de los gramáticos. Atnaré dentro de una hora, mañana, de aquí á seis meses, ó cuando los estudios me permitan vacar al amor : este es nn futuro absoluto, porijue puede ser próximo ó remolo, y acaso pender de una condición. Pero al tiempo que la re- quiere en la mayor parte de los casos, lo amarla, si en-

52 DEL VERBO KN üi:n::ral.

contrase nna persona digna de mi cariño, ningún nom- bre le cuadra con tanta propiedad como el de futuro con- dicional

El subjuntivo tiene solo cuatro tiempos, todos de un ca- rácter particular por los oficios que este modo desempeña , y por el uso que liacemos de sus diversas terminaciones. Desde luego no bailo en general las calidades de presente en el que denominan tal los gramáticos : en. Manda S. M. que venga; Guárdeme el cielo de semejante desgracia, y en casi todas las demás frases en que entra este tiempo, observo que se babla de cosas venideras; por esto lo llamo futuro. VA que conocen con este nombre los gramáticos, es un verdadero futuro condicional; pero de clase distinta que el de indicativo, en razón del modo á que cada uno pertenece. El de indicativo pide la condición en otro inciso de la frase : JSo me salvaria de la muerte, si allegase las riquezas de Creso; y cuando lo precede la partícula si. es como dubitativa, y no como condicional : Dudo si vendria con malas intenciones; Pregunté si le visitaria. El de subjuntivo por el contrario forma él mismo la condición: No me salvaré de la muerte, aunque ó si allegare las riquezas de Creso. Las locuciones de los dos tiempos de subjuntivo que llevamos esplicados, pertenecen con toda claridad á sucesos que aun lian de realizarse. i\o así aque- llas para las que se emplea la terminación ara era. Tiene la significación de pretérito en. Le obligaron á que se rin- diera; Bien pudiera haber venido antes; No me la ar- rancaran de las ma7ios ni media docena de hombres, y en todos los casos en que se usa por el pretérito llamado pluscxiamperfecto de indicativo, como. Tan j)oco atina- do anduviera (liabia andado) en sus disposiciones. De presente en, Quisiera coserle ahora mismo á jyuñaladas. De futuro por fin en muchas de las oraciones condicionales, como, Diera limosna, si mis facultades me lo permi- tiesen^ que vale lo mismo con corta diferencia que. Daré limosna, cuando mis facultades me lo pennitan. Véase por qué rae be decidido á dar á este tiempo el nombre de indefinido absoluto, ya que su índole es algo parecida al aoristo de los griegos. El mismo carácter tiene el tiempo en ase ese. En la frase, Le obligaron a que se rindiese. hablamos de un hecho pasado : de uno que ¡Kaece presente

lil-L VEUBO EN GENERAL. 53

en, Le cosiera ahora mismo á puñaladas, si le tuviese entre mis manos; y de uno futuro en, Diera limosna, si mis facultades me lo permitiesen. Se ve por los dos ejem- plos últimos, que cuando este tiempo entra en una Irase condicional, no puede emplearse mas que p;ira espresar con el la condición, y por esto lo llamo indefinido condi- cional, para diferenciarlo del absoluto. Queda demostrado por lo dicho el poco fundamento con que los gramáticos comprenden en la clase de pretéritos estos dos tiempos, y el ninguno con (¡ue forman uno solo de tres terminaciones tan diversas, como ara, aria, ase, debiendo resultar un tiempo de cada una, y perteneciendo la segunda al indica- tivo, según lo espongo con alguna estension al íin en la nota C.

El modo imperativo no puede tener mas que futuro : to- do lo que se manda, aconseja, suplica ó permile, lia de ha- cerse, y lo ha de ejecutar la persona del singular ó plural, á la que dirigimos la palabra. Por esto no tiene mas que un tiempo, y solo una persona en cada número, que es en efecto la única que hallamos con terminación distinta de las de los otros tiempos: Haz ó haced tal cosa. Si digo, Haga él, hagamos nosotros, hagan ellos tal cosa, em- pleo ya personas del futuro de sul>juntivo, y se entiende que digo, Mayido que haga él, que hagamos nosotros, ó que hagan ellos tal cosa {*).

Con una inconsecuencia mui digna de reparo los mis- mos gramáticos que amontonan en un solo tiempo las ter- minaciones ara aria ase, los forman diversos de cada frase que resulta de la unión del verbo haber con el inlinitivo ó con el participio pasivo de los verbos. Los modos y los tiempos no son distintos sino cuando v.iría la terminación del verbo, y no hai mas razón para pretender que habia de amar, habré ayyiado sean otros tantos tiempos del ver- bo amar, que para decir que voi ci probar, queda senta- do, lo son de los verbos probar y sentar. Sin embargo me haré cargo en la Sintaxis de estos tiempos compuestos, que nada tienen que ver con la conjugación del verbo.

líl número determina en el verbo, si el supuesto es un nombre del singular ó del plural.

^') Véase la viK?. Vt ñ:-'. Hn.

5'|, DEL VERBO EN GENERAL.

El verbo, ya razón de su teriii¡i)ac¡on, ya por el pro- nombre que se le aíiade , designa si es 7jo el supuesto, y entonces toma la denominación de primera persona del singular; la de seyunda, cuando es el pronombre tu; y la do tercera, siempre que es supuesto un nombre singular diverso del yo ó del tú. Nosotros, bien espreso, bien so- brentendido, seíiala, siendo supuesto del verbo, la prime- ra persona del plural; vosotros la segunda, y los deraas nombres plurales son precisimente de la tercera. En cas- tellano basta decir hablo, porque su terminación supone el íjo, así como en hablas se suple el tú, y habla solo puede referirse á un tercero que no sea yo ni tú. El nomi- nativo de hablamos no puede dejar de ser nosotros, el de habláis es vosotros, y el de hablan otras personas ó cosas diversas de nosotros y vosotros.

Entre las muchas denominaciones que reciben los ver- bos, en razón de su signiiicado, son las mas frecuentes las que siguen.

Verbo neutro ó intransitivo es el que no admite objeto eslerno sobre que recaiga su acción , como andar, nacer, pasear, salir, pues á lo mas pueden usarse algunos como recíprocos, v. g. pasearse, salirse.

Sustantivo el que significa la existencia, estado ó situa- ción de las personas ó cosas, y suele servir para agregarles alguna calificación, como, A quites fué valiente; Ambrosio estuvo pesado ; Existia en aquel llano iina torre.

Primitivo se llama el que no se deriva de ninguna parte de' la oración castellana, como prender, ver; y derivado, por el contrario, el que trae su origen de alguna palabra de nuestra lengua, bien sustituyendo simplemente la ter- minación del verbo á la última vocal del nombre, ó aña- diéndola, si este acaba por consonante, como de robo ro- bar, de columpio columpiar, de fin finar; bien agre- gando ademas alguna letra ^1 principio, v. g. de diestro adiestrar; bien intercalando ó niudaiido alguna letra an- tes de la terminación, lo cual inlluye en la significación del verbo del modo que aliora esplicaré. Los que interponen una e, denotan que se da ó se tiene, según que son acti- vos ó neutros, lo que el nombre significa : así patear es dar de patadas, y hombrear tener las calidades de hombre. Si añaden una c, una q ó una t, ya siguiendo la e, ya sin

DEL VERBO EN GE^ÍEl.AL. OO

ella, damos á cnlcnder que se repite la acción del verbo, y estos se llaman por lo mismo frecuentativos, como besu- car, oliscar, temblequear, wanotear, tutear. Cuando se intercalan las letras ic, ific, it., iv ó iz, para los verbos de la primera conjugación, ó ec para los de la segunda, con lo que se forman las terminaciones icar, ijicar, itar^ ívar, izar y ecer, entonces denotamos que se produce ó causa lo (jue el nombre sign i lica, como perjudicar, dulci- ficar, debilitar, facilitar, suavizar, abkmdecer. Algunos de estos espresan solo el principio de la acción , de donde viene el llamarse incoativos , cuales son anochecer , envejecer, barbear. Otros admiten otras letras, lo que seria sobrado largo de esplicar, bastando lo dicho para te- ner una idea de cómo se forman los derivados. Los hai también que con su sonido material nos representan las co- sas, y por esto los llamamos imitativos ú onomatópicos , como ajear, aplastar, croajar, crascitar, gimotear, gor- goritear etc. Y algunos por fin vienen de otros verbos, como el frecuentativo beborrotear, y los llamados diminu- tivos, porque disminuyen ó modifican el signiíicado del primitivo, cuales son corretear, juguetear y lloviznar, pues signiflcan algo menos que correr, jugar y llover^ y pintorrear quiere decir pintar tnal.

Los verbos derivados toman la dcííoni i nación de com- puestos, cuando entra en su formación un verbo unido á un nomÍ)re ó á alguna de las partículas componentes, cuyo valor se ha espuesto con bastante prolijidad desde la página 59 hasta la 47.

Toda esta nomenclatura no es realmente de grande uti- lidad ; pero me ha parecido no omitirla , á fin de que los jóvenes tengan algún conocimiento de ella , cuando la ha- llen empleada en los Diccionarios ó en las Gramáticas. Algo mas les importa ahora saber, que el verbo se denomina, relativamente a su conjugación ó á los tiempos que (orma con otros verbos, activo, reciproco, regular, irregular, impersonal , defectivo y ausiliar.

El verbo activo ó transitivo es el que, en la acepción

de tal, puede admitir un objeto sobre el cual recaiga su

acción, aunque á vezes no lo lleve espreso. Yo amo, es

ecir, yo estol poseido de la pasión del amor, está en la

oz activa ni mas ni menos que, Yo auio a I, /es. V.s pue?

56 DliL VEllBO EN GENEiw*L.

visto qae respecto de todo verbo transitivo puede hacerse la pregunta, á quién? ó, qué cosa? como en el caso mencionado de Yo cano; y si no pudiera conlestarse á ella, probaria esto que el verbo era intransitivo, como en Yo salgo. Por lo mismo nunca decimos, Yo muero á mi her- mano, ni. Yo muero la codorniz; pero si sustituimos á Yo muero. Yo mato, ya quedan corrientes ambas ora- ciones.

Tiene el nombre de recíproco, reflexivo ó pronominal el (jue lleva en el inflnitivo el pronombre se, que se con- vierte en los tiempos do los otros modos en me y nos para las primeras personas, y te ^ os para las segundas, guar- dando el mismo se para las terceras, v. g. abroquelarse, abstenerse, aliarse, apoltronarse., arrepentirse, atre- verse, ausentarse, desentenderse, dignarse, jactarse, quejarse. No es considerable el número de los verbos que pertenecen esclusivamente á esta clase, al paso que lodos los activos pueden usarse como recíprocos, v. g. afligir, afligirse; contener, contenerse; olvidar, olvidarse; y son muchos los neutros que toman el p:onombre en el caso objetivo, como morir, morirse; pasear, pasearse; salir, salirse; y también lo !o:nan los verbos estar y ser (este no recibe el se en ninguna de las terminaciones del inQnitivo), según se dirá al tratar particularmente de ellos en la Sintaxis (*).

Regulares llamamos á los que conservan sin aumento ni variación sus letras radicales y siguen el tipo ó norma de la conjugación á que pertenecen, é irregulares ó anómalos i'os que se desvían de esta, ó mudan alguno de los sonidos de sus radicales, ó introducen alguna letra entre ellas.

Defectivos son los que no se usan mas que en cierlos tiempos y personas, á cuya clase perlonecen los imperso- nales, que solo tienen iníinilivo y las terceras personas del singular, sin llevar nunca sugeto ni objeto, es decir, per- sona agente ni paciente, de donde ha venido llamarlos im- personales: amanecer, lloviendo, nevado, relampaguea, tronó.

Denominamos finalmente ausiliares unos pocos verbos, que con el infinitivo ó el participio pasivo forman los tiem-

í*l Véase b notn E di.i fin

CONJUGACIONES REGULARES.

57

pos llamados compuestos y la voz pasiva. Los mas frecuen- tes son estar, haber y ser, sirviendo solo eslar y ser para espresar la voz pasiva, y mas de ordinario el último: ha- bré acertado; está tomado el camino por los enemigos; fué sorprendido jjor la tropa. De esios verbos el haber apenas se usa hoi mis que para los tiempos compuestos.

CAPITULO VI.

DE LAS CONJUGACIONES DE LOS VERBOS REGULARES.

Las conjugaciones de los verbos regulares son tres : a la primera pertenecen los verbos cuyo inOnitivo acaba en ar, á la segunda los ea er, y á la tercera los en ir. Los de la primera conservan generalmente la a en el principio de la termiuacion de las personas del indicativo, mientras las conjugaciones segunda y tercera tienen la e ó la i. La coiijugacion tercera se diferencia de la segunda solo en el participio activo, en la primera y segunda persona del plu- ral del presente, en los dos futuros del indicativo y en el plural del imperativo : en los demás modos y tiempos ca- minan acordes ambas conjugaciones, como vamos ahora á verlo.

VOZ ACTIVA.

Primera conjugación.

infinitito.

AM-AR.

Parlicipio activo.

Ám-unte (*V

Pa^lici^^o pasivo. Am-ado.

Gerundio. Am-ando.

Secunda conjug.

infinitito.

CONCED-ER.

Participio activo. Qonced-cnte.

Parlicipio pasivo. Conced-ido.

Gerundio. Conced-iendo.

Tercera conjucacio:^. infinitito. COMBAT-IR.

Participio activo. Combat-iente.

Participio pasivo. Combat-ido.

Gerundio. Combal-iendo.

(*) La mayor parte de los verbos carecen del participio aclivo , según diremos en la Sintaxis.

58

CONJUGACIONES REGULARES.

Primera conjugación.

INDICATITO.

Presente. S. Yo am-o.

am-as.

El nm-a. P. Nosotros am-amos.

Vos. mn-áis.

Ellos arn-an.

Prclórilo coesislcntc. S. Yo am-nba.

ttm-iibds.

Él atii-uba. P.Nos. ani-ábamos.

Vos. am-abals.

Ellos aiH-aban.

Prclcriio abscliilo. S.\oam-é.

(wi-asle.

El um-ó P.Nos. am-ámos.

Vos. am-asleu.

Ellos am-aron. Fuluro absoiulo. S. Yo am-aré.

arii-aríí,?.

El am-ará. P. Nosotros am-are-

VÍOS.

Vos. am-aréis.

Ellos am-arán.

Futuro condiciona!. S. Yo am-aria.

atn-ariai.

El ain-aria. P. Nosotros nm-arla- mos.

Vos. am-ariais.

Ellos am-arian.

SUBJUNTIVO

Futuro. S.Yo fiw-e.

om-cí.

El am-e. P.Nos. ain-emos.

Vos. am-Éis.

Ellos ain-cn.

Fuluro condicional. S.Yo am-atc.

aw-flreí.

El um-arc. P. Nosotros am-áre- mos.

Vos. am-areis.

Ellos awi-aren.

Segunda conjugación.

I.NDICATIVO.

Presente. S. Yo conci'd-o.

conccd-cs.

El conced-e. P.Nos. conccd-emos.

Vos. conced-éis.

Ellos conced-en.

Pret. cocxistcntc. S.Yo conced-ia.

conced-ias.

El coticed-ia. P.Nos. conccd-lamos.

Vos. conced-iais.

Ellos conced-ian.

Pretérito absoluto. S. Yo conced-í.

coriced-iste.

El conced-ió. P.Nos. coriced-imos.

Vos. conced-isíeis.

Ellos conced-ieron. Futuro absoiulo. S.Yo conced-erí.

ccvced-erás.

El conced-erá. P.Nosolros conced- eremos.

Vos. conced-eréis .

Ellos conced-crán.

Fuluro condiciona!. S.Yo conced-eria.

couced-erias.

Él conced-eria. P. Nosotros conced- eríamos.

Vos. conced-eriais.

Ellos conced-erian.

Subjuntivo.

Futuro. S.Yo conced-a.

conced-as.

El cmiced-a. P.Nos. coiiced-amos.

Vos. conced-áis.

Ellos conced-an.

Futuro condicional. S. Yo cnnced-iere.

conced-ieres.

El conced-iere. P.Nosolros conced- k'remos.

Vos. conccd-iereis.

Ellos coKced-ieren.

Tercera conjugación,

INDICATIVO,

Presente. S.Yo combat-o.

combat-es.

Él combai-e. P.Nos. comba t-imos.

Vos. combaí-ls.

Ellos combat-en.

Pretérito coexislenlc. S.Yo combal-ia.

combaí-ias.

El combat-ia. P.Nos. combat-lamos.

Vos. combat-iais. Ellos combut-ian.

Pretérito absoluto. S.Yo combal-l.

combai-iste.

Él roml'al-ió. P.Nos. combat-lmos.

Nos. combai-isieis.

Ellos combaí-icron. Fuluro absoluto. S. Y'o combal-iri'.

combal-irás.

El combi/l-irá. P.Nosolros combat- iremos.

Vos. combat-irds.

Ellos covtbal-bán.

Futuro condicional. S. Y'o combat-iria.

conibaí-irias.

El rombal-iria. P.Nosolros combaí- iríatiios.

Vos. couibaí-iriais.

Ellos coiiibat-iriau.

SUBJUNTIVO.

Fuluro. S.Y'o combai-a.

cninhai-as.

E! cambal-a P.Nos. comba i-amos

Vos. combal-áis.

Ellos combal-un.

Fuluro condicional. S.Yo comhat-iere.

l'ú cniíibai-ieres.

Él comba i-iere. P.Nosolros combat- iéremos.

Vos. conibaí-iereis.

Ellos combai-ieren.

CONJUGACIONES REGULARES.

59

Primera conjugación. Indef. absoluto. S. Yo am-ara. am-aras. El am-ara. P. Nosotros am-ára- mos. Vos. am-arais. Ellos am-aran.

Indef. condicional. S. Yo am-ase. am-ases. El am-ase. P. Nosotros am- ase- mos. Vos. am-aseis. Ellos am-asen.

EUPERATITO

Futuro. B.Am-a tú. P.Am-ád vosotros.

Segunda conjugación, Indef. absohilo. S.Yo conced-iera. conced-ieras. Él conced-iera. P. Nosotros conced- iéramos. Vos. conced-ierais. Ellos conced-ieran.

Indef. condicional. S.Yo conced-iese. conced-ieses. El conced-iese. P. Nosotros conced- iésemos. Vos. couced-ieseis,. Ellos conced-ieseñ'.

IMPERATIVO.

Futuro. S.Conced-e tú. V.Conced-éd vosotros.

Tercera conjugaci; n. Indef. absoluto. S.Yo coinbat-iera. cowbat-icras. Él combal-iera. P. Nosotros combat- iéramos. Vos. com¿)aí-ieríi!.5. Ellos combaí-ierar..

Indef. condicional.

S.Yo comhat-iese. J,ñ conibat-ieses, El combal-iese.

P. Nosotros combat- iésemos. Vos. comhat-ieseis Ellos combal-icscn.

IMPERATIVO

Futuro.

S.Combat-e tú.

P. Combat-íd vosotros.

Se ve por el ejemplo de estas tres conjugaciones, que los tiempos de todos los modos pueden formarse del inGni- livo, con solo mudar las terminaciones. Sin embargo, el futuro condicional y los indefinidos del subjuntivo pudie- ran deducirse mejor de la tercera persona del plural del pre- térito absoluto de indicativo, mudando solo el ron en re pa- ra el futuro, y en ra y se para los dos IndeQuidos : á lo me- nos así parecen pedirlo las conjugaciones segunda y tercera, y el heclio de que siempre que dicha persona tiene alguna irregularidad en los verl)OS de que hablaré en los dos capí- tulos siguientes, se halla la misma en el futuro condicional y en los indefinidos del subjuntivo. Es mas natural sacar concediere, concediera y concediese, de concedieron, que no de conceder; y coinbatiere , combatiera, combatiese, de combatieron, que no de combatir. En los verbos estar, haber y ser, cuyas conjugaciones se pondrán en el capítulo VIII, se observa, por ser los tres irregulares, que estar di- ce estuviere, estuviera, estuviese en el subjuntivo; haber dice hubiere, hubiera, hubiese, y ser dice fuere , fuera , fuese; formados todos de los respectivos pretéritos irregu- lares de aquellos verbos, estuvieron, hubieron, fueron. Lo mismo sucede en andar, caber, hacer, poder, poner, que- rer, saber, tener y venir, cuyas terceras personas irregu- lares en el plural del pretérito absoluto de indicativo son

60 CONJUGACIONES REGULARES.

anduvieron , cupieron, hicieron, pudieron^ pusieron , quisieron^ supieron , tuvieron y vinieron , de las que se forman perfectamente el futuro condicional y los indefini- dos del suhjunlivo,